Saena es una madre soltera de 30 años que, en medio del caos, logró salir adelante y convertirse en una médica renombrada, especializada en hematología.
Aunque nunca contó con el apoyo de su familia —nadie la ayudó cuando más lo necesitaba—, Saena siguió luchando por sus sueños, gracias a la ayuda de una desconocida que la apoyó incondicionalmente.
Enrico Villar, de 32 años, es un CEO autoritario y justo, soltero y muy codiciado. Le gusta las fiestas, pero su familia insiste en que encuentre el amor y abandone la vida de soltero.
¿Cómo se cruzarán sus caminos?
¿Nos embarcamos en esta historia?
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Capítulo 14
Después del almuerzo todos fueron a la sala, Helóa contaba cómo fue la visita al hospital y hablaba de los "amigos" que había hecho.
Helóa: ¿Crees que me hice amiga de un señor muy simpático?
Se llama Sérgio y su esposa se llama Cíntia.
Los hermanos abren los ojos como platos.
Saena: ¿Cómo es?
Helóa: Sí, mamá, está malito y le dije que no se preocupara, que estaba en manos de la mejor médica.
La niña habla llena de orgullo, Saena traga saliva y mira a su hermano, asombrada por lo ocurrido.
Sávio: ¿Pero dónde viste a esa pareja?
Helóa: En el pasillo, en ese momento en que usted fue tras de mí.
Luana: Gente, ¿es en quién estoy pensando?
Helóa: ¿Pensando en quién, madrina?
Luana mira a la niña e intenta buscar una explicación.
Luana: Pensé que hablabas de Enrico, querida.
La niña abre una gran sonrisa.
Helóa: También lo vi, su hermana es linda, el tío se quedó embobado.
Sávio: ¿Cómo es?
Helóa: Jajaja sí, como esas parejas de novela con los ojos enamorados.
Sávio: Pero qué niña abusada.
Saena: ¿Quieres decir que encontraste a Eva linda?
Sávio: Voy a buscar mi celular.
Sale de la sala haciendo que ellas se rían de la situación, doña Noêmia vuelve y se queda al lado de ellas.
Saena: Necesito arreglarme.
El deber me llama.
Y usted, jovencita, haga la tarea.
Helóa: Sí, señora.
Luana: Gracias, doña Noêmia, por el almuerzo.
Pero tengo que ir a mi apartamento, ¿me lleva?
Saena: Claro.
Vamos.
Abuela, cuando vuelva quiero conversar con usted.
Noêmia: Claro, hija.
Se despiden y salen, Luana nota que Saena está distante.
Luana: ¿Quieres conversar?
Saena: Fue difícil.
Nunca imaginé que los vería de esa forma, y de este modo.
Luana: Qué cruel es el destino.
¿Y ellos?
Saena: Intentaron acercarse, yo no di pie y actué de forma profesional, y no me arrepiento.
¿Estoy siendo una persona mala?
Luana: No, eres la persona más bondadosa que conozco.
Simplemente desconoces a esas personas.
Saena: Tuvieron el valor de llamarme hija.
No sentí ninguna emoción.
El impacto fue grande, claro.
Pero al punto de correr a abrazar y fingir que todo está bien.
Luana: Sé cómo es.
Sé todo lo que pasó, y lo que vivió nada anulará lo que ellos hicieron.
Sigue a tu corazón.
Saena: Entiendo.
A veces es necesario pasar por esto.
No sé qué pasa por la cabeza de ellos, y hoy eso no importa.
Mi miedo es sobre Helóa, estando aquí sé que en algún momento ella pedirá conocerlos.
Luana: Es hora de decirle la verdad a ella.
Saena: Lo sé.
Intenté protegerla, pero tendré esa conversación con ella.
Llegamos.
Luana: Estoy aquí para lo que necesites.
Te amo.
Se despiden, Saena va al hospital y hace sus consultas, luego va a la reunión, al finalizar va a una plaza y se sienta a mirar las estrellas, una lágrima cae, ella cierra los ojos y se siente culpable por no sentir nada al ver a sus padres, dejó que el desprecio que ellos sentían por ella transbordara, y en ese mismo lugar aparece una persona que ella pensó que no vería tan pronto.
Enrico: ¿Doctora Jones?
Saena: Hola, señor Villar.
Aquí soy solo Saena.
Enrico: Entonces aquí soy solo Enrico.
Ella sonríe sin mostrar los dientes, él nota que ella estaba llorando.
Enrico: ¿Está todo bien?
Saena: Lo estaré, quién sabe, algún día.
Enrico: ¿Terminó con su marido?
Saena: No tengo marido.
Soy madre soltera.
Enrico: Disculpe.
Saena: No se preocupe.
Necesito irme.
Enrico: No, quiero decir.
Vamos a tomar un helado.
Dicen que el de chocolate es bueno para la tristeza.
Saena: No sé.
Enrico: Así hablamos sobre Helóa.
Saena: Me convenció.
Solo uno.
Van a un vendedor, ella pide un helado de chocolate con salsa de chocolate, cruza los brazos y espera que él pida.
Saena: ¿Y usted?
Enrico: Estoy a dieta.
Pero la acompañaré con uno.
Él pide un helado, Saena sonríe satisfecha y él se queda embelesado con su sonrisa, se sintió atrapado, no paraba de mirarla.
Saena: ¿Estoy sucia?
Enrico: ¿Qué?
Saena: ¿Que si estoy sucia?
Enrico: No, ¿por qué?
Saena: No para de mirarme.
Enrico: Es que usted es linda.
Imposible no admirar.
Saena se pone roja como un tomate.
Saena: G.gracias por el helado.
Enrico: Calma.
Disculpe.
Saena: Realmente necesito irme.
Enrico: ¿Quiere salir a comer algo?
Puede ser cualquier día.
Saena: Mire, Enrico, no sé qué decir.
Enrico: Nada, piénselo con cariño.
Solo quiero conocerla más.
Tome mi número y, en cuanto pueda, llámeme o mándeme un mensaje.
Le da un beso en la mejilla y se va, él estaba con ropa de entrenamiento, Enrico hacía ese trayecto todos los días, Saena guarda la tarjeta y luego toma el coche y se va, cuando llega se va a bañar y va al cuarto de su hija, la arropa y le da un beso.
Va al cuarto de Noêmia y toca la puerta, ella le dice que entre, la señora abre los brazos y Saena se acuesta en su regazo.
Noêmia: Sávio me contó lo ocurrido con sus padres.
¿Cómo se siente al respecto?
Saena: Normal, no conseguí demostrar emoción, sentimiento, ¿sabe?
Y también me siento culpable por no sentir.
Noêmia: Necesita liberar el perdón.
No digo para convivir, sino para dar.
La culpa no le hará bien, y ellos la sacaron de sus vidas.
Saena: Es difícil, ya perdoné.
Pero no siento ese amor, murió.
Noêmia: Aquí dentro (apunta al corazón) todavía está esa niña asustada y carente de amor.
Piense, ¿cómo sería si Helóa dijera que no la ama?
Son situaciones diferentes, lo sé.
No digo para correr y abrazar a sus padres, sino perdonar para poder seguir adelante y ser feliz.
Saena: Ay, abuela, usted me conoce bien.
Pero hay otra cosa.
Noêmia: ¿Un joven llamado Enrico?
Saena: Sí, hoy nos encontramos sin querer.
Noêmia: ¿Tiene miedo?
Saena: Me miró intensamente, como si leyera mi alma.
Y eso me llamó la atención, puede parecer una locura, pero su mirada está grabada en mi mente.
Noêmia: Permítase más, a veces la pasión viene de un simple gesto.
¿Cómo él la hace sentir?
Saena: Me pongo nerviosa.
Hoy me puso roja.
Me invitó a salir y dijo que yo podría elegir el día, me dio su número.
Estoy aterrada.
Noêmia: Jajaja calma.
Él no es Marcos.
Póngase eso en la cabeza, conózcanse, sean amigos, conversen.
No tenga prisa.
Saena: Gracias, abuela, por escucharme.
Se despide y se va a acostar, Saena guarda su contacto y le manda un hola, él responde inmediatamente.