SIN ESPOILER
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BIENVENIDA A CASA
Alemania…
El vehículo avanzaba tranquilamente por las calles.
Lia permanecía junto a la ventana, observando todo con curiosidad.
Era diferente a Rusia.
No solo por el paisaje.
También por la sensación que le producía estar allí.
Ya no estaba en la mansión de Kiran.
Ya no estaba rodeada de médicos y personas encargadas de cuidarla.
Ahora estaba comenzando una nueva etapa.
Astrid conducía mientras de vez en cuando la observaba por el espejo retrovisor.
—¿Estás bien?
Lia asintió.
—Sí.
Astrid sonrió.
—¿Segura?
—Un poco nerviosa.
—Es normal.
Lia volvió a mirar por la ventana.
—Nunca había estado en Alemania.
—Entonces tendrás mucho que conocer.
—¿Tú llevas mucho tiempo viviendo aquí?
—Algunos años.
—¿Te gusta?
Astrid sonrió.
—Mucho.
Después añadió:
—Aunque Rusia siempre será especial para mí.
Lia sonrió.
—Kiran me contó que eres su hermana menor.
—Sí.
—Nunca imaginé que tuviera una hermana.
Astrid soltó una pequeña risa.
—Kiran no suele hablar demasiado de su familia.
—Eso sí lo noté.
—Es bastante reservado.
—Mucho.
Ambas rieron.
---
Después de varios minutos, el vehículo comenzó a alejarse de las zonas más transitadas.
Lia observó que las calles se volvían más tranquilas.
Finalmente llegaron frente a una hermosa casa.
No era una mansión exageradamente grande.
Era elegante.
Acogedora.
Rodeada de árboles y un pequeño jardín.
Astrid estacionó.
—Llegamos.
Lia bajó lentamente del vehículo.
Miró la casa.
—Es preciosa.
—Gracias.
Astrid tomó una de las maletas.
—Ven.
Entraron.
Lia se quedó sorprendida.
El interior era cálido.
Había fotografías familiares.
Plantas.
Libros.
Pequeños detalles que hacían que el lugar se sintiera vivido.
No parecía una casa fría.
Parecía un hogar.
Astrid dejó la maleta en el recibidor.
—Puedes dejar tus cosas aquí por ahora.
Lia miró alrededor.
—Es muy bonito.
—Me alegra que te guste.
Astrid se acercó.
—Quiero que tengas algo claro desde el principio.
Lia la miró.
—¿Qué?
—No estás aquí como invitada.
Lia frunció ligeramente el ceño.
—¿Entonces?
Astrid sonrió.
—Estás aquí como familia.
Lia se quedó completamente quieta.
Aquella palabra volvió a golpearla.
Familia.
No estaba acostumbrada a escucharla de esa manera.
—Astrid…
—No tienes que responder.
Astrid habló con suavidad.
—Solo quiero que sepas que no tienes que caminar con cuidado alrededor de mí.
Lia bajó la mirada.
—No sé cómo hacer eso.
—Aprenderás.
—¿Y si hago algo mal?
—Entonces lo hablamos.
—¿Y si te molesto?
—Me lo dices.
Lia levantó la mirada.
Astrid sonrió.
—Y si alguna vez necesitas estar sola, también me lo dices.
Lia sintió que sus ojos se humedecían.
—Kiran tenía razón sobre ti.
Astrid arqueó una ceja.
—¿Qué dijo?
—Que eras tranquila.
Astrid soltó una pequeña carcajada.
—¿Solo eso?
—También dijo que podía confiar completamente en ti.
La sonrisa de Astrid se volvió más cálida.
—Ese hombre nunca sabe expresar las cosas.
Lia sonrió.
—Eso parece.
---
Astrid comenzó a enseñarle la casa.
Primero la sala.
Después la cocina.
Luego un pequeño estudio.
Finalmente subieron las escaleras.
—Tu habitación está aquí.
Astrid abrió una puerta.
Lia entró.
Se quedó sorprendida.
La habitación era luminosa.
Había una cama cómoda, un armario, un escritorio y una ventana desde la que podía verse el jardín.
Sobre la cama había una pequeña manta doblada.
Y junto a la ventana, un pequeño ramo de flores.
Lia se acercó.
—¿Esto…?
—Lo preparé para ti.
Lia tocó suavemente una de las flores.
—Es precioso.
—Pensé que quizá te gustaría.
Lia sonrió.
—Gracias.
Astrid se apoyó en el marco de la puerta.
—Si quieres cambiar algo, me dices.
—Está perfecto.
—¿Segura?
Lia asintió.
—Sí.
Astrid sonrió.
—Entonces esta es tu habitación.
Lia miró nuevamente alrededor.
—¿De verdad puedo quedarme aquí?
—Todo el tiempo que necesites.
Lia respiró profundamente.
Después dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Creo que me va a gustar Alemania.
Astrid sonrió.
—Eso espero.
---
Un rato después…
Lia terminó de guardar algunas de sus cosas.
Astrid estaba sentada en una silla mientras la observaba.
—¿Tienes hambre?
Lia negó.
—Un poco.
—Eso significa que sí.
Lia soltó una pequeña risa.
—Tal vez.
—Entonces vamos a comer algo.
—No quiero darte trabajo.
Astrid la miró seriamente.
—Lia.
—¿Sí?
—No eres un trabajo.
Lia se quedó callada.
Astrid se levantó.
—Vamos.
Ambas bajaron a la cocina.
Mientras preparaban algo sencillo para comer, comenzaron a hablar.
No de su pasado.
No de su tío.
No de Brayan.
Simplemente de cosas pequeñas.
Películas.
Música.
Lugares que Astrid quería enseñarle.
Comida alemana.
Incluso algunas historias de Kiran cuando era niño.
—¿Kiran hacía travesuras?
Astrid sonrió.
—Muchas.
Lia abrió los ojos.
—¿En serio?
—No parece, ¿verdad?
—No.
—Pues era bastante problemático.
Lia comenzó a reír.
—Quiero saberlo todo.
—Tal vez algún día.
—Prometido.
Astrid sonrió.
—Prometido.
---
Esa noche…
Lia estaba nuevamente en su habitación.
Se acercó a la ventana.
Alemania estaba tranquila.
Las luces de las casas brillaban a lo lejos.
Lia tomó su teléfono.
Tenía un mensaje de Kiran.
"¿Llegaste bien?"
Lia sonrió.
Respondió:
"Sí. Astrid me recibió muy bien."
La respuesta llegó pocos segundos después.
"Me alegra."
Lia escribió:
"Tu hermana es maravillosa."
Pasaron unos segundos.
Entonces apareció otro mensaje.
"Lo sé."
Lia sonrió.
Dejó el teléfono sobre la mesa.
Después miró nuevamente la habitación.
Ya no parecía una habitación desconocida.
Comenzaba a sentirse diferente.
Más cálida.
Más segura.
Más suya.
Lia se acostó.
Cerró los ojos.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Se quedó dormida sin miedo.
Mientras tanto, en el piso inferior, Astrid observó el mensaje de Kiran que acababa de recibir.
"Gracias por cuidarla."
Astrid sonrió.
Respondió:
"No tienes que agradecerme. Ahora también es parte de mi familia."
Y en algún lugar muy lejos…
Kiran leyó aquellas palabras.
Por primera vez desde que había enviado a Lia lejos de Rusia…
Se permitió sentirse un poco más tranquilo.
Porque sabía que había dejado a Lia en buenas manos.