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Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:232
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La casa que recuerda

Orfanato Lennox – 5 de agosto de 1950 – 06:15 AM

El sol no salió esa mañana.

El cielo permanecía de un gris muerto, como si alguien hubiese borrado el día de un plumazo.

El orfanato, en cambio, parecía respirar con cada crujido de madera.

Los niños no hablaban. Caminaban en silencio, comían en silencio, hasta reían en silencio. El mutismo

ya no era regla, era instinto: todos sabían que cualquier sonido podía despertar a aquello que rondaba

en las paredes.

El silencio del orfanato

Comedor – 5 de agosto 07:02 AM

Margaret removía un plato de avena fría que nadie se atrevía a probar. Sus ojos estaban fijos en la

pared húmeda, donde una mancha parecía crecer cada día.

Un niño pequeño, Julián, preguntó en un susurro:

Julián —¿Esa mancha siempre estuvo ahí?

Margaret no respondió.

Porque en su memoria, esa mancha **no** Existía hasta esa mañana.

Y aun así, ya todos la recordaban.

Elena y la fusión de los diarios

Habitación de Elena – 5 de agosto 08:47 AM

Elena no había dormido en dos días. Tenía sobre la cama los distintos diarios:

* uno con tapas de cuero, ennegrecidas por el fuego,

* otro con hojas arrancadas,

* uno escrito al revés,

* y el suyo, el cuaderno negro.

Había copiado, hoja por hoja, cada palabra. El resultado era un único volumen, pesado, que parecía

contener más que tinta.

Cuando lo cerró, sintió un pulso.

No era metáfora: el diario latía.

Lo abrió con las manos temblorosas y leyó:

“Mientras alguien me recuerde, yo existo.”

La tinta no era estática.

Se movía.

Respiraba.

Elena retrocedió, convencida de que había creado algo que jamás debió existir.

Jacinta y los susurros

Ala sur – 5 de agosto 10:33 AM

Jacinta caminaba sola, descalza, arrastrando los pies. Movía los labios, pero no pronunciaba palabras

propias. Era como si alguien hablara a través de ella.

La encontró Margaret.

Margaret —Jacinta, ¿qué haces aquí?

Jacinta levantó la vista. Sus ojos parecían vidriosos.

jacinta —Él no está solo.

Margaret —¿Quién?

jacinta —Nuestro amigo. El de la casa.

Margaret retrocedió un paso. Esa frase no era de Jacinta. Era del monstruo.

El plan imposible

Biblioteca clausurada – 5 de agosto 15: 00 PM

Raúl, uno de los mayores, reunió a otros niños en secreto. Tenía una caja de fósforos en la mano.

Raúl —Si quemamos todos los diarios, se termina.

Elena lo escuchó desde la puerta. Entró y negó con la cabeza.

Elena —No podés quemar lo que no es de este mundo.

Raúl —¿Y qué es entonces? —preguntó Raúl.

Elena abrió el cuaderno unificado.

En la primera página, la tinta respondió sola:

Soy memoria.

Soy voz.

Soy lo que ustedes no dejan morir.

Los fósforos cayeron de la mano de Raúl.

El monstruo se muestra

Pasillo del ala este – 5 agosto 16:42 PM

El viento golpeaba las ventanas.

Las sombras en las paredes comenzaron a crecer.

De entre la oscuridad, surgió una figura alta, flaca, con manos demasiado largas y boca cosida con

hilos negros.

No era humo.

No era ilusión.

Era cuerpo.

El aire olía a papel quemado y a carne.

Los niños corrieron, pero la figura no los persiguió.

Solo los miró, y sus ojos cosidos parecieron abrirse desde adentro.

Recuerdos inventados

Dormitorio principal – 19:10 PM

Nicolás mostraba una canica negra entre los dedos.

Nicolás —Me la regaló —dijo.

Elena —¿Quién? —preguntó Elena.

Nicolás —Mi amigo. El que siempre jugó conmigo en el patio.

Elena sintió un escalofrío. No existía tal patio en el orfanato.

Otra niña, Serena, murmuró con los ojos en blanco:

Serena —Él me contó un secreto.

Elena entendió: ya no era solo miedo. Ahora estaba sembrando.

memorias falsas.

La sala que cambia

Sala del ala vieja – 5 de agosto 22:03 PM

Jacinta llevó a dos niños pequeños a una sala que nadie recordaba haber visto.

Las paredes estaban cubiertas de dibujos con carboncillo: un cuerpo cosido, bocas abiertas, ojos sin

párpados.

Jacinta sonrió.

jacinta —No lo dibujé yo.

niños del orfanato —¿Entonces quién? —preguntó uno de los niños.

Jacinta acarició la pared.

jacinta —Él me enseñó cómo se ve de verdad.

Uno de los dibujos estaba tibio. Como piel.

El padre Mauricio y la tentación

Capilla – 5 de agosto 23:40 PM

El Padre Mauricio estaba arrodillado frente al altar.

Tenía en sus manos uno de los diarios antiguos, de tapas grises.

En la primera página había una frase que nunca había querido leer:

“Si me alimentas, protegeré a los demás.”

El cura apretó los dientes.

Recordó su llegada al orfanato en 1925, cuando era joven sacerdote. Entonces también había un

diario. Entonces también había un niño que escribía cosas que no debía.

Ese recuerdo le atravesó como una puñalada.

La historia se estaba repitiéndose.

El latido crece

Despensa – 6 de agosto 00:12 AM

Margaret sintió un ruido bajo, como un tambor.

No venía de los muros, ni del techo. Venía del diario en el estante.

Cada latido arrancaba algo de ella: un recuerdo de su infancia, el rostro de su madre, una canción que

ya no podía tararear.

Abrió el diario.

Una frase apareció sola:

“Cada memoria olvidada es carne para mí.”

Margaret cerró el cuaderno de golpe, con lágrimas en los ojos.

El nombre incompleto

Orfanato Lennox – 6 de agosto de 1950 – 02:00 AM

El orfanato no dormía.

Los pasillos murmuraban.

El diario unificado se abrió por sí mismo frente a Elena.

En la última página no había frases completas. Solo sílabas.

“Na… Re… Vos…”

Cada niño que lo leyó entendió algo distinto.

Uno creyó escuchar un nombre masculino.

Otro, un femenino.

Otro, solo un eco.

Pero todos supieron lo mismo:

El monstruo todavía no tiene nombre completo.

Y lo necesita para ser.

Elena cerró el diario con fuerza, mientras un pensamiento helado le atravesaba el pecho:

Lo que enfrentan ahora es solo un fragmento.

El verdadero monstruo sigue esperando en la casa.

La canción olvidada

Orfanato Lennox – 6 de agosto de 1950 – 04:11 AM

Los niños estaban reunidos en el dormitorio grande. Nadie hablaba. Nadie se movía. Hasta que uno de

ellos, Julián, comenzó a tararear una melodía.

Era una canción suave, casi infantil. Pero algo en ella no pertenecía a ningún recuerdo.

Margaret se estremeció. Reconocía esa melodía, aunque nunca la había escuchado.

Elena se cubrió los oídos.

Elena —¿De dónde la sacaste? —preguntó, con un hilo de voz.

Julián sonrió.

Julián —No la aprendí. Solo la recordé.

Los demás niños comenzaron a tararear con él. Todos al mismo tiempo. Todos en el mismo tono.

El aire en el dormitorio vibró. Las ventanas se empañan. Y en el espejo del armario, una frase apareció

escrita desde dentro:

“El canto me despierta.

El canto me da forma.

El canto es mi oración.”

El padre Mauricio, que había escuchado desde el pasillo, entró sobresaltado. Reconoció la melodía de

inmediato: era la misma que había oído en 1925, cuando otro grupo de niños tarareaba sin razón, justo

antes de que apareciera un nuevo diario.

El cura palideció.

padre Mauricio —Esto no es un juego… —murmuró.

padre Mauricio —Es un ritual.

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