Por el error de un angel, morí. reencarne y soy la mejor amiga de la protagonista.
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Capitulo 23: El que te quiere por obsesión y el que te quiere por amor.
Adrien no se apresuró cuando todo estuvo listo, revisó por última vez que no hubiera movimiento sospechoso en los alrededores, que los caballos estuvieran preparados y que el camino estuviera despejado, pero antes de subir, se detuvo frente a Mary, la miró como si quisiera asegurarse de algo que no podía decir en pocas palabras, entonces tomó sus manos con firmeza, no como un gesto formal, sino como alguien que ya no quiere mantener distancia.
—No seas imprudente —dijo, con un tono más bajo de lo habitual—. No es una petición ligera, lo digo en serio.
Mary sostuvo su mirada sin apartarse.
—Lo sé.
Adrien no soltó sus manos.
—Esto… —hizo una pausa breve—. Esto no era parte de mis planes, pero tú sí empezaste a serlo.
Mary no respondió enseguida, pero sus dedos se tensaron levemente alrededor de los de él.
—No esperaba que alguien pudiera volverse importante en medio de todo esto —continuó Adrien—, y aun así pasó, contigo.
Mary lo miró sin moverse.
—No quiero dejarlo así —añadió él—. Cuando esto termine, me gustaría estar contigo, conocerte de verdad, sin secretos, sin urgencias… si tú lo permites.
Mary apretó un poco más sus manos, sin apartarse.
—Claro que lo permito —respondió con calma, pero con firmeza—. Porque tú no me empujaste a sentir nada, no me hiciste dudar de mí misma, todo lo que siento ahora es mío… Terence me hizo dudar de tí y por cierto tiempo lo logró. Hasta que pude ver todo con claridad.
Adrien sostuvo su mirada unos segundos más, luego asintió, como si esa respuesta fuera suficiente.
Subieron a los caballos sin más retraso, Isabella ya estaba preparada, su expresión más seria, más centrada, y sin perder tiempo los tres partieron, el ritmo fue rápido, directo, porque sabían que cada minuto jugaba en su contra.
Cuando llegaron al castillo, el ambiente era otro, había movimiento constante.
—La princesa desapareció.
—Nadie la ha visto desde hace horas.
—Revisen todo el perímetro.
Adrien no se detuvo a escuchar más de lo necesario.
—Ábranme paso —ordenó, con autoridad.
Los guardias no dudaron.
—El duque Adrien.
—Déjenlo pasar.
Avanzaron directamente hacia el interior, Isabella mantuvo la cabeza en alto, y cuando finalmente llegaron al salón principal, el príncipe Adam ya estaba ahí.
En cuanto la vio, su expresión cambió.
—Isabella.
Caminó hacia ella sin dudar, la tomó en sus brazos con fuerza, sin protocolo, sin pensar demasiado.
—¿Dónde estabas? —dijo—. Te estuve buscando.
Isabella no respondió de inmediato, su mirada pasó por encima de su hombro, observando el lugar.
—Estoy bien —respondió finalmente—. Pero necesitamos hablar en privado.
Adam frunció el ceño.
—¿Ahora?
—Ahora. Tú, yo y el duque.
Adrien intervino.
—Es importante.
Adam dudó un segundo, luego asintió.
—Bien.
Mientras se dirigían hacia una sala privada, Mary se detuvo apenas un segundo, su mirada se fijó en un punto del pasillo, entre una columna… y lo vio.
Terence.
No completamente visible, pero lo suficiente. Mary no dijo nada, pero su expresión cambió.
Adrien lo notó.
—¿Qué pasa?
Mary dio un paso atrás.
—Tengo que hacer algo.
Adrien la tomó de la mano antes de que se alejara.
—No.
Mary lo miró.
—Solo voy a mantenerlo lejos.
—No es seguro —respondió Adrien.
Mary sostuvo su mirada.
—Tú tienes que estar con el príncipe, cuando él despierte del todo va a necesitarte.
Adrien no soltó su mano.
—Prométeme que no harás nada imprudente.
Mary respiró hondo.
—No lo haré —dijo—. Solo voy a asegurarme de que no interfiera.
Adrien dudó un segundo, luego la acercó y la abrazó con firmeza, breve, pero suficiente para dejar claro que no era un gesto vacío, y antes de separarse, inclinó el rostro y besó su frente.
Mary se quedó quieta un instante, como si no lo esperara, luego reaccionó.
—Ve —dijo él.
Mary asintió, sin decir más, y se alejó.
Esta vez no había duda en sus pasos, no había confusión en lo que sentía, incluso el miedo que sentía.
Siguió a Terence sin llamar la atención, manteniendo distancia, girando cuando él giraba, hasta que finalmente lo vio entrar a una habitación más apartada.
Mary no dudó.
Entró. Terence estaba de pie, de espaldas, pero no parecía sorprendido.
—No pensé que llegarías hasta aquí —dijo, sin girarse aún—. Y menos que te volverías un problema.
Mary cerró la puerta detrás de ella.
—Supongo que ya no encajo en tu plan.
Terence giró lentamente, su expresión tranquila, pero sus ojos atentos.
—No —respondió—. Pero no deja de ser una lástima.
Mary cruzó los brazos.
—¿Por qué?
—Porque me gustabas.
Mary no mostró reacción.
—Te equivocas —respondió—. Lo que te gustaba era tener control.
Terence ladeó la cabeza.
—Puede ser. Pero si te quería para mí.
Mary dio un paso más.
—Y te equivocaste con otra cosa.
Terence la observó.
—¿Con qué?
Mary sostuvo su mirada.
—El duque no era lo que pensaba… resultó ser mejor de lo que esperaba, y bastante mejor que tú.
Terence entrecerró los ojos.
—¿Ahora te interesa él?
Mary no dudó.
—Sí —respondió—. Porque lo que siento no viene de nadie más... es mío.
Terence la observó con más atención.
—Así que ya no puedo influirte.
Mary negó.
—No.
Hubo un breve silencio.
—Eso complica las cosas —dijo él.
Mary dio otro paso.
—No vine a pelear.
—Entonces, ¿a qué viniste?
—A detenerte.
Terence soltó una leve sonrisa.
—Se que tú no lo harás. No eres fuerte, no tienes cualidades que asombre a nadie. Incluso siento lástima por ti.
Mary no se movió.
—Ajá sí.
Terence la observó unos segundos, luego caminó hacia ella.
Mary retrocedió instintivamente.
—No te voy a hacer daño —dijo él.
Mary no bajó la guardia.
—No confío en eso.
Terence se detuvo frente a ella.
—Aun así… —su tono bajó un poco—. Te quiero.
Mary no respondió.
—A pesar de todo —continuó—. Me habría gustado que esto fuera diferente.
Mary apretó los labios.
—Eso no es querer. Eres un obsesivo.
Terence no discutió.
—Lo sé.
Y sin darle tiempo a reaccionar, la abrazó. Mary se tensó.
—Suéltame.
—No —dijo él, en voz baja—. Solo un momento.
Mary intentó apartarse, pero él la sostuvo con firmeza, no con violencia, pero sí con fuerza.
—Podríamos haber tenido algo después de esto —murmuró—. Una vida tranquila, lejos de todo.
Mary negó.
—No —respondió—. Tú quieres el caos por encima de todo.
Terence cerró los ojos un segundo.
—Quizás no si me hubieras elegido.
Y entonces, sin aviso, el movimiento fue rápido.
Mary apenas alcanzó a reaccionar. Bajó la mirada. La daga estaba clavada en su abdomen. Su cuerpo perdió fuerza de inmediato.
Terence la sostuvo un segundo más, luego la dejó caer.
Mary cayó al suelo, el aire se le escapó.
—Lo siento —dijo él, sin emoción marcada—. Pero si no me quieres yo tampoco.
Dio un paso atrás.
—Y si no eres mía… no serás de nadie.
Mary intentó moverse, pero no pudo. Terence se dio la vuelta y salió.
Caminó varios pasos antes de que los guardias lo rodearan.
—¡Alto!
—No se mueva.
Adam estaba ahí, junto a Isabella, su expresión ya no era la misma de antes, había vuelto esa luz de sentido común en sus ojos.
—Se acabó —dijo.
Terence no respondió. Adrien dio un paso adelante.
—¿Dónde está Mary?
Terence lo miró.
—No importa.
Adrien avanzó más.
—Te pregunté algo.
Terence sostuvo su mirada.
—Si no fue mía… no será de nadie.
El golpe de Adrien fue inmediato.
Terence cayó al suelo rodando hasta chocar contra la pared.
Pero antes de que alguien dijera algo más, Isabella miró hacia una puerta entreabierta.
—Adrien…
Su tono cambió. Adrien no dudó. Entró. Y se detuvo.
Mary estaba en el suelo. El tiempo pareció detenerse solo para él.
Se acercó rápido, se arrodilló a su lado, sus manos buscaron su pulso.
Había pulso y muy estable.
—Mary... —murmuró.
Luego buscó donde estaba la daga clavada. Lo rojo de su tela era sospechosamente dulce. Adrien metió la mano y sacó un pan relleno de frutos rojos.
Mary abrió un ojo y preguntó.
—¿Ya se fue?
Su tono ya no era asustado. Se rió bajito y señaló por el pan.
—Es un milagro que hayas guardado ese pan ahí. Solo por poco llega a herirte.
—No lo sabía. Era mi cena.
Adrien la abrazo aún estando agachado. Mary se aferró a él como pudo.
Esta vivo, sin magia, no fue un castigo como se lo esperaba, o tal vez perder su magia para él si lo sea.
La vida de Mary dio un giro que no se esperaba, pero en el proceso encontró el verdadero amor, Adrien es un buen hombre 😍😍😍
Adam dio a entender qué quiere algo con Yuyu, más adelante cuando todo se estabilice y las heridas sanen. /Whimper/ Mary prometió ir a trabajar a la panadería, cambio pan por joyas, pobre panadero se quedo sin su empleada loquilla /Grievance/