Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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El anuncio
El salón aún murmuraba cuando el duque tomó su mano.
—Milady, Raeliana Rosenthal ¿me concedería el honor de convertirse en mi prometida?
Raeliana no dudó.
—Sí, su excelencia.
El anuncio corrió como fuego entre abanicos y copas. En segundos, todos sabían que Raeliana ya no estaba disponible.
Entonces apareció el conde.
Se acercó con esa sonrisa tensa que ella recordaba demasiado bien.
—Milady, necesito unas palabras.
Raeliana iba a responder, pero una sombra se interpuso.
El duque Noah Valenhardt no alzó la voz.
—Todo lo que tenga que decirle a mi prometida, puede decirlo delante de mí, conde.
Silencio.
El conde apretó la mandíbula.
—Esto es… precipitado.
—Lo único precipitado —respondió el Duque Noah— es su interés por una dama que ya tiene compromiso.
Raeliana no dijo nada.
Por primera vez, alguien la estaba protegiendo sin que ella tuviera que defenderse sola.
El conde se retiró.
Furioso ..murmuró eso no se queda así tenga por seguro .
A la mañana siguiente
Raeliana despertó con una sensación nueva en el pecho.
Al bajar al desayuno, sus padres la esperaban.
—Hija —dijo su madre—, ¿estás de acuerdo con este compromiso?
—Sí, madre.
Su madre suspiró, aliviada.
—El duque Noah Valenhardt es uno de los mejores partidos del reino.
Su hermano soltó una risa incrédula.
—¿Sabes que dicen que es el mejor espadachín del imperio? Es la mano derecha del príncipe. Nadie se mete con él.
Raeliana bajó la mirada a la taza.
Perfecto. Exactamente el tipo de hombre que necesito para que el conde no vuelva a acercarse jamás.
Edgar es el asistente del duque Noah .
Señor porque pidió la mano de la lady Raeliana Rosenthal.
Noah no era impulsivo.
Aceptó porque, desde que la vio, supo que ella no era como las demás.
No bajó la mirada.
No tembló.
No intentó agradarle.
Y, además, el príncipe llevaba meses presionándolo:
—Consiga una prometida, Duque Noah .O la elegiré yo.
Cada visita al palacio era lo mismo.
Raeliana fue la solución perfecta.
Y, sin que él lo admitiera todavía, también fue curiosidad.
Edward asegúrate que este todo listo para recibir a Raeliana.
Edgar si mi lord.
Esa misma tarde, Raeliana hacía sus maletas.
El Duque Noah ,había enviado una carroza ducal, negra con el escudo plateado.
El ducado quedaba a cinco horas de viaje.
Su madre la abrazó.
—Serás una gran duquesa.
Su padre asintió, solemne.
Raeliana subió a la carroza.
Mientras el carruaje avanzaba, miró por la ventana.
En mi otra vida, yo iba camino a mi desgracia.
Esta vez…
Iba hacia algo que no conocía.
Y eso, por primera vez, no le daba miedo.
La carroza cruzó los grandes portones de hierro con el escudo de los Valenhardt grabado en plata.
Raeliana miró por la ventana y se quedó en silencio.
La mansión era enorme.
La mansión se alzaba como un castillo moderno de piedra gris, elegante y fría. Tres alas principales, ventanales altos, torres discretas.
—Bienvenida al ducado, milady.
Un hombre mayor, impecablemente vestido, inclinó la cabeza.
—Soy Edwin Hargreaves, mayordomo principal de su excelencia.