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AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

Status: En proceso
Genre:Edad media / Traiciones y engaños
Popularitas:568
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Mehmet sabe que alguien dentro de su propia familia quiere verlo muerto. Mahidevran ha decidido eliminar al príncipe para abrirle el camino a su hijo Mustafa, mientras la corte comienza a elegir bandos. Pero Mehmet no piensa convertirse en otra víctima de las intrigas del palacio.
En secreto, prepara su propia muerte.
Durante una cacería, una flecha lo hiere y cae por un barranco. Todos creen que el príncipe ha muerto. Mientras sus enemigos celebran, Mehmet desaparece para preparar su regreso y descubrir quiénes participaron en la conspiración.
Con Hürrem, su hermana y su padre, el sultán Süleyman, como sus aliados, Mehmet comenzará una partida donde cada movimiento tendrá consecuencias.
Pero también encontrará aliados inesperados, incluso en lugares donde nadie los buscaría.
Porque Mehmet ya no quiere sobrevivir.
Quiere el trono.
Y esta vez, no vendrá a pedir permiso.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE EL BARRANCO SE LLEVÓ

La cacería transcurría entre risas y el bullicio de los perros que rastreaban el rastro. Mi padre, el Sultán Solimán, cabalgaba al frente, con la mirada atenta y el semblante tranquilo. A su lado, varios cazadores preparaban sus arcos, pues una gran presa había sido avistada entre los arbustos. Yo me había asegurado de que estuviera allí, junto a mí, sin alejarse ni un paso. No permitiría que nada le ocurriera. Todo estaba calculado hasta el más mínimo detalle. Incluso quién lanzaría la flecha y hacia dónde iría. No hacia él. Hacia mí.

—¡Preparen! —gritó uno de los guardias, señalando entre los árboles.

Todos guardaron silencio. Pero en ese instante, alguien más soltó la cuerda. No hacia el animal. Hacia nosotros. Vi el movimiento de reojo. Sabía que llegaría. En lugar de esquivar, di un paso adelante, justo delante de mi padre. La flecha me golpeó en el hombro, con fuerza suficiente para doler, pero no para atravesarme por completo. Solté un grito, no tanto por el dolor, sino para que todos creyeran que era mortal. Mi caballo se encabritó. Estábamos al borde del barranco. Me aferré a las riendas un instante, miré a mi padre a los ojos, y entonces me dejé caer hacia atrás, hacia el vacío, mientras alzaba la voz con toda mi alma:

—¡PADRE! ¡AYÚDAME!

Vi cómo su rostro se desgarraba justo antes de que desapareciera de su vista. Caí entre ramas y matorrales que frenaron mi descenso. Al tocar el suelo, me puse de pie con rapidez. No había tiempo que perder. Con manos firmes, me desgarré la túnica, dejando que la sangre de mi herida manchara abundantemente la tela, la flecha rota entre las prendas. La esparcí entre las piedras y la tierra, como si hubiera sido arrastrado, luchando por sobrevivir. Rasgué las mangas, desprendí botones, dejé jirones de tela en las ramas bajas. Y finalmente, dejé la mayor parte de mi ropa amontonada cerca de unos rastros que mis hombres habían preparado, como si una bestia salvaje me hubiera arrastrado y despedazado contra las rocas.

—Rápido, Príncipe —susurró Hasan—. Debemos alejarnos antes de que desciendan.

Me cubrí con una capa oscura que me entregó y desaparecimos por el sendero oculto que ya habían limpiado esa madrugada. No muy lejos, pero lo suficientemente arriba para ver sin ser visto.

Arriba, el caos había estallado.

—¡Bajen! —bramó Solimán, su voz quebrada—. ¡Que alguien baje ahora mismo! ¡Encuentren a mi hijo!

Pasaron lo que parecieron horas antes de que los guardias pudieran abrirse paso por la ladera empinada. Cuando finalmente llegaron al lugar donde había caído, escuché sus voces temblorosas subir desde el abismo.

—¡Mi Sultán! —gritó el capitán de los jenízaros, con la voz quebrada—. Encontramos… encontramos su ropa. Está desgarrada, llena de sangre. Hay rastros… como si algo lo hubiera arrastrado entre las rocas. No hay cuerpo. Solo esto.

—¿Cómo que no hay cuerpo? —gimió mi padre—. ¡Busquen más! ¡No se rindan!

—El terreno es difícil, mi Sultán —respondió el soldado con respeto y dolor—. Y hay huellas de animales grandes en la tierra blanda. Parece que… parece que no sobrevivió a la caída. Y lo que no hizo el barranco… quizás lo terminó la bestia. Lo sentimos profundamente. No hay nada más que encontrar.

El silencio que siguió fue el más pesado que jamás había escuchado. Y luego, un sollozo ahogado, desgarrador, salió de lo más profundo de mi padre.

—No… no puede ser… mi hijo… mi Mehmet…

Me llevé una mano al pecho, sintiendo como si el dolor de él me atravesara a mí también. Quería gritar. Quería correr hacia él y decirle que estaba bien, que estaba aquí, vivo. Pero apreté los dientes y me quedé inmóvil. Si me veían ahora, todo habría sido en vano. Mahidevran y Mustafa estarían esperando cualquier señal, cualquier fallo para acabar conmigo de verdad. Tenía que ser un fantasma. Tenía que estar muerto para el mundo, hasta que fuera el momento de volver y tomar lo que era mío.

—Debemos irnos, Príncipe —repitió Hasan suavemente—. Antes de que decidan registrar cada rincón.

Miré una última vez hacia abajo. Los guardias subían lentamente, llevando mis ropas ensangrentadas con reverencia, como si fueran lo último que quedaba de mí. Mi padre se había dejado caer sobre una roca, con la cabeza entre las manos, llorando en silencio. Nunca lo había visto así. Y me dije a mí mismo: este dolor será el precio de mi regreso. Y cuando vuelva, lo haré valer más que nunca. Por ti, padre. Por todos nosotros.

Me di la vuelta y desaparecí entre los árboles. Lejos de allí, en la soledad de la montaña, comenzaría mi verdadera preparación. No solo para gobernar, sino para sobrevivir en un mundo donde mi propia familia había decidido que mi muerte era su mejor oportunidad. Que creyeran que una bestia me había devorado. Que lloraran mi partida. Porque cuando regrese, no vendré solo. Vendré con la fuerza de quien ya ha vencido a la muerte. Y entonces, entenderán que el príncipe que perdieron… era solo el comienzo del Sultán que me convertiría en.

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