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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

EL DESAFÍO Y LA PROMESA DE FUEGO

El silencio en la casa pesaba como plomo. Katherine permanecía de pie junto a la mesa, mirando el anillo abandonado sobre la madera oscura, como si fuera un trofeo de guerra robado. Las lágrimas se le habían secado en las mejillas, dejando una sensación de ardor seco, pero en su interior algo más profundo hervía: la certeza de que Diana no se conformaría con llevarse a Marco. Querría humillarla. Destruirla por completo.

Y no tuvo que esperar mucho para confirmarlo.

El teléfono vibró en la mesa. Un mensaje. De Diana.

“No te hagas la mártir. Marco me ama de verdad. Mañana iremos a la cena de la familia juntos. Será mejor que no faltes… o todos pensarán que te has escondido por vergüenza”.

Katherine apretó el teléfono hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La rabia le subió por la garganta, cálida y violenta. Diana no solo quería ganar; necesitaba verla derrotada, arrodillada, para saborear su triunfo. Quería que todos supieran que la hermana menor había arrebatado el prometido a la mayor.

—No voy a darte ese gusto —murmuró, y sus propias palabras la sorprendieron por la frialdad que encerraban.

Poco después, el timbre sonó. El corazón le dio un vuelco: ¿sería Marco, arrepentido? ¿O Diana, viniendo a rematar la herida? Abrió la puerta de golpe, dispuesta a enfrentar lo que fuera.

Era Diana. De pie en el umbral, con una sonrisa radiante, vestida con el vestido que Katherine había guardado para una cena especial, el que ella misma le había regalado hacía meses. Entró sin esperar invitación, como si la casa ya fuera suya.

—Sabía que no te habrías ido —dijo, recorriendo el salón con la mirada, deteniéndose en el vestido de novia aún extendido sobre la cama—. Qué lástima. Todo tan bonito… y sin embargo, tan vacío.

—¿Qué quieres, Diana? —Katherine cerró la puerta con suavidad, pero sus ojos eran dos brasas encendidas—. ¿No fue suficiente lo que hiciste?

—Claro que no —respondió ella, acercándose despacio, con voz aterciopelada y venenosa—. Quiero que lo entiendas. Marco nunca te perteneció. Solo estaba esperando a alguien que supiera despertarlo. Tú eras segura, cómoda… aburrida. Yo lo hago arder.

—Te acuestas con el hombre que va a casarse con tu hermana y te atreves a hablar así…

—No me acosté con él, lo amé —la interrumpió Diana, con una frialdad que heló la sangre de Katherine—. Y él me corresponde. Mírate: estás rota, llorando por alguien que nunca te valoró. ¿Crees que alguien te va a querer así? Nadie te va a mirar como me miran a mí.

Diana se detuvo a su altura, inclinándose levemente hacia ella, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cortante:

—Nunca fuiste suficiente para él. Nunca serás suficiente para nadie. Quédate con tu soledad, hermana. Yo me quedo con todo lo que tú creías merecer.

Katherine sintió el impulso de golpearla, de arañar esa sonrisa falsa de su cara, pero se contuvo. Sus manos temblaban, pero las entrelazó con fuerza, clavándose las uñas en las palmas. Si la atacaba, ganaba Diana. Ella quería verla descontrolada, fuera de sí, confirmando que era la víctima débil que suponía.

—Vete —dijo Katherine, y su voz fue firme, tajante—. Sal de mi casa.

Diana rio, una risa ligera, cruel.

—Como quieras. Pero recuerda lo que te digo: mañana, en la cena, todos sabrán la verdad. Y tú serás la decepción de la familia. Adiós, hermana. Que sueñes con los angelitos.

Cerró la puerta tras de sí, dejando a Katherine sola.

Durante unos minutos, no se movió. Las palabras de Diana resonaban en su mente como un martillo golpeando el metal: nunca fuiste suficiente… nadie te va a querer… serás la decepción. Pero en lugar de hundirla, esas frases encendieron algo que dormía en lo más profundo de su ser. La rabia se transformó en determinación. El dolor, en combustible.

Se sentó frente al espejo. Se lavó la cara con agua fría, eliminando todo rastro de lágrimas. Se miró fijamente a los ojos: estaban rojos, pero ya no llorosos. Brillaban con una luz nueva, oscura y decidida.

—¿Que no soy suficiente? —susurró a su reflejo—. ¿Que nadie me va a mirar? Pues verás, hermana mía. Verás cómo me miran. Y verás cómo ardes de envidia.

No iba a presentarse sola a esa cena. No iba a aparecer con la cabeza baja, pidiendo compasión. Iba a llegar con alguien a su lado. Alguien que impusiera respeto. Alguien que despertara temor y admiración a la vez. Alguien que hiciera que Marco se mordiera los labios de arrepentimiento y que Diana perdiera esa sonrisa de suficiencia.

Alguien peligroso.

Sacó el teléfono y buscó entre sus contactos hasta llegar a un nombre que le habían mencionado meses atrás, en una conversación que apenas recordaba: “Si alguna vez necesitas que alguien te tema, llama a este número. Consigue lo que sea, por cualquier medio”. En ese momento le pareció algo absurdo, una broma de mal gusto. Ahora… ahora era su única oportunidad.

Marcó. La llamada sonó una, dos, tres veces. Cuando la voz al otro lado respondió, era grave, masculina, sin ninguna calidez.

—¿Quién habla?

—Necesito contratar a alguien —dijo Katherine, y su voz no tembló—. Alguien que parezca peligroso. Que intimide. Que haga que se arrepientan de haberme lastimado. Pagaré lo que sea.

Hubo un silencio breve al otro lado, luego una respiración lenta.

—Eso puede costar mucho… y no todo tiene vuelta atrás.

—No me importa —respondió ella, mirando el anillo sobre la mesa—. Quiero que paguen. Y no me importa con quién tenga que tratar para lograrlo.

—Muy bien. Te pondré en contacto con la persona adecuada. Prepárate: no es un juego. Lo que enciendas puede quemarte a ti también.

—Que arda todo —respondió Katherine, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió—. Que arda todo lo que ellos aman. Y que se consuman en sus propias llamas.

Colgó. El plan empezaba a tomar forma. Sabía que estaba cruzando una línea que no se podía volver a cruzar. Sabía que estaba buscando fuego. Pero ya no le importaba. Si Diana quería guerra, la tendría. Y ella no pensaba perder.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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