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La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt12.

Me levanto del sofá, todavía con el abrigo puesto. Héctor sigue frente a la computadora, la luz azulada tiñe su cara de cansancio. Busco mi libreta de sueño, la abro con manos temblorosas y anoto palabra por palabra lo que vi. El tacto en mi brazo… aún lo siento. Como si la mano de Slim siguiera ahí, marcando su presencia en mi piel.

—Héctor —le digo sin mirarlo—. Tenemos que irnos.

—¿A dónde? Apenas son las 3:33 a.m. —responde, sin apartar la vista del monitor.

—A la dirección que me dio Slim. Casa 47. Norte. Rápido… —respondo, guardando la libreta.

Él no pregunta más. Me conoce demasiado bien para discutir cuando hablo así.

Cierra la base de datos y toma su abrigo, se lo coloca. Cierra su laptop y la guarda dentro de su abrigo, como si cargara su propia libreta de sueño. Caminamos directo a la salida sin mirar a nadie.

Al salir por la puerta, lo siento en la medula, la noche nos quiere tragar. La lluvia es pesada y oscura, silenciosa, crea una penumbra total, aún bajo los brillantes focos de la calle. Caminamos directo al coche.

Subimos, empapados. Enciendo el motor. Ruge molesto, como si lo hubiera despertado. Acelero a fondo saliendo directo al norte. El motor del coche ruge mientras la noche se abre frente a nosotros como una herida mal cerrada. La ciudad queda atrás, desdibujada por las luces de neón y el humo de las calles.

En el coche, el silencio pesa más que el ruido del motor. Héctor rompe el aire con una pregunta:

—¿Otra pesadilla?

Meto la mano en mi abrigo, saco la libreta de sueño y se la entrego.

—Lee las dos últimas entradas. —le respondo, sin dejar de ver el camino.

La toma. Mientras conduzco, el hojea las páginas manchadas de tinta. Sus ojos se mueven rápido. No habla. Solo lee con el ceño fruncido, las dos últimas entradas.

Lo veo tragar saliva.

—Esto es una locura… —susurra—. Una oficina vacía, un tipo con un diente de oro, una niña encerrada, una libreta en llamas… ¿y ahora te dice que vayas a una casa?

—Sí…

—¿Y si no significa nada?

—Entonces perderemos una noche. Pero si significa algo… podríamos estar a punto de entender por qué Slim se arrancó los ojos.

Da un largo suspiro, cerrando la libreta. Veo como la aprieta con sus manos, como queriendo estrangularla para que deje de atormentarme. Pero no digo nada, no hay nada que decir, solo ver y agradecer.

—Esto es una locura, hermano —dice al fin, sin apartar la vista de la libreta.

—Lo sé, hermano.

—No, en serio. Esto ya no es como antes. Antes eran pistas, conexiones, gente que sangraba. Pero esto… —levanta la libreta—, estos son susurros en sueños, voces de gente muerta, visiones.

Tomo un cigarrillo del bolsillo, lo enciendo, dejo que el humo me llene los pulmones antes de responder.

—Cuando me mira, Héctor. Siento que Slim sigue allí. Que todavía está en esa habitación, frente al espejo. Y que alguien… o algo… me está usando para hallar sus ojos. Siento que, si no lo logro, no dejaran de llegar las pesadillas.

—¿Y por eso vas a arrastrarme hasta el Distrito Norte a mitad de la noche? —pregunta con una media sonrisa nerviosa.

—Sí. Estúpido, solo por eso.

—¿Sabes lo que significa meternos en otro distrito sin una orden específica?

—Que... Solamente el teniente nos colgará de los pulgares, nada más.

—Y aun así vas.

—Si. Aun así.

Héctor suelta un suspiro largo y me devuelve la libreta.

—Te creo, aunque me odies por hacerlo. —su tono cambia, más bajo, más cansado—. Pero dime algo: ¿Qué sentiste en el sueño? En el de la visión.

—Dolor. Un dolor que no era mío. Como si me clavaran cristales en los ojos. Vi a una mujer frente de un espejo llorando, vi a un hombre envuelto en humo, un diente de oro brillando. Y una niña de cabello blanco, encerrada, llorando en la oscuridad.

—¿Y la libreta en llamas?

—Caía desde muy alto, como una cornisa de un edificio muy alto, como si alguien la soltara para que la encontrara.

Héctor tamborilea con los dedos en su rodilla, mientras mira fuera del coche.

—Y ahora el muerto te da una dirección… la Casa 47.

—Exacto…

—Perfecto —resopla—. El tipo que se arrancó los ojos ahora da órdenes desde el otro lado. Lo que faltaba.

No le respondo. Solo miro la oscuridad adelante, apartada por los focos del Mustang. La pesada lluvia golpeando el coche, creando infinitos ecos en su interior. Siento que, de alguna forma, Slim me está observando a través del retrovisor.

El resto del trayecto lo hacemos sin hablar. Héctor saca su laptop y la abre, la luz azul ilumina su rostro y el interior del coche, el humo de mi cigarrillo nos envuelve. Héctor baja la ventana dejando el humo escapar.

El control fronterizo aparece entre la pesada lluvia; la barrera llena de grafitis, maquinas con cámaras y censores, luces que giran sobre el pavimento mojado. Los guardias nos miran, tensos, se mueven a nosotros, hasta que me reconocen. Se giran y dejan de avanzar.

Freno justo sobre la pesada barrera de metal. Ajusto mi placa en el escáner. La luz verde ilumina el parabrisas. Una voz robótica suena desde la máquina:

Las barreras se abren con un gemido metálico. No saludo a nadie. Acelero.

Al entrar, el paisaje cambia. Las calles del Norte están limpias, ordenadas, iluminadas. Incluso la lluvia de este lado parece menos oscura. Pero todo huele falso. Hombres con trajes negros y corbatas rojas custodian las esquinas, los bares, incluso las tiendas. Nos observan. Cada mirada es una amenaza muda. Yo solo sonrío de vuelta.

—Odio este lugar.

Sin dejar de teclear, Héctor me responde.

—Lo sé, solo apuremos el paso. El único lugar que encontré que sea una casa y tenga el número 47, es en los muelles. Como una hora de viaje, tenemos que pasar lo más desapercibido posible, así que no podemos usar las sirenas. Solo date prisa y no llames la atención.

Héctor toca la pantalla del GPS en el tablero del coche y coloca la dirección. El GPS suena y marca la ruta más rápida.

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favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
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