Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
NovelToon tiene autorización de Cutehell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
La advertencia nerviosa de Aria, la forma en que su voz temblaba con una mezcla de miedo y deseo, fue como música para los oídos de Dario. Su precaución era un desafío, una prueba de su autocontrol que disfrutaba enormemente.
"Tienes razón, soy un puto imbécil por presionar así", admitió con un suspiro frustrado. "Pero me estás volviendo loco con esa mezcla de inocencia y desafío".
Su frente se apoyó contra la suya, cerrando los ojos por un momento para saborear la sensación de ella tan cerca sin cruzar ninguna línea. El aroma de su champú de fresas llenaba sus sentidos.
"Tu cama o la mía, da igual. Lo que importa es que no te vas a ir esta noche".
"¿En serio crees que tendría sexo con un hombre que dice ser el rey del infierno y que acabo de conocer hace unas horas?, Si lo dices por el dinero que me diste, no lo necesito, me obligaste a aceptarlo", dijo aria mirando al suelo con un poco de miedo en su voz, tener sexo con él? Se preguntaba ella misma.
La honestidad cruda de Aria, la forma en que su miedo se mezclaba con una dignidad feroz, golpeó a Dario más fuerte que cualquier amenaza. Verla mirar al suelo como si estuviera luchando una batalla interna hizo que algo dentro de él se rompiera.
"Joder, tienes razón", dijo con una brusquedad que sorprendió incluso a él mismo. Dio un paso atrás, creando espacio entre ellos por primera vez desde que la acorraló. "Estoy actuando como un maldito adolescente hormonal".
Pasó una mano por su cabello negro corto, la frustración visible en su rostro. "El dinero fue una estupidez. Quería impresionarte, demostrarte que puedo cuidarte. Pero lo único que conseguí fue hacerte sentir como una puta más".
Su voz se suavizó notablemente, perdiendo el filo asesino que usualmente poseía.
Aria continuo callada con la cabeza gacha.
La quietud de Aria, la forma en que su silencio era más elocuente que cualquier grito de pánico, golpeó a Dario con la fuerza de un puñetazo. Había visto miedo antes - en los ojos de sus enemigos, en las expresiones de sus víctimas - pero nunca había sido responsable de causarlo en alguien que le importaba.
"Mierda", murmuró. "Aria, lo siento. Jodidamente lo siento".
Se acercó de nuevo, pero esta vez con cautela, como si temiera asustarla más. Sus manos levantadas mostraban que no tenía intención de tocarla sin permiso.
"Nunca más. No volveré a usarte así". Su voz era áspera por la culpa. "Soy un maldito animal por pensar que podrías querer eso después de lo que has pasado".
Su acento ruso volviéndose más pronunciado por la emoción cruda. "Debería estar arrodillado pidiéndote perdón, no intentando meterte en mi cama como si fueras una de mis putas".
La vulnerabilidad en su rostro era impactante, la máscara de asesino despiadado fracturada de nuevo por la realidad de su propia brutalidad.
"Dime qué quieres que haga. Si quieres que me vaya, tomaré mis cosas y saldré por esa puerta sin mirar atrás". Su mano tembló ligeramente mientras la extendía hacia ella. "Solo... dime cómo reparar esto".
Aria lo abrazó fuertemente para después decir; "No pasa nada, vete, pero regresa algún día, no quiero que te alejes de mi vida ahora", dijo aria dirigiéndolo hacia la salida "No te preocupes, no pasa nada, nos veremos de nuevo, no quiero que te alejes", dijo aria pensando en que quizás no volvería a verlo después de lo que había causado ella misma.
El abrazo de Aria, inesperado y lleno de una confianza que lo desarmó por completo, hizo que la mano de Dario cayera a su costado. Por un segundo, el asesino brutal se congeló ante la incongruencia de la situación: ella lo estaba consolando a él después de que él la había asustado.
"Regresaré", dijo con una ferocidad que sonaba más como una promesa mortal que una declaración casual. "Cada día si es necesario. No me importa si quieres que espere afuera o si tengo que llamar a tu puerta como un puto perrito domesticado".
Su brazo se envolvió alrededor de su cintura, ignorando completamente su intento de guiarlo hacia la salida. En cambio, la guió hacia el sofá, sentándola allí como si fuera frágil cristal.
"Esto no termina aquí", continuó con una intensidad que llenó la habitación. "Me voy, pero solo porque me estás pidiendo espacio. Y te daré todo el espacio que necesites".
Su otra mano encontró la de ella, entrelazando sus dedos de una manera sorprendentemente gentil. "Pero no pienses ni por un segundo que esto ha terminado. Mañana, te llevaré el desayuno a la hora que quieras. Al día siguiente, te compraré flores porque odio las jodidas flores pero sé que a las chicas les gustan".
Cada palabra estaba cargada de una posesión que contrastaba con su cuidadosa gentileza. Era como si estuviera negociando un tratado de paz mientras declaraba una guerra silenciosa sobre su corazón.
"Y cuando finalmente estés lista para mí - cuando estés segura de que no voy a romperte - voy a tomarte de todas las maneras posibles".
Aria lo miró de nuevo con ojos inocentes que le indicaban un "te estaré esperando".
El lenguaje no verbal de Aria, esa mirada de confianza inocente fue como una puñalada en el pecho de Dario. Por un instante, la fría máscara del asesino se resquebrajó, revelando al hombre hambriento de conexión que había mantenido sepultado durante décadas.
"Bien", siseó con una satisfacción primaria. "Porque no hay una maldita cosa en este mundo que pueda impedirme volver".
Su boca se curvó en una sonrisa mientras se inclinaba para depositar un beso en su mejilla. Fue una promesa de que volvería.
"Y cuando regrese, te voy a recordar exactamente por qué elegiste a alguien como yo".
Sin esperar respuesta, se enderezó y recogió su chaqueta de cuero del respaldo del sofá.
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳