Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
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Cap 1: Antes de la tragedia
...Layla Morgan...
6 de septiembre de 2016
Tristeza.
Desilusión.
Ganas de llorar.
—¿Sabías que a Alexander le gusta Madison? —cuestionó Nataniel, la media hermana de él, sonriendo y susurrando.
—En su cumpleaños planea confesarle sus sentimientos y pedirle que sea su novia —agregó, como si alguien a su alrededor estuviera escuchando.
Dolía.
Era una sensación extraña; me dolía el cuerpo cuando me sentía enferma, la cabeza cuando me quedaba mucho tiempo en el celular o estudiando hasta muy tarde; eran dolores físicos. Lo que hoy sentía era extraño de explicar, me dolía el pecho pero al mismo tiempo no sentía nada ahí. Como si todo se tratase de mi mente, pero yo lo sentía tan real.
Comencé a observar como en cámara lenta. Nataniel dejaba de hablar, los alumnos detenían su caminar, los maestros dejaban de escribir, el director dejaba de regañar a Jack, el conserje ya no limpiaba, los autos se detenían, los transeúntes ya no caminaban, los programas de televisión hacían una pausa, el mundo se detenía y mi corazón… se rompía.
Qué dramática, pensarás.
Y es que mientras yo pensaba en cómo confesarle a Alexander mis sentimientos, él estaba planeando cómo confesarle los suyos a mi mejor amiga. Fue como si un baldazo de agua con muchos cubitos de hielo me hubiesen caído a la cabeza. Que me guste un chico y él no me corresponda me desilusionaba, pero que ese chico sea mi mejor amigo, me quebraba.
—No le digas nada a Madison, por favor. Mi hermano me matará si se entera que te lo conté… aunque creo que él planeaba decírtelo. Al parecer quiere que lo ayudes, después de todo eres su mejor amiga —todo había vuelto a la normalidad, excepto mi corazón. Esta vez sentí dagas en mi corazón.
Mejor amiga.
Así me consideraba, su mejor amiga y nada más.
Desde el momento en que me di cuenta que estaba enamorada, me consideré inmediatamente en la zona de amigos, no creía que él fuera a sentir lo mismo que yo dado que siempre se encargaba de recalcar que solo éramos mejores amigos.
No quería creerlo.
¿Cómo hacerlo cuando lo veía todos los días?
Él era alto, tenía el cabello castaño ligeramente despeinado y unos ojos verdes tan hermosos que podían distraerme en medio de cualquier conversación. Siempre sonreía con facilidad y tenía esa forma de hacer sentir cómodas a las personas que lo rodeaban. Yo no fui la excepción.
Entonces, de un momento a otro, Alexander comenzó a comportarse de manera diferente conmigo. Siempre estábamos los tres juntos, pero él buscaba sentarse a mi lado, me prestaba más atención y parecía recordar hasta los detalles más insignificantes que le contaba.
Sus acciones me confundían.
Y sus comentarios todavía más.
Por primera vez me permití pensar que quizá yo también le gustaba a alguien.
Mi mente empezó a crear teorías y terminé convencida de que sentía algo por mí.
Qué ingenua fui.
Paré de pensar y me detuve a observar a Nataniel; me veía esperanzada mientras juntaba su mano y suplicaba en silencio. No le diría nada a Madison, si bien estaba enamorada de él no le arruinaría su felicidad al confesarse con mi mejor amiga.
Asentí lentamente fingiendo una sonrisa, que terminó resultando una mueca.
Quería huir de la escuela, encerrarme en mi habitación a llorar hasta que me sienta lo suficientemente lista para ver a mis amigos.
(*)
—Feliz cumpleaños, mejor amiga —exclamé, intentando mostrar una gran sonrisa; terminé haciendo todo lo contrario y me alivió el hecho de que ella no preguntara nada.
Le entregué una gran caja envuelta con muchas fotos nuestras, no había encontrado un papel de regalo adecuado y no quería darle su obsequio en una bolsa. Dentro de esta había varios perfumes de distintas marcas y cremas para el cabello, y el cuerpo, estaba segura de que ella los amaría.
Madison cogió la caja, observó nuestras fotos mientras reía y luego la depositó en una mesa cerca de nosotras, donde se encontraban muchos más regalos. Volvió a verme y me envolvió en un abrazo, por supuesto que se lo devolví.
En esos pequeños segundos no me sentía lista para lo que podría pasar esa noche, pero tampoco podía faltar al cumpleaños de Madison.
Ella cumplía diecisiete años y había organizado una gran fiesta. Las luces de colores iluminaban el lugar y varios vasos rojos ya decoraban el suelo.
—Acompáñame, tengo que contarte algo superimportante. Espero que te alegres por mí y no te enojes.
Me arrastró hasta la terraza del tercer piso.
Mi corazón se aceleró de inmediato. ¿Y si Alexander estaba allí? ¿Y si ambos me anunciaban que estaban juntos?
Quizá Nataniel me había vuelto paranoica.
Al llegar, una figura masculina llamó mi atención. Era un chico moreno, algo más alto que nosotras. Lo que más destacaba eran sus ojos: uno completamente celeste y el otro dividido entre marrón claro y celeste.
Nunca lo había visto.
—¿Quién es él? —pregunté.
Madison tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.
Me quedé inmóvil.
—No te enojes, ¿sí? Quería decírtelo, pero tenía miedo de que no apoyaras nuestra relación.
¿Relación?
La observé sin comprender.
—¿Por qué?
Madison pareció confundida.
—¿Por qué pensaste que no te apoyaría? Soy tu mejor amiga. Lo que me molesta no es tu relación, sino que me la hayas ocultado.
Tomé aire antes de continuar.
—Siempre dices que las mejores amigas se apoyan y no tienen secretos. Y ahora me entero de esto por casualidad. ¿De verdad creíste que me enojaría porque tienes novio?
—Me molesta que no confiaras en mí.
Quise decir más, pero me obligué a callar. En realidad, mi enojo venía de otro lado. Mi amigo estaba convencido de que Madison le correspondía, y yo sabía que estaba a punto de sufrir.
Ella me observó incrédula.
—Podrás ser su mejor amiga, pero no voy a permitir que le hables así.
Giré la cabeza hacia el chico.
—¿Y tú quién eres para decirme cómo hablarle?
Sonrió con suficiencia.
—Soy Harry, el novio de Madison.
Tomó su mano y ella no se apartó.
Ese simple gesto me golpeó más de lo que esperaba.
No tenía nada que hacer allí.
Bajé las escaleras a toda prisa y regresé a la fiesta. Las luces de colores parpadeaban sobre los invitados mientras buscaba a Alexander entre la multitud.
Lo encontré casi enseguida. Miraba a todos lados, probablemente buscándola.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, sonrió.
Me encantaba su sonrisa.
Me acerqué intentando aparentar normalidad, aunque me conocía demasiado bien como para no notar mi mal humor.
—¿Sabes dónde está Madison? —preguntó.
...“Dicen que la verdad libera, pero esa noche la verdad solo me destrozó.” ...
^^^Continuará…^^^