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Destellos De Traición

Destellos De Traición

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Venganza
Popularitas:8.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
​En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 23

​La lluvia golpeaba los ventanales del despacho de Elías Thorne con una cadencia monótona, pero dentro de la habitación, el aire vibraba con una tensión eléctrica. Abigail estaba sentada frente a una pantalla donde columnas de números rojos y códigos Swift parpadeaban como advertencias de peligro.

​Thorne, con la paciencia de un cirujano forense, señaló una serie de transferencias que se originaban en la cuenta operativa de Sterling & Co. y desaparecían en un complejo entramado de bancos intermediarios.

​—Aquí está, Abigail —dijo Thorne, su voz grave rompiendo el silencio—. Julián no solo ha estado pagando deudas de juego. Ha estado vaciando el núcleo de la empresa.

​Abigail observó el nombre de la entidad receptora en las Islas Caimán: Aurora-B Ltd. Un nombre que Julián había elegido con una ironía perversa, usando el título de la colección que le habían robado a ella para bautizar el ataúd financiero de su marca.

​La cuenta no estaba a nombre de Julián. Estaba registrada a nombre de Mónica Varga.

​—Él ha desviado más de tres millones de dólares en los últimos seis meses —explicó Thorne—. Lo ha hecho mediante facturas falsas de proveedores de telas que no existen y servicios de logística fantasma. Si la auditoría de los franceses de L'Eclat llega a profundizar, tú serás la responsable legal ante el fisco, porque tu firma sigue siendo la principal en los balances anuales.

​Abigail sintió una punzada de náusea que rápidamente se transformó en una claridad gélida. Ya no había espacio para la sorpresa. Ver el nombre de Mónica vinculado a esos millones fue la prueba final de que Julián la consideraba no solo sustituible, sino prescindible.

​Él estaba preparando su salida. Planeaba dejar que la empresa colapsara bajo el peso de una investigación por fraude, mientras él y Mónica escapaban con el botín bajo una identidad corporativa limpia. La estaban usando como un escudo humano para sus delitos financieros.

​—Me quiere en la cárcel, Elías —susurró Abigail, sus ojos fijos en la cifra del último desvío—. No le bastaba con quitarme mi nombre y mi arte.

Necesita que yo sea la culpable de su robo para que nadie lo persiga a él.

​El detalle más cruel apareció al final del informe.

Julián había estado usando las tarjetas corporativas canceladas de Abigail (las mismas que él bloqueó en el capítulo anterior) para registrar gastos personales de lujo de Mónica en Europa, creando un rastro de "vida extravagante" a nombre de Abigail que serviría como evidencia de su supuesta malversación ante un juez.

​Abigail apretó los puños. La sofisticación del engaño era asombrosa. Julián había pasado años estudiando sus debilidades, su confianza y su entrega al trabajo para construir una jaula de la que ella no pudiera escapar.

​—¿Puedes rastrear el origen exacto de los fondos, Elías? —preguntó ella, su voz ahora firme como el acero.

​—Puedo. Y lo más importante: tengo los correos electrónicos donde Julián le da instrucciones al gestor en Caimán. Él cree que borrar el historial de su ordenador es suficiente, pero olvidó que los servidores de la nube no olvidan.

​El Encuentro con Sebastián: La Estrategia del Contraataque

​Esa noche, Abigail se reunió con Sebastián en el taller clandestino. Le mostró los documentos. Sebastián leyó el informe en silencio, su mandíbula tensándose con cada página.

​—Esto es un delito penal, Abigail —dijo él, cerrando la carpeta—. Con esto, no solo puedes anular la cláusula de los 30 días, puedes enviarlo a prisión por el resto de su vida.

​—No todavía —replicó Abigail, su mirada brillando con una determinación nueva—. Si lo denuncio ahora, los franceses cancelarán el contrato y la marca morirá de todos modos. Quiero que él crea que su plan está funcionando. Quiero que transfiera los diamantes que tú le vendiste a esa cuenta.

​Sebastián sonrió, una sonrisa peligrosa que reflejaba la de ella.

—Quieres que el robo sea tan grande que no tenga salida posible.

​—Exacto. Quiero que cuando el mazo caiga, lo haga en medio del desfile. Quiero que el mundo vea cómo su "nueva reina" es esposada mientras luce diseños que no sabe ni cómo ponerse.

​Al día siguiente, Abigail regresó a la sede de la empresa. Se cruzó con Mónica en el pasillo, quien lucía un reloj de oro nuevo, probablemente pagado con los fondos de "Aurora-B".

​—Abigail, ¿todavía por aquí? —dijo Mónica con una condescendencia que rozaba la estupidez—. Pensé que estarías preparando tus maletas. Julián dice que la auditoría de mañana va a ser... definitiva.

​—Lo será, Mónica. Más de lo que imaginas —respondió Abigail con una sonrisa enigmática—. Por cierto, asegúrate de que los registros de proveedores estén al día. No querríamos que hubiera "discrepancias" de última hora, ¿verdad?

​Mónica palideció un milímetro, pero recuperó la compostura rápidamente. No podía imaginar que Abigail ya tenía la llave de su caja fuerte en el Caribe.

​Abigail se encerró en su antiguo despacho, el lugar donde Julián todavía creía que ella iba a "llorar". Abrió su caja de herramientas y sacó un pequeño frasco de tinta invisible que usaba para marcar patrones de alta seguridad.

​Empezó a marcar los forros de los vestidos de la nueva colección —la de verdad, la que estaba haciendo con Sebastián—. En cada uno, grabó el código de la cuenta de Caimán. Si Julián intentaba reclamar esas piezas como parte de los activos de la empresa para venderlas, el mundo vería la marca del fraude grabada en la misma seda.

​ Julián entrando al despacho de Abigail al final de la tarde. Se le veía eufórico, casi maníaco. El contrato de los diamantes de Sebastián acababa de ser firmado y el primer pago —el desvío final de los fondos de Abigail— se había realizado.

​—Todo está listo, Abby —dijo él, sin poder ocultar su triunfo—. En diez días, la marca pasará a mis manos y tú serás libre de tus responsabilidades. Deberías agradecérmelo. Te estoy quitando un peso de encima.

​Abigail lo miró, y por un momento, sintió un desprecio tan absoluto que casi le da lástima. Él creía que estaba ganando, cuando en realidad acababa de entregarle a Abigail la soga con la que ella lo colgaría públicamente.

​—Tienes razón, Julián. Me siento mucho más ligera —respondió ella, guardando su pluma—. El peso de la verdad es mucho más fácil de llevar que el de una mentira que se está desmoronando.

​Cuando él salió, Abigail llamó al Dr. Valerius.

—Proceda con la fase tres. Tenemos el rastro de la hiena. Ahora, vamos a preparar la trampa.

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Marjorie Pogo
Esta super entretenida.... Es lindo ver como uno no se deja vencer por malas personas en las que uno confío eso a uno lo vuelve más fuerte☺️..... Quiero seguir leyendo hasta el final... Actualicenla pronto 🤭🥰
Ana Leidi Reinosolappot
👏☺️
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