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El Capo y la Enfermera

El Capo y la Enfermera

Status: Terminada
Genre:Acción / Romance / CEO / Mafia / Completas
Popularitas:360
Nilai: 5
nombre de autor: Paula menezes

Lucca Meirelles Hernandes es frío, letal y no le teme a nada. Como nuevo Capo de la Cosa Nostra en Seattle, tiene el poder, el dinero y una sola regla inquebrantable: el amor es una debilidad que jamás se permitirá.

Hasta que una enfermera de metro y medio, brava y sin un centavo, le suelta una cachetada delante de todos sus hombres.

Ana Beatriz Olivares aprendió a sobrevivir sola. Cuida vidas de día, duerme con un cuchillo bajo la almohada de noche y no le baja la mirada a nadie… ni siquiera al hombre más peligroso de la ciudad. Lo que empieza como un choque de fuego cruzado termina arrastrándola a un mundo de casinos, secretos y balas, donde ser la mujer del Capo la convierte al mismo tiempo en la más protegida y en el blanco más codiciado.

Él juró no amar jamás. Ella juró no volver a ser de nadie. Pero cuando los enemigos empiezan a cerrar el círculo, ninguno de los dos podrá negar por cuánto sería capaz de matar… y de morir… por el otro.

Pasión ardiente, lealtad de sangre, venganza y una historia de amor que nace entre las balas. El Capo y la Enfermera: cuando el hombre que no debía sentir nada se enamora de la única mujer que se atrevió a plantarle cara.

NovelToon tiene autorización de Paula menezes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Ana

Llevo quince minutos corriendo. Dios mío, este condominio donde vive Lucca es enorme. Por fin logro llegar a la avenida y, por suerte, consigo un taxi.

Me subo y le doy la dirección de la casa de los papás de Eliza. Ella está quedándose ahí porque su departamento está en remodelación.

Después de unos largos minutos llego a la casa de sus papás, que también es grande, aunque nada comparada con la mansión de ese loco.

La llamo y enseguida aparece, me manda a entrar y me pregunta qué pasó para que esté ahí a esa hora.

Solo ella puede ayudarme a escapar de aquí.

Entramos. Sus papás estaban en la sala; los saludo y nos vamos a su cuarto. Entonces le cuento todo con detalle, cómo pasó, y ella se queda con la boca abierta.

—¿Me estás diciendo que Carlos intentó abusar de ti otra vez, que el príncipe azul llegó en un Ferrari a salvarte, que después te llevó a su castillo prometiendo protegerte para siempre… y tú te escapaste? —pregunta Eliza.

—Eliza, tómalo en serio, por favor… —le digo.

—¡Ana! Lo intento, pero yo en tu lugar no me despegaría de él nunca más. Un guapo maravilloso quiere secuestrarme y cuidarme, y ni loca me escapaba —responde.

—Eliza, ¿me vas a ayudar o no? —insisto.

—Claro, Ana, estoy jugando… bueno, en realidad no, porque de verdad yo no me escapaba, peroooo… respeto tu decisión y te apoyo. Tengo un amigo que hace pasaportes falsos, le voy a pedir uno para ti. Por hoy te quedas a dormir aquí y mañana vemos adónde puedes irte —dice al fin.

Estábamos conversando, poniéndonos de acuerdo en cómo hacer para recoger mis cosas, cuando escucho ruido de una puerta que revientan y gritos.

Bajamos corriendo y, para mi susto y mi mala suerte, ahí está Lucca, mirándome con una sonrisa ladeada macabra, y junto a él unos veinte hombres armados hasta los dientes.

—Miren nada más a mi fugitiva… Fui al departamento de tu amiga, pero no estaban ahí. Qué bueno que están todos aquí. Pero ya nos vamos: ven, Ana, ¡nos vamos! —dice Lucca.

—¡Yo no voy a ningún lado contigo! —le grito.

—Me imaginé que dirías eso. Tu terquedad va a hacer las cosas más divertidas —responde.

Empieza a sonreír, pero sé que va a pasar alguna mierda. Hace una seña y uno de sus hombres me sujeta, mientras otros cuatro ponen a Eliza y a sus papás de rodillas en el suelo.

Se coloca detrás de ellos y empieza a apuntarles con un arma. Eliza y su mamá están llorando, y yo le suplico que no les haga daño.

—Ana, ¿sabías que el papá de tu amiguita juega en mi casino… y que debe tanto que, aunque me entregara toda su fortuna, aun así me seguiría debiendo? —me dice Lucca.

Eliza y su mamá lo miran llorando, sorprendidas por lo que están escuchando; él, en cambio, tiene la cabeza baja. Entonces Lucca continúa.

—Sé que no podrá pagarme todo. Por lo general, en estos casos, mato al deudor y vendo en el mercado negro a la esposa y a las hijas…

Ellas empiezan a llorar, pidiéndole a Lucca que perdone la deuda, y el papá le suplica que no les haga nada a ellas.

Yo estoy furiosa con él, intento soltarme pero no puedo, y empiezo a rogarle que no les haga nada.

Amartilla el arma, se la pone en la cabeza al papá de Eliza y me mira con una sonrisa aterradora.

—Por favor, Lucca, hago lo que quieras, pero no les hagas daño —le suplico.

—Mmm, perfecto, así me gusta. Entonces vamos a negociar. Si vuelves conmigo tranquilita y sin gracias, y te casas conmigo mañana, y me prometes que no vas a escaparte más, yo, como tengo buen corazón, le perdono la deuda y los dejo en paz. Claro, siempre y cuando te portes bien —dice.

—Solo puedes estar loco. Yo nunca me voy a casar contigo —respondo.

—Perfecto, tú elegiste —dice.

Sin más, le dispara en la pierna al papá de Eliza, y todos gritamos; yo le suplico que no lo mate.

—Ana, esto es para que entiendas que no estoy jugando. No entendí tu respuesta anterior… ¿la puedes repetir? —me pregunta Lucca.

—M… me ca… caso contigo, ¡idiota! Te odio, Lucca, nunca te voy a perdonar —le digo entre sollozos.

Me sonríe y le hace una seña al mastodonte que me sujeta, y entonces me saca de ahí…

Estoy perdida…

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