NovelToon NovelToon
Pacto Por Venganza

Pacto Por Venganza

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Demonios / Maldición
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Despues de ser humillada Lucciana decide hacer un viejo ritual para cobrarse las penas.
Vende su alma a Lucifer a cambio de castigar a quien se atrevió a dañarla pero en el instante en que firma el pacto de sangre, algo que jamás contempló ocurre...

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Ruido del Silencio

El eco de los cascos de los caballos sobre el pavés de la Piazza del Duomo se filtraba a través de los pesados portones de madera de la Catedral de Santa María del Fiore, pero dentro, el único sonido real era el de la respiración contenida de doscientas personas. Un murmullo bajo, espeso como el incienso que flotaba en el aire, mutaba de la expectativa a la impaciencia, y de la impaciencia a la compasión ponzoñosa.

Lucciana Bianchi permanecía inmóvil al pie del altar mayor, bajo la imponente cúpula de Brunelleschi. El fresco del Juicio Final, pintado en el techo, parecía observarla con miles de ojos pintados que se burlaban de su desdicha. Llevaba tres horas de pie. Sus piernas, entumecidas por la tensión, amenazaban con ceder bajo el peso de los metros de encaje de Chantilly y seda salvaje que componían su vestido de novia. El ramo de orquídeas blancas y ramas de olivo que sostenía entre las manos temblaba imperceptiblemente, desprendiendo un aroma dulce que ahora le resultaba nauseabundo.

El altar estaba listo. Las velas de cera de abeja se consumían lentamente, llorando lágrimas doradas que se solidificaban en los candelabros de plata. Todo era perfecto, salvo por el vacío absoluto a su lado derecho.

A pocos metros, su madre, una mujer de la estricta aristocracia florentina, contenía el llanto detrás de un abanico de encaje negro, mientras los susurros de los invitados se clavaban en la espalda de Lucciana como alfileres.

—Ya no va a venir, Lucciana —susurró el sacerdote, un hombre anciano cuyas manos temblorosas sostenían el misal cerrado. Sus ojos reflejaban una lástima que a ella le quemó el orgullo—. Hijo mío, la hora ha pasado hace mucho. Debemos desalojar el templo.

Lucciana no se movió. Su mirada estaba fija en la gran puerta central, esperando que se abriera de par en par y que Matteo Vance apareciera corriendo, con el cabello castaño revuelto y una excusa torpe pero creíble en los labios. "El tráfico en el Ponte Vecchio, Lucciana", "Un problema de última hora con los viñedos de mi padre". Cualquier cosa. Incluso una mentira piadosa habría sido un salvavidas en ese océano de humillación.

Pero la puerta no se abrió.

En su lugar, la silueta rígida y severa de Leonora Vance, la madre de Matteo, avanzó por el pasillo central. El sonido de sus tacones contra el mármol polícromo de la catedral resonaba como golpes de martillo en un ataúd. No vestía de fiesta; llevaba un abrigo oscuro, y su rostro, habitualmente gélido, era una máscara de desprecio y furia contenida.

Al llegar frente a Lucciana, no hubo un abrazo, ni una disculpa, ni una pizca de compasión.

—Se ha ido, Bianchi —dijo Leonora, su voz lo suficientemente alta para que las primeras filas la escucharan con nitidez—. Matteo dejó Florencia esta mañana. Mi hijo no va a atarse a una familia de cazafortunas que vive de las migajas del arte antiguo. Lo has presionado hasta volverlo loco con tus ínfulas de grandeza, pero finalmente abrió los ojos.

Un jadeo colectivo recorrió los bancos de la iglesia. Las palabras de la mujer eran veneno puro, destinadas a destruir lo poco que quedaba de la dignidad de Lucciana antes de que el escándalo local estallara en los periódicos al día siguiente.

Lucciana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. La sangre le rugió en los oídos, apagando el murmullo de la gente. Miró a Leonora, buscando un rastro de duda, pero solo encontró una satisfacción sádica. Matteo no solo la había dejado; la había expuesto a la burla pública de toda la ciudad, permitiendo que su madre la pisoteara en el que se suponía era el día más feliz de su vida.

—Matteo no haría esto... —alcanzó a articular Lucciana, pero su propia voz le sonó extraña, ajena, rota.

—Ya lo hizo —sentenció Leonora, dándole la espalda sin esperar respuesta y marchándose con la frente en alto, arrastrando tras de sí a los pocos miembros de la familia Vance que habían asistido.

El templo comenzó a vaciarse en un desorden caótico de telas costosas y murmullos apresurados. Nadie se acercó a Lucciana. La desgracia, al igual que la peste, ahuyentaba a los falsos amigos. Incluso su madre, incapaz de soportar las miradas de desprecio, huyó hacia los carruajes de regreso a casa.

Lucciana se quedó sola en el centro de la inmensa catedral. El silencio que siguió fue más ensordecedor que cualquier grito. Se arrancó el velo de la cabeza con un tirón violento, desprendiendo varias horquillas que le lastimaron el cuero cabelludo, pero no le importó. El dolor físico era un alivio comparado con el vacío abrasador que le crecía en el pecho.

Salió de la iglesia arrastrando la cola del vestido por el suelo sucio de la plaza. El cielo de Florencia se había teñido de un gris plomizo y una lluvia fina, fría como el hielo, comenzó a caer, empapando la seda de su traje y pegándole los mechones de cabello oscuro al rostro. La gente de la calle la miraba pasar: una novia espectral, con el maquillaje corrido y la mirada perdida, caminando sin rumbo hacia los barrios antiguos.

No fue a su casa. No podía soportar los lamentos de su madre ni las preguntas de los criados. Se dirigió de manera instintiva hacia el rincón del mundo donde se sentía segura: su taller de restauración, ubicado en un sótano húmedo cerca de la iglesia de la Santa Croce.

Bajó los escalones de piedra a tropezones, abrió la pesada puerta de hierro y la cerró de golpe, pasando el cerrojo. El taller olía a lo de siempre: a óleo, a madera vieja, a barniz, a solventes químios y al polvo de los siglos que se desprendía de los lienzos que resucitaba con sus manos. Pero esta noche, el taller no le trajo paz.

La luz de las farolas de la calle entraba a través de una claraboya alta, dibujando sombras alargadas sobre los caballetes y las herramientas. Lucciana caminó hasta el centro de la habitación y se miró en un espejo antiguo, de marco dorado y carcomido, que esperaba ser restaurado.

La mujer que la miraba desde el reflejo no era ella. Era una extraña destruida. El vestido blanco, ahora grisáceo y manchado de barro en el dobladillo, parecía una mortaja. La humillación se transformó, en cuestión de minutos, en algo mucho más denso y peligroso. El dolor dejó paso a una rabia fría, una furia negra que comenzó a hervirle en las venas.

Matteo la había utilizado. Había jugado con sus ilusiones, con sus noches en vela, con su amor, para luego arrojarla a los lobos de la alta sociedad florentina.

—Te maldigo... —susurró hacia el espejo, y sus dedos se cerraron con tanta fuerza sobre el ramo de orquídeas que los tallos se quebraron, salpicando el suelo de savia verde—. Te maldigo, Matteo. Juro por mi vida que vas a pagar por cada segundo de esta vergüenza.

Su mirada se desvió entonces hacia la mesa de trabajo principal. Allí, bajo una lona de lino, descansaba un manuscrito del siglo XV que había estado analizando en secreto durante las últimas semanas, un texto herético rescatado de una biblioteca privada que la Iglesia había intentado quemar en la época de Savonarola. Un volumen forrado en piel oscura, cuyas páginas de pergamino contenían fórmulas que la razón humana dictaba olvidar.

Lucciana caminó hacia la mesa. Sus manos, antes temblorosas por el llanto, ahora estaban firmes, movidas por un rencor más antiguo y profundo que el propio mar. Apartó la lona. El libro parecía pulsar en la penumbra del sótano, esperando por ella.

1
Megara García
me emocioné tanto con el final pero pensé por un momento que el diablo se quedaría con ella que el amor pudiera romper la maldad
gracias autora por esta joya 👏👏👏
Megara García
que emoción cada capítulo es más interesante 👏👏
Rolando Morales
ya le gustó estar con el diablo/CoolGuy//Chuckle/
Megara García
alguna vez alguien dijo que el demonio había Sido el ángel mas hermoso
Megara García
wooooo que capitulo tan intenso esta novela me atrapó
Alisson Nuñez
excelente
Gus Molina
/Drool//Drool//Drool/
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play