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¡Le Vendí Mi Virginidad!

¡Le Vendí Mi Virginidad!

Status: Terminada
Genre:Amor a primera vista / Novia subastada / Amor-odio / Contratadas / Venderse para pagar una deuda / Completas
Popularitas:13.7M
Nilai: 4.5
nombre de autor: Ana de la Rosa

En está historia veremos a una joven, dispuesta hacer lo que sea para salvar la vida de su mamá, pero, ¿Qué pasará con ella, si en el proceso se enamora? Los invito a leer.

NovelToon tiene autorización de Ana de la Rosa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 14

Ellos se dirigieron a la señora, con una descarga de adrenalina en sus voces y una sonrisa que brillaba con la promesa de un futuro.

— ¡Mamá! Ella es Sorimar, mi novia. — dijo Maicol, la felicidad desbordándose en cada sílaba.

— Buenas noches, señora. Es un verdadero placer conocerla. — expresó la chica con una amabilidad tan sincera como cautelosa, extendiendo una mano que temía fuera a quedar flotando en el aire.

La señora Brígida, una figura de autoridad pétrea, permaneció clavada en su asiento. Sus ojos, afilados como dagas, inspeccionaron a Sorimar de la cabeza a los pies, sin perder un solo detalle. La había visto en fotos, sí, pero su expectativa era de algo más pulido, más imponente en persona. Tras unos minutos de silencio opresivo, un silencio que gritaba desaprobación, finalmente articuló sus palabras.

— Qué lástima que no pueda decir lo mismo, querida. — Su voz era seca, cortante, como el filo de un cristal. — ¿Por esta ‘mujercita’ te dejaste humillar por ese imbécil? — expuso Brígida, sin anestesia ni rodeos, apuntando directamente al punto más sensible.

El aire se hizo espeso y frío. La joven, al escuchar esas palabras cargadas de desprecio puro, sintió un pinchazo helado en el estómago. Comprendió de golpe que no solo no era de agrado, sino que era el blanco de la hostilidad inmediata de la señora Brígida.

— ¡Mamá! ¡Detente! No tienes derecho a hablar así. Y este no es el momento. Sorimar, siéntate, por favor. — Maicol intervino, con la voz apretada por la furia contenida y la vergüenza.

Ella accedió a sentarse, pero su cuerpo estaba rígido, al borde del colapso. Cada músculo gritaba incomodidad y deseo de huir.

Pasaron minutos que se sintieron como horas bajo tortura. La señora no desviaba la mirada; seguía examinándola con una intensidad que la hacía sentir transparente y juzgada. El silencio entre ellos era un abismo helado.

— Amor, ¿por qué no has probado nada? — preguntó Maicol, su voz un susurro de preocupación en medio de la tensión. Puso su mano sobre la de ella, buscando transmitir un calor de apoyo que era urgentemente necesario.

— Relájate, niña. Estoy más que acostumbrada a las mujeres como tú. — manifestó Brígida, con una sonrisa lenta y cargada de sarcasmo.

— ¿Cómo... así? No entiendo. — preguntó Sorimar, el rostro una máscara de confusión e indignación.

— A mi hijo lo persiguen las mujeres fáciles. — Brígida se inclinó ligeramente, disfrutando del efecto. — No estoy diciendo que tú lo seas, no me malinterpretes. Solo pregunto: ¿Se están protegiendo? No quiero nietos bastardos corriendo por aquí. — soltó, la señora, destilando veneno y rompiendo todas las barreras del decoro.

Esa fue la gota que colmó el vaso. El límite había sido destruido.

— Maicol, nos vemos después. — Sorimar se levantó de un salto, la silla raspando el suelo con un chirrido agudo. Su incomodidad se había transformado en una rabia ardiente.

— No quise ofenderte, Sorimar. No probaste nada de comer. — dijo la señora, con una provocación insolente plasmada en su rostro, una burla apenas contenida.

Sorimar se giró, su mirada ahora ardía con fuego propio.

— Tranquila, señora. Usted solo dijo lo que piensa, con una franqueza que la honra. Pero no probé la comida — su voz era baja y firme, llena de una peligrosa calma — porque estoy completamente segura de que es amarga. Tan amarga como usted. Amargada. — La chica disparó sus últimas palabras como flechas y salió disparada inmediatamente.

— ¡Mamá! ¡A veces no te reconozco! ¡Espérame, Sorimar! — Maicol se levantó, el rostro encendido de ira y desesperación, y corrió tras ella.

— No es necesario que me acompañes, Maicol. — dijo ella, sin detener su paso.

— Te pido mil disculpas. Mi mamá no tenía ningún derecho a hablarte de esa manera.

— No hay problema. Vamos a olvidar esto. — Aunque por dentro, Sorimar sabía que jamás lo olvidaría.

Luchi se quedó en la sala de estar, acompañando a Leticia. Estaba expectante, casi vibrando con la anticipación. Vio a Sorimar llegar por la ventana, y la expresión en el rostro de su amiga era un titular de periódico.

— ¡Mi sol! Esa cara de tragedia griega me dice que te fue fatal. ¡Cuenta todo, ahora mismo! — demandó Luchi, hambriento de drama.

— ¿Y mi mamá? — preguntó Sorimar, desplomándose en el sofá antes de siquiera empezar a relatar su calvario a Luchi.

— Se fue a dormir hace nada.

— Uf. Esa señora carga con una amargura terrible, Luchi. No le caí bien. En lo absoluto.

— ¡Quedé! ¡Tululú! ¡Trauma! Pero dame más datos, ¡dame el clímax de la humillación! — insistió Luchi.

Pasaron un rato, Sorimar descargando la tensión acumulada y Luchi absorbiendo cada detalle con éxtasis. Luego, Luchi se fue a su casa, dejando una estela de chismes y drama en el aire.

🌪️ La Cueva del Lobo

Al día siguiente, la mañana era un lienzo de nerviosismo y expectativas. La señorita de la Rosa, vestida para la acción, se enfrentaba a su primera sesión de fotografía para la prestigiosa revista Galantys. Maicol tenía prohibida la entrada a las sesiones, pero su preocupación era palpable. Iba a estar al pendiente de cada detalle relacionado con su novia, y eso incluía llevarla personalmente a la temida Agencia Cáceres.

— ¡Buen día, mi amor! — dijo con una ternura que intentaba mitigar el nerviosismo.

— Buen día.

— Sobre lo que pasó anoche... de nuevo, te pido perdón. — Él no pudo terminar.

— No te preocupes. Lo volveremos a intentar. — Ella lo interrumpió, ofreciendo una sonrisa que era mitad alivio y mitad fuerza forzada.

— Gracias. ¿Estás lista? — preguntó, aún con un velo de duda.

— Sí. Un poco nerviosa, eso sí. No entiendo por qué no me puedes acompañar. — El solo pensar en entrar sola le provocaba un escalofrío.

— Es una de las malditas condiciones que puso ese desgraciado. — expresó Maicol, la palabra desgraciado cargada de odio e impotencia.

— Está bien. Vamos a pasar por Luchi, él me va a acompañar.

Era impensable que Luchi la dejara sola en un día tan importante. Al llegar a la casa, el amigo ya venía saliendo, con un estilo más que divino, más que espectacular.

Maicol, al ver a Luchi, se quedó pasmado, sus labios se curvaron en una inevitable y mordaz provocación. No pudo evitar comentar el vestuario.

— ¿No se podía vestir de otra manera? Jaja, parece una loca.

— ¡Buen día, mis amores! Maicol, ¿por qué me miras así? — preguntó Luchi, ajustándose las gafas de sol con una pose dramática.

— No, por nada. — dijo, forzando una sonrisa.

— Luchi, te ves increíble. Sube al auto. — lo halagó su amiga, poniendo fin a la tensión.

Salieron hacia su destino. Todo el trayecto fue una cascada de risas gracias a las ocurrencias de Luchi, risas que se esfumaron de golpe al llegar.

Bajaron del auto. Sorimar sintió que el mundo se detenía al leer el nombre de la agencia: «Agencia de Publicidad Cáceres». Se quedó petrificada. Sus piernas se sintieron como gelatina; una sensación de miedo paralizante la hacía flaquear. El nombre era como un rayo en cielo despejado. Nada podía ser peor. Luchi la miró de reojo, sus ojos se abrieron en un horror compartido. La coincidencia era imposible.

— Sorimar, cualquier cosa, me llamas. Lo que sea. No lo dudes. — expresó Maicol, con la preocupación grabada en su frente.

— Todo va a estar bien. — Se despidieron con un beso rápido y ansioso.

Luchi se aferró a Sorimar por el antebrazo. — ¡Qué horror! Vamos a ver al papacito millonario, ¿verdad?

— No es él. Estamos equivocados.

— ¿Cuántos Eykel Cáceres, millonario y cretino, crees que existen en este país? Sé honesta.

— Muchos. Vamos a entrar.

La chica tomó una respiración profunda, temblorosa, y procedieron a cruzar el umbral. Se acercaron a la recepción.

— Buen día, soy la modelo de la Agencia Green. — dijo la joven, con una sonrisa ligera que no llegaba a sus ojos.

— Buen día, señorita. El señor Eykel la está esperando. Venga por aquí.

Justo en ese momento, Paola se acercaba y escuchó la conversación. Su rostro se torció en una mueca de superioridad. — No te preocupes, Melania. Yo llevo a las... "Señoritas". — Las miró de arriba abajo, su desprecio tan grueso que casi se podía tocar.

Caminaron unos cuantos pasos. Sorimar estaba exaltada. Con cada paso, su corazón se aceleraba más y más, golpeando como un tambor frenético contra sus costillas. Estaba, sin lugar a dudas, en la cueva del lobo.

Subieron al ascensor.

— ¿Estás nerviosa? Relájate. Eykel está de buen humor. Le acabo de dar un masaje con final feliz. — explicó la rubia, su voz un arrullo asquerosamente sugestivo, haciendo que el horror de Sorimar alcanzara su punto máximo.

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Gizlaine
me encantó la historia, felicidades autora
Gizlaine
Si
Micaela Machado
excelente novela me encantó muchísimo
Maby Isela Moreno
Excelente
Susi Lorenzatti
Una de las mejores, felicitaciones 👏🥰🔥🇦🇷
Ester Gonzáles Rodriges
bonita historia, continúe escribiendo y bendiciones para usted
Ester Gonzáles Rodriges
Excelente
Crisbel
Si de fácil 😭
Ester Gonzáles Rodriges
Excelente
Noerlin Mata
Me encanto, este libro .😍
Alexander Ballesteros
muy buena
Antonia
Muy bonita novela
Yomaira Pacheco
muy bonito gracias felicidades
Dolo Pavon
Excelente
indiecitajaque@hotmail.com
buensima gracias autora
Noris Edith Moreno Labastide
Ay dios mio cm gozo cn ese luchy 😂😂😂😂 esos 2 van a quedar juntos
Sami Gadea
excelente 🌹 me encantó de principio ah fin
Sami Gadea
excelente 🌹 me encantó de principio ah fin
Yuri Perez
jajajaja 😂🤣
Yuri Perez
Luchi 😭
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