Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 5
Jonny bajó del auto y alzó la vista hacia el hotel.
El edificio se elevaba frente a él como una promesa ajena, imposible. Demasiado grande. Demasiado elegante. Vidrios oscuros, columnas firmes, una entrada que parecía diseñada para personas que siempre supieron a dónde iban. Durante unos segundos dudó antes de avanzar, como si todavía no terminara de creer que ese lugar también era para él.
No pertenecía ahí. O eso sentía.
Inspiró hondo.
—¿Entrás o te quedás ahí toda la noche? —dijo Mark, sin levantar la vista del celular.
Jonny soltó una risa corta, más nerviosa que divertida, y caminó hacia el lobby.
El contraste fue inmediato. Mármol brillante bajo sus pies, luces cálidas reflejadas en superficies impecables, voces suaves, risas medidas. Todo parecía moverse con una calma estudiada. Jonny avanzó despacio, observándolo todo, sintiéndose extraño, como si llevara una ropa que no era la suya. Ese mundo no se parecía en nada al que conocía. No había urgencias, ni gritos, ni desorden. Solo lujo.
Mientras Mark hacía el check-in, Jonny se sentó en uno de los sillones del lobby. El cuero era suave, caro. Sacó el teléfono del bolsillo y miró la pantalla. Varias llamadas perdidas.
Frunció el ceño.
—Mierda… —murmuró.
Marcó un número de memoria y esperó.
—¿Jonny? —respondió una voz joven, nerviosa—. ¿Dónde estabas? Te llamé un montón de veces.
—Ey, tranquilo —dijo él de inmediato—. Estoy bien. Recién llegué al hotel.
—¿Seguro? Mamá estaba re preocupada. Pensó que te había pasado algo.
Jonny cerró los ojos un segundo. Siempre lo mismo. La distancia, el silencio, las ausencias.
—Decile que estoy bien, ¿sí? Solo estoy trabajando.
—Siempre estás trabajando —respondió su hermano con un suspiro—. Nunca frenás.
Jonny apoyó los codos sobre las rodillas y bajó la voz.
—Es lo que tengo que hacer ahora.
—¿Es muy lejos donde estás?
—Sí… Canadá —sonrió—. Es enorme este lugar, no te imaginás.
—¿De verdad? ¿Es como en las películas?
Jonny miró a su alrededor. A la gente bien vestida, a los empleados impecables, a la música suave que flotaba en el aire.
—Más —admitió—. Pero no todo lo que brilla es tan lindo como parece.
Hubo un silencio breve al otro lado.
—Te extraño —dijo el chico, casi en un susurro.
Jonny tragó saliva.
—Yo también, campeón. Prometo llamarte más seguido, ¿sí?
—Promesas de famoso —bromeó su hermano.
Jonny rió, esta vez de verdad.
—Cuidá a mamá. Y estudiá.
Eso es lo único que te pido.
—Lo hago por vos —respondió el chico—. Porque vos saliste adelante.
Jonny colgó despacio.
Por un momento, el lujo dejó de importarle.
En el hospital, Alex caminaba por el pasillo con el ambo manchado de sangre. El ruido de los monitores aún le resonaba en la cabeza.
—Doctor King, el paciente está estable —informó una enfermera.
—Bien —respondió él, sin entusiasmo.
Entró a su oficina, cerró la puerta y apoyó ambas manos sobre el escritorio. Permaneció así unos segundos, respirando hondo. Sacó el teléfono.
Nada.
Ningún mensaje nuevo.
—Ele… —susurró.
La distancia, el silencio, la palabra divorcio flotando entre ellos… todo le apretaba el pecho como una mano invisible.
Más tarde, Katherine estaba sentada frente a él, con varias historias clínicas y estudios de pacientes ordenados con cuidado. Lo observaba mientras él revisaba informes sin levantar la vista.
Siempre era así. Concentrado. Brillante. Inalcanzable.
—Doctor King, debería descansar —dijo Katherine, suavizando la voz—. Lleva horas sin parar.
—Después —respondió él—. Esto no puede esperar.
Katherine asintió, aunque él no la miró.
Nunca lo hacía.
Y aun así, ella seguía ahí.
Eleonor cruzó el lobby del hotel con paso firme. Cada movimiento era medido, elegante. Nadie hubiera adivinado el torbellino que llevaba por dentro.
Aron la seguía, atento.
—El penthouse está listo —dijo—. Nadie la va a molestar.
—Eso espero —respondió ella.
El ascensor privado se abrió frente a ellos.
—El señor King volvió a llamar —agregó Aron.
Eleonor cerró los ojos.
—Después.
Jonny caminaba hacia el ascensor cuando un empleado se le acercó.
—Disculpe, ese ascensor es solo para el penthouse.
—Ah… perdón —dijo Jonny, incómodo.
Presionó otro botón. Las puertas se cerraron… y volvieron a abrirse.
Ella entró.
Jonny levantó la mirada y se quedó sin aire.
No sabía quién era. No sabía por qué.
Solo supo que algo en ella lo desarmó por completo.
—Es ella… —pensó—. Está en mi mismo hotel.
Las puertas del ascensor se cerraron.
Y el silencio se volvió insoportable.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?