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LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance de oficina / CEO / Romance / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Christine tiene 26 años, trabaja como contable en una importante corporación alimentaria y cree ser una hoja al viento tras haber crecido en un orfanato. Su vida transcurre en calma hasta que un inesperado ascenso la lleva al último piso de la empresa, directo al despacho de Rubén, el frío y estricto CEO. Él vive atrapado en una jaula de oro, obligado a cumplir una promesa familiar y casarse con Clarisa, la caprichosa y superficial hija del socio de su padre.
Entre balances financieros y reuniones compartidas, una atracción prohibida e inevitable surge entre la contable y el director ejecutivo. Sin embargo, un trágico accidente y una inesperada emergencia médica en el hospital lo cambiarán todo, sacando a la luz una anomalía biológica que desatará las sospechas del pasado.
Nadie es quien dice ser. En un mundo de lujos falsos y secretos de alcoba, ¿qué misterio se esconde detrás de la cuna de la verdadera heredera? El altar de la verdad está listo para que caigan las máscaras.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 12 EL ECO DE LA SANGRE

Christine

Caminar por la alfombra del majestuoso salón del Hotel Imperial me hacía sentir fuera de lugar. El tintineo de las copas de cristal de bohemia, las risas ensayadas de la alta sociedad y el destello de las joyas millonarias formaban un escenario imponente. Lois me sujetaba firmemente del brazo, disimulando sus propios nervios detrás de una sonrisa deslumbrante mientras contemplaba las lámparas de araña que colgaban del techo.

—Mantén la cabeza alta, Chris —me susurró al oído con voz decidida—. Eres la jefa de contabilidad y estás aquí porque te lo has ganado con tu cerebro. Mira a tu alrededor, la mitad de estas mujeres parecen árboles de Navidad andantes, pero tú tienes clase de verdad.

Le agradecí el cumplido con una mirada, intentando que mi respiración se normalizara. Sin embargo, toda la seguridad que Lois intentaba inyectarme se desmoronó cuando mis ojos localizaron la zona VIP del salón. Allí, rodeado por fotógrafos y empresarios, estaba Rubén. El esmoquin negro le sentaba de una manera insultantemente perfecta; resaltaba su porte atlético y esa elegancia innata que lo caracterizaba. A su lado, aferrada a su brazo como si fuera un trofeo, se encontraba una chica de vestido rosa pastel cubierto de pedrería deslumbrante. Supuse de inmediato que era Clarisa. Era innegable que gastaba una fortuna en su aspecto, pero su lenguaje corporal emanaba una altanería que resultaba incómoda de ver.

—Christine, por protocolo tenemos que ir a presentarnos ante la mesa directiva y los socios principales —me recordó Lois, señalando sutilmente hacia el grupo donde se encontraba Rubén—. El director de recursos humanos me dijo que es obligatorio que los nuevos jefes de departamento saluden a la presidencia al inicio de la noche.

Un nudo se me formó en la garganta. Sabía que era inevitable, pero tener que ponerme frente a Rubén y su prometida me aterrorizaba. Tomé aire, acomodé los pliegues de mi vestido azul medianoche y caminé junto a Lois hacia el centro del salón, sintiendo que cada paso me acercaba a la boca del lobo.

Rubén

No podía apartar los ojos de ella. Desde el momento en que Christine cruzó la entrada del salón, mi capacidad de concentración se redujo a cero. Su caminar era pausado, lleno de una gracia natural que no necesitaba de plumas ni diamantes para destacar. Cuando vi que empezaba a avanzar junto a su amiga hacia el sector donde nos encontrábamos nosotros, mi corazón dio un vuelco salvaje contra mis costillas.

A mi lado, el padre de Clarisa, el señor Alejandro, seguía hablando efusivamente sobre los fondos de inversión internacionales, mientras que su esposa, la señora Leonor, asentía con una elegancia melancólica. Leonor siempre me había parecido una mujer distinguida y de gran corazón, a diferencia de su hija, aunque en los últimos años la había notado apagada, como si cargara con una tristeza oculta que las compras y los eventos benéficos no lograban sanar.

—¡Oh, miren quién viene por ahí! —intervino mi padre, llamando la atención del grupo—. Es la señorita Christine, la nueva jefa de contabilidad de nuestra planta principal. Martínez me dio los mejores informes sobre ella antes de marcharse. Una mente brillante.

Clarisa resopló de inmediato, cruzándose de brazos con evidente fastidio.

—Ay, por favor, papá... ¿Ahora también tenemos que alternar con los empleados de los números en las galas de etiqueta? —se quejó en un susurro chillón que por desgracia todos escuchamos—. Este evento se está volviendo súper ordinario, te lo juro.

—Clarisa, por favor, modera ese tono —la reprendió la señora Leonor con una voz suave pero firme, mirándola con una pizca de desaprobación antes de girarse hacia la dirección en la que Christine se aproximaba.

Cuando Christine llegó frente a nosotros, se detuvo con una postura impecable. Al sostener la mirada de mi grupo, sus ojos se cruzaron con los míos por un leve momento, y juro que volví a experimentar esa intensa corriente eléctrica que nos unía.

—Buenas noches, señores directores, señoras —saludó Christine con una voz dulce y melodiosa que resonó con total claridad—. Soy Christine, del departamento de contabilidad de la fábrica. Es un verdadero honor acompañarles esta noche en un evento tan importante para la fundación.

—El honor es nuestro, muchacha —respondió mi padre con amabilidad paternal—. El señor Martínez me aseguró que la fábrica no podría estar en mejores manos financieras. Ella es su amiga, la señorita Lois, entiendo. Bienvenidos.

Hice el amago de dar un paso al frente para saludarla formalmente, pero lo que sucedió a continuación nos dejó a todos completamente paralizados en el sitio.

La señora Leonor, la madre de Clarisa, dio un paso involuntario hacia adelante, apartando sutilmente a su propia hija. Se quedó mirando fijamente el rostro de Christine, con los ojos extremadamente abiertos y una palidez repentina que le cubrió las mejillas. Se llevó una mano al pecho, a la altura del corazón, como si le faltara el aire de golpe o hubiera visto un fantasma en mitad del salón de baile.

—¿Leonor? ¿Te encuentras bien, mi amor? —preguntó el señor Alejandro, tomándola del codo al notar el extraño trance de su esposa.

Leonor no respondió a su marido. Su mirada estaba completamente hipnotizada, clavada en los ojos de Christine, recorriendo cada facción de su rostro, la forma de su sonrisa tímida y la línea de su mandíbula.

—Es... es increíble —susurró la señora Leonor con un hilo de voz temblorosa, ignorando por completo el protocolo social—. Disculpa mi atrevimiento, jovencita... Christine, ¿verdad? ¿De dónde dijiste que eres?

Christine pestañeó, notablemente desconcertada y nerviosa por la intensa fijación de la distinguida dama.

—Yo... yo soy de una provincia del norte, señora —respondió Christine con timidez, entrelazando sus dedos sobre su bolso de mano—. Me crié allí antes de venir a la universidad en la ciudad.

Leonor soltó un suspiro ahogado y se giró hacia su esposo, tomándolo del brazo con una urgencia que me pareció sumamente extraña.

—Alejandro, mírala bien, por favor —le pidió Leonor con los ojos humedecidos por una emoción inexplicable—. Mírale los ojos... y esa forma tan particular de sonreír al bajar la mirada. Es idéntica a mi madre. Tiene exactamente los mismos rasgos de mi madre cuando tenía su edad. Te juro que al verla caminar hacia nosotros, por un segundo he sentido un vuelco en el corazón, como si estuviera viendo el reflejo de mi propia sangre.

El señor Alejandro miró a Christine con detenimiento, visiblemente sorprendido por el arrebato de su esposa. Frunció el ceño sutilmente, analizando las facciones de la joven contable.

—Bueno... es cierto que tiene unas facciones muy distinguidas, Leonor —admitió Alejandro con prudencia, tratando de calmarla—. Pero la genética a veces juega malas pasadas y crea coincidencias asombrosas en el mundo. No te alteres, querida, estamos en público.

—¡Ay, por favor, mamá! ¡Qué ridiculeces estás diciendo! —estalló Clarisa, metiéndose en medio de la conversación con una rabia desmedida, fulminando a Christine con una mirada cargada de odio y desprecio—. ¿Cómo vas a comparar a mi abuela, una mujer de la alta sociedad, con una simple contable muerta de hambre que viene de quién sabe dónde? Yo soy tu hija, yo soy la que heredó la belleza de la familia, no esta aparecida que ni siquiera sabemos de qué barrio ha salido. O sea, me parece una falta de respeto total hacia mí.

Las palabras despectivas de Clarisa crearon una tensión insoportable en el grupo. Mi padre carraspeó con incomodidad y yo apreté los puños detrás de la espalda, conteniendo unas ganas inmensas de callar a mi prometida en público por su tremenda mala educación.

Christine se mantuvo firme, aunque vi el dolor y la humillación cruzar por sus ojos ante el insulto de Clarisa. Levantó la barbilla con una dignidad admirable que me llenó de orgullo.

—Disculpen si mi presencia ha causado alguna molestia —dijo Christine con un tono sereno pero firme, manteniendo una compostura que Clarisa jamás tendría—. Con su permiso, mi amiga y yo nos retiraremos a la zona de las mesas. Que tengan una excelente velada.

Christine y Lois hicieron una breve inclinación de cabeza y se alejaron con paso elegante hacia el otro extremo del salón. Me quedé mirando cómo se marchaba, sintiendo una extraña agitación en mi propio pecho. La reacción de la señora Leonor había sido demasiado visceral, demasiado real como para ser una simple coincidencia. Miré de reojo a Clarisa, que seguía refunfuñando de manera caprichosa mientras se retocaba el lápiz de labios, y luego miré a la señora Leonor, que mantenía sus ojos fijos en la distancia, siguiendo la silueta azul medianoche de Christine con una mezcla de nostalgia y una duda profunda que acababa de sembrarse en su alma de madre.

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Monica Cobos
Una tierna y hermosa historia de vida y amor 💕💕💕🍀🙋🇦🇷🇦🇷
Mirna Lobo
espectacularmente buena 👏👏😊 felicidades escritora, espero que sus problemas se resuelvan con bien y gran abrazo 🤗 y bendiciones 😊😊😊
Mirna Lobo
que bonito y que gran corazón el de Cristine , todo lo que es , se lo debe a las enseñanzas de esa gran mujer 😊👏👏👏❤️❤️
Mirna Lobo
❤️❤️❤️la corriente vuelve a su cause 👏👏😊😊
Mirna Lobo
me pregunto de dónde sacó esa señora cincuenta mil dólares para pagarle al médico ❓❓❓
Mirna Lobo
resultó que la insufrible no es hija de ella 🫢 fueron cambiadas, espero que se le bajen los humos a la lagartona de la Clarisa😠😠
Mirna Lobo
no me digas que Cristine es hermana de la insufrible 🤔😠 eso sí es tener mala suerte en la vida 😤 o al menos que las hayan intercambiado 🤔
Mirna Lobo
que maravilla que tenga sentimientos tan bonitos para la persona que la cuidó en el orfanato 😊😊
Andrea Nardelli
extraordinaria exelelentemente escrita
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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