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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: SUEÑOS DEL CORAZÓN

Ya eran las siete y treinta de la noche cuando Santiago se levantó del sofá y me miró con una sonrisa.

—Princesa, vamos a alistarnos. A las nueve salimos para el concierto.

—Claro, voy a bañarme de nuevo —respondí mientras me levantaba.

Entré al baño y dejé que el agua tibia recorriera mi cuerpo. Quería verme bien aquella noche. Cuando terminé, me arreglé el cabello, me hice un maquillaje suave que resaltaba mis ojos y me puse el vestido que había escogido para la ocasión. Como complemento, llevé un sombrero negro que combinaba perfectamente.

Cuando salí de la habitación, Santiago se quedó observándome en silencio.

Por un momento pensé que algo estaba mal.

Pero entonces caminó hacia mí, rodeó mi cintura y acercó sus labios a mi oído.

—Estás hermosa. Ten cuidado mientras canto, porque soy muy celoso.

No pude evitar reír.

—¿Así de posesivo es usted, señor Santiago?

Él sonrió.

—Así no... mucho más posesivo.

Lo miré divertida.

—Pues cálmese, cantante. Además, usted también está muy guapo. Tenga cuidado con sus fans.

—No tengo ojos para nadie más.

Y volvió a besarme.

En ese instante sonó su celular.

Era Carlos, su manager.

—Bajen ya. El carro está listo.

Tomamos nuestras cosas y salimos. Para evitar sospechas, caminamos separados. Carlos me abrió la puerta del vehículo y luego hizo lo mismo con Santiago.

Durante el trayecto hablaron sobre la logística del evento.

—Cuando lleguemos puedes quedarte en el camerino con nosotros —dijo Santiago—. Después decides si quieres estar cerca de la tarima o en un costado.

—Creo que será mejor abajo de la tarima —respondí—. Habrá muchos periodistas.

Carlos asintió.

—La señorita tiene razón.

Santiago suspiró resignado.

—Está bien. Pero quédate donde pueda verte.

Luego se acercó discretamente y me dio un pequeño beso.

El viaje continuó entre bromas y conversaciones hasta que finalmente llegamos al lugar del concierto.

La energía era impresionante.

El público llenaba cada espacio disponible y los gritos de emoción se escuchaban desde los camerinos.

Mientras Santiago se preparaba, yo hablaba por mensajes con Mía, contándole todo lo que estaba viviendo. De vez en cuando levantaba la mirada y lo observaba.

Era increíble verlo concentrado antes de salir al escenario.

Horas después llegó el momento.

Carlos me acompañó hasta el sitio donde debía quedarme.

—Desde aquí tendrás una vista perfecta.

—Gracias.

Las luces se apagaron.

Los gritos aumentaron.

Y entonces anunciaron a Santiago.

El lugar entero explotó en emoción.

Él apareció sobre el escenario interpretando "El Bacán" y miles de personas comenzaron a cantar.

Yo no podía dejar de sonreír.

Era imposible no sentirse orgullosa.

Después interpretó varias canciones y, cuando comenzó "Escapémonos", me buscó entre la multitud.

Nuestros ojos se encontraron.

Me cantó parte de la canción mirándome directamente.

Incluso me guiñó un ojo.

Yo no pude evitar sonrojarme.

Aquello parecía un secreto compartido entre los dos en medio de miles de personas.

Mientras disfrutaba del espectáculo, un joven se acercó.

Era simpático y bastante amable.

—¿Estás sola? —preguntó.

—No.

—Pues desde hace rato te veo aquí sola.

Sonreí.

—Mi novio está cerca.

—No te creo.

Intentó seguir conversando.

Yo fui amable, pero dejé claro que no estaba interesada.

Sin embargo, el muchacho permaneció cerca.

Sobre el escenario, Santiago había notado todo.

Intentaba seguir cantando, pero los celos comenzaban a reflejarse en su mirada.

Carlos también se dio cuenta.

Sin decir una palabra bajó de la tarima y caminó hasta donde yo estaba.

Conversó unos segundos conmigo y el joven entendió inmediatamente que debía retirarse.

Cuando regresó, Carlos sonrió.

—Venga. Mejor suba a la tarima con nosotros.

—Qué pena.

—No se preocupe.

Acepté.

Cuando Santiago me vio subir, la tranquilidad regresó a su rostro.

Terminó el concierto lleno de energía y emoción.

La noche fue un éxito.

Después del evento regresamos al hotel.

Apenas la puerta de la habitación se cerró detrás de nosotros, Santiago me abrazó.

Había sido una noche larga.

Una noche llena de emociones.

Nos quedamos hablando durante horas, compartiendo risas, abrazos y momentos de complicidad.

La distancia que intentábamos mantener en público desapareció por completo cuando estuvimos solos.

Entre besos, promesas y caricias llenas de ternura, volvimos a demostrar cuánto nos importábamos.

Aquella madrugada nos encontró abrazados, disfrutando simplemente de la tranquilidad de estar juntos.

Por primera vez en mucho tiempo me sentí completamente en paz.

Al día siguiente debíamos viajar a otro pueblo cercano a Pasto.

El trayecto sería en bus junto a los músicos y el equipo de trabajo.

Por eso programamos la alarma para las diez de la mañana.

Cuando abrí los ojos, descubrí que Santiago seguía abrazándome.

Intenté levantarme con cuidado para no despertarlo.

Pero fue imposible.

—¿Para dónde vas, mi reina? —preguntó con voz adormilada.

—A arreglarme. Son las diez y salimos a las doce.

Él abrió los ojos y miró el reloj.

—Tienes razón.

Me acercó nuevamente hacia él.

—Pero todavía faltan dos horas.

Solté una carcajada.

—Descansa un poco. El viaje es largo y esta noche vuelves a cerrar el concierto.

—Mi mejor descanso eres tú.

Apoyé mi cabeza sobre su pecho.

Aquellas palabras hicieron que mi corazón latiera más rápido.

Permanecimos algunos minutos más abrazados antes de levantarnos.

Después nos arreglamos y bajamos a almorzar.

Una hora más tarde ya estábamos todos instalados en el bus.

Tal como había prometido, Santiago me pidió que me sentara junto a él.

Mientras avanzábamos por la carretera observábamos los paisajes montañosos que adornaban el camino.

El ambiente era tranquilo.

Los músicos conversaban, algunos escuchaban música y otros dormían.

Santiago tomó mi mano.

—Mi reina, ¿qué sueños tienes para el futuro?

Sonreí.

Era una pregunta sencilla.

O al menos parecía sencilla.

—Quiero montar mi propio spa.

—¿Sí?

—Sí. También quiero comprar mi apartamento, ayudar a mi familia y seguir creciendo profesionalmente.

Él escuchaba atentamente.

—Son metas muy bonitas.

Guardó silencio unos segundos.

Luego preguntó:

—¿Y nunca has pensado en casarte? ¿O tener hijos?

Aquella pregunta golpeó una parte muy sensible de mi corazón.

Automáticamente sentí un nudo en la garganta.

Miré por la ventana para evitar que notara mis lágrimas.

Porque la verdad era que sí.

Siempre había soñado con eso.

Con una familia.

Con un hogar.

Con un esposo que me amara.

Con dos hijos corriendo por la casa.

Pero la vida me había enseñado a dejar algunos sueños guardados.

Respiré profundamente.

—¿Recuerdas que alguna vez te hablé de eso?

Él asintió.

—Sí.

—La verdad es que era lo que más deseaba.

Mi voz tembló ligeramente.

—Quería casarme. Quería tener hijos. No uno... dos.

Santiago permaneció en silencio.

—Pero las cosas no siempre salen como uno espera.

Bajé la mirada.

—Con el tiempo aprendí a resignarme.

Él tomó mi rostro con delicadeza.

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque mientras haya vida, siempre existe esperanza.

Lo observé.

Sus ojos reflejaban sinceridad.

—Hay sueños que tardan más en llegar, princesa. Pero eso no significa que nunca vayan a cumplirse.

Una lágrima escapó de mis ojos.

Él la limpió con ternura.

—Nunca dejes de creer en lo que deseas.

Apoyé mi cabeza sobre su hombro.

Por primera vez en mucho tiempo sentí que alguien entendía aquel dolor que guardaba en silencio.

Y mientras el bus avanzaba hacia nuestro siguiente destino, mi corazón comenzó a preguntarse si tal vez... solo tal vez... algunos sueños todavía podían hacerse realidad.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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