Él era solo un niño de 20 años; ella, una guerrera de 28 huyendo de una traición.
Cuando Elena despierta en una casa de seguridad, lo último que espera es encontrarse con un joven de mirada color miel y una confianza que la descoloca. Tras una noche de pasión que ella jura olvidar, Elena lo desprecia: "Niño, busca a tu padre, no tengo tiempo para juegos".
Él solo le responde con una promesa que le quema el alma: "Este niño acaba de darte el mejor recuerdo de tu vida... y voy a volver por ti".
Diez años después, el niño se ha convertido en un hombre implacable. Elena ha sobrevivido a todo, pero no está lista para el regreso de aquel extraño. Él no ha olvidado su aroma, su fuerza, ni a su "gordita". Esta vez, no aceptará un "no" por respuesta.
Una historia de reencuentro, poder y una obsesión que el tiempo no pudo borrar.
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Capitulo 5
Primer Salto: Dos años después (El ascenso de la Reina)
Dos años fueron suficientes para que el nombre de Elena dejara de ser sinónimo de "la hija de" para convertirse en una marca de respeto y temor. La empresa no solo creció; bajo su mando, se convirtió en un imperio tecnológico y logístico que devoraba a la competencia.
Elena ya no era la mujer que buscaba aprobación. Se convirtió en una figura pública, una empresaria famosa por su mano de hierro y su estilo impecable. Sus curvas, antes motivo de burla en su casa, ahora eran portadas de revistas de negocios. Se vestía con trajes a medida que gritaban poder, y su mirada se volvió tan fría como el nombre de su empresa.
Pero el éxito profesional atrajo a los buitres.
En esos dos años, Elena intentó abrir su corazón dos veces. El primero fue un inversionista encantador que resultó ser un espía corporativo enviado por su padre. El segundo, un modelo que juraba amarla, pero a quien descubrió gastándose su fortuna en apuestas y hablando a sus espaldas sobre "lo difícil que era fingir deseo por una mujer de su talla".
Elena no lloró. La primera traición la hirió, la segunda la aburrió. La noche que descubrió al segundo, simplemente llamó a seguridad, hizo que lo sacaran de su cama en ropa interior y quemó su ropa en el jardín mientras terminaba una copa de vino.
—El amor es una transacción en la que siempre salgo perdiendo —le dijo a su reflejo—. De ahora en adelante, solo acepto efectivo.
Segundo Salto: Cinco años después (La mujer de hielo)
Para el quinto año, Elena ya no era solo rica; era intocable. Se había mudado a un ático blindado en el centro de la ciudad. Su padre había desaparecido del mapa, hundido en deudas que ella se negó a pagar, y de Sofía solo sabía que vivía de escándalo en escándalo, intentando cazar a algún millonario que le diera la vida que Elena le arrebató.
Elena se volvió una experta en el "placer sin compromiso". Tenía amantes, hombres guapos y jóvenes que buscaban su favor, pero ninguno duraba más de una noche. En el momento en que intentaban decir "te amo", ella les firmaba un cheque y les mostraba la puerta.
Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos en la soledad de su habitación, un aroma la asaltaba: sándalo y madera húmeda.
A veces, se encontraba mirando por la ventana, recordando a aquel chico de veinte años que no le tuvo miedo a su fuerza ni a sus curvas. Recordaba la frase: "Este niño acaba de darte el mejor recuerdo de tu vida".
—Maldito niño —susurraba ella, apretando la mandíbula—. Fuiste el único que no intentó venderme una mentira.
Elena se convenció de que Alexander era solo un fantasma, una alucinación de una noche de borrachera y despecho. Lo que ella no sabía era que, mientras ella construía su imperio, en las sombras de otra ciudad, el "niño" estaba haciendo exactamente lo mismo. Él no estaba jugando a ser empresario; él estaba forjando un ejército, contando cada día, cada hora y cada minuto para cumplir su promesa.
Elena era ahora una Cuevas de Acero, pero no sabía que aquél niño regresaba con el fuego suficiente para fundirla.