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TU, MI HISTORIA INESPERADA

TU, MI HISTORIA INESPERADA

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / Romance de oficina / Completas
Popularitas:22.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

NOVELA +18 ⚠️

Julieta Álvarez siempre ha creído que el amor merece segundas oportunidades. El problema es que lleva tres años dándole oportunidades a la persona equivocada.

Cuando finalmente decide ponerle punto final a una relación que solo le ha dejado secretos, excusas y demasiadas decepciones, lo último que espera es que su vida se complique todavía más con la llegada de Alejandro Santana.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

...JULIETA ÁLVAREZ...

Apenas dormí tres horas. Tenía los ojos hinchados por las lágrimas de la noche anterior y el cuerpo cortado por el cansancio, pero me vestí con lo primero que encontré: unos jeans cómodos, una blusa básica holgada y un suéter tejido.

Cuando bajé a la sala, Sabrina ya estaba ahí, radiante, hiperactiva y escoltada por sus dos damas de honor estrella: Carolina y Rebecca.

—¡Julieta! ¡Por fin despiertas! —chilló Sabrina, abrazándome con esa efusividad propia de una novia a semanas de la boda—. Les estaba contando a las chicas que hoy ajustamos los vestidos y ensayamos la entrada a la iglesia. ¡Todo tiene que salir perfecto!

—Hola, Sabrina. Hola, chicas —saludé con la voz rasposa.

Carolina, una rubia alta, delgada como una aguja y con una sonrisa algo aterradora, me examinó de arriba abajo con una mueca de sutil asco.

Era la serpiente oficial del grupo.

—Vaya, Julieta... veo que tu concepto de "prepararte para un evento importante" sigue siendo ponerse lo primero que encuentras en el clóset —soltó Carolina, arreglándose el cabello con suficiencia—. De verdad, Sabrina, admiro tu paciencia. Si mi hermana vistiera tan insípida y no hiciera el menor esfuerzo por arreglarse o disimular esos rollitos extra, me daría vergüenza llevarla a cualquier lugar.

Rebecca soltó una risita ahogada detrás de su mano. Mi madre, que salía de la cocina con una jarra de café, se quedó en silencio, clavándome una mirada severa que dejó claro que no pensaba salir en mi defensa.

—Bueno, Caro —intervino Rebecca con un falso tono de lástima—, entiéndela. No todas tienen el cuerpo ni la gracia de Sabrina para lucir un vestido. Además, a la edad de Julieta y sin ningún prospecto a la vista... ¿para qué molestarse en bajar de peso o verse atractiva? Ya sabemos que la única hermosa y afortunada de la familia es Sabri. Julieta claramente ya se rindió con eso de casarse algún día.

Me crucé de brazos, sosteniéndole la mirada a Carolina con una calma absoluta.

—Mira, Carolina —empecé, con una sonrisa—, prefiero mil veces tener un par de kilos de más y vestir "insípida" que tener que maquillarme la cara de envidia todos los días. Porque para ser tan perfecta, pasas demasiado tiempo pendiente de mi peso y de mi vida amorosa. Si necesitas atención, avísame y te presto un poco, pero no te preocupes por mi ropa... a diferencia de ti, yo no necesito encajar en una talla cero para tener a alguien que me quiera ver sin nada encima.

A Carolina se le borró la sonrisa de golpe. Se quedó con la boca abierta, roja de la rabia, mientras Rebecca parpadeaba desorientada por el golpe directo.

Sabrina ahogó una risita nerviosa, sorprendida por mi respuesta, y mi madre solo entornó los ojos, disimulando a duras penas que la bofetada con guante blanco había sido impecable.

—En fin —añadí, mirando el reloj de la pared: ocho cincuenta y cinco—. Voy por mi bolso. Quiero terminar con esto rápido. Tengo asuntos pendientes que atender.

—¿Asuntos que atender? —se mofó Carolina, tratando de recuperar el control—. ¿Que asuntos podrías tener un sábado, si ni pareja tienes?

—¿No es obvio?—intervino Rebecca con una risita maliciosa, cruzándose de brazos—. Tal vez saldrá a escondidas con otro hombre casado. Ya ven que su nuevo pasatiempo favorito es ser la amante.

El comentario flotó en la sala durante un segundo.

—¡Ya basta! —la voz de mi madre retumbó en la habitación con una fuerza que nos congeló a todas.

Se adelantó con la cara roja de rabia, mirando fijamente a Rebecca y a Carolina.

—¡Respeten a Julieta! Estoy harta de esta hostilidad en mi propia casa —dijo mi madre, respirando agitadamente—. Esta se supone que es la boda de Sabrina y no voy a tolerar este ambiente de conventillo. Julieta es una mujer adulta, es consciente de las decisiones que toma y sabrá cómo lidiar con sus propios errores.

Luego se giró hacia mi hermana, clavándole una mirada de reproche.

—Y a ti, Sabrina... recuérdame por qué te pedí anoche que lo de Roberto se quedara estrictamente en secreto. Te dije que no quería cuchicheos en esta familia, que ya bastante tengo con el descaro de tu hermana. ¿Tenías que ir a divulgarlo como un chisme de pasillo?

Se hizo un silencio sepulcral.

—Voy por mi bolso para que salgamos de una vez —sentenció mi madre, indignada, dándose la vuelta y subiendo las escaleras con pasos pesados.

Apenas mi mamá desapareció en el piso de arriba, Sabrina se giró hacia mí con los ojos encendidos de coraje.

—¡Genial, Julieta! ¡Esta vez sí te pasaste! —reclamó en un silbido furioso—. Mi mamá está de un mal genio insoportable por tu culpa a días de mi boda.

—¿Por mi culpa? —le respondí, encarándola sin dar un paso atrás—. No había ninguna necesidad de que les contaras esto a tus amigas ni a mi mamá. Tú fuiste la que trajo el chisme a la casa. Si mi mamá está así, es por tu bocota, Sabrina.

—¡Por favor! —exclamó Sabrina, levantando las manos con exasperación—. ¡Sofía es mi amiga! ¿Tienes idea de lo horrible que fue cuando me enteré de que te estabas metiendo con su esposo? ¡Tuve que suplicarle disculpas y tragarme la vergüenza por tu culpa! Se supone que eres mi hermana mayor, Julieta. Deberías dar el ejemplo y comportarte con un mínimo de madurez, no andar arruinándole la vida a una familia con una niña pequeña.

Apreté los puños al costado de mis piernas, conteniendo la respiración hasta que las uñas me dolió en las palmas.

—Tienes razón en algo, Sabrina —murmuré con la voz firme, aunque por dentro sentía que me desarmaba—. Cometí un error enorme y no pretendo justificarme. Pero si de verdad querías madurez, no habrías montado este circo hoy frente a tus amigas. Yo estoy aquí por ti, por tu boda, y me voy a tragar tu resentimiento... pero no me pidas que también me deje pisotear por tu séquito.

Sabrina parpadeó, sorprendida por mi respuesta, pero la llegada de mi madre bajando las escaleras cortó cualquier réplica.

El trayecto en el auto hasta el taller de alta costura fue un calvario, interrumpido únicamente por las indicaciones de la modista al llegar.

La prueba del vestido fue, tal como lo predije, una forma de tortura refinada.

El diseño de las damas de honor era un vestido de seda en un tono rosa pastel, ajustado en la cintura y con caída fluida.

Sabrina no era odiosa ni tenía la maldad calculadora de Carolina, pero su superficialidad sumada al enojo por lo de Sofía la volvían implacable sin que pareciera darse cuenta.

—Ay, Julis... la tela se te frunce un poquito en la espalda —comentó Sabrina mientras la modista ajustaba los alfileres alrededor de mi cintura—Tal vez si la modista le suelta dos centímetros de la costura no se te marque tanto el gordito de la cintura. Queremos que te sientas cómoda, ¿sabes? No es que te veas mal, solo que la seda no perdona nada.

—Sí, igual el escote no le favorece mucho —agregó Carolina con falsa preocupación desde el sillón—. Rebecca se ve como una diosa porque tiene cuello largo, pero en Julieta se ve algo... vulgar.

—No pasa nada —intervino Sabrina suspirando, acomodándome el tirante con cierta frialdad—.Con que no llame mucho la atención en la entrada estará bien. Lo importante es que estemos coordinadas. Bastante drama hemos tenido esta semana como para sumar un desastre con las fotos.

Cada frase, pronunciada con esa calma pasivo-agresiva, era un recordatorio directo de mi falta: para Sabrina, yo era la hermana mayor descarriada que había avergonzado a la familia y lastimado a una de sus mejores amigas.

Mi opinión no contaba; mi presencia era un mero trámite que debía cumplir.

Soporté hora y media de jalones, alfileres, críticas sutiles y miradas de soslayo por parte de mi madre, que no dijo una sola palabra para intervenir.

Cuando por fin terminamos el ensayo de la caminata hacia el altar y salimos de todo realmente a las seis y media, sentía la cabeza a punto de estallar.

—Bueno, chicas, vamos a comer algo ligero —propuso Sabrina buscando las llaves en su bolso.

—Yo paso —interrumpí de inmediato, acomodándome la tira de la bolsa en el hombro—. Tengo que atender ese asunto que les comenté en la mañana.

Sabrina se detuvo y me miró con el ceño fruncido, entre incrédula y desconfiada.

—¿En verdad? —preguntó, cruzándose de brazos—. ¿Y qué se supone que vas a hacer?

—Es privado —respondí con la cabeza en alto, buscando mantener la compostura frente a las chicas—. Las veo después.

A mis espaldas, Rebecca y Carolina intercambiaron una mirada complaciente y comenzaron a cuchichear en susurros audibles, soltando risitas ahogadas que preferí ignorar por completo.

Mi madre dejó escapar un suspiro pesado, ajustándo su bolso antes de dirigirme la palabra.

—Está bien. Te espero en la casa, me imagino que vas a cenar afuera —dijo en tono seco. Hizo una pausa, clavándome una mirada severa—.Solo espero que esto no sea para verte con Roberto, Julieta.

Sentí una punzada de dolor en el pecho por la desconfianza, pero sostuve la mirada.

—No, mamá —aseguré con firmeza—. No me voy a ver con él.

Pocos segundos después, el rugido profundo de un motor interrumpió la tensión del ambiente.

Una Jeep negra e impecable avanzó por la calle y se orilló justo frente al taller de alta costura.

El nerviosismo me dominó en un segundo y cerré los ojos por un instante, rogándole a todos los santos que Alejandro se quedara al volante, me mandara un mensaje y nos fuéramos sin montar un escenario.

Pero mis plegarias no funcionaron.

La puerta del conductor se abrió y Alejandro bajó del vehículo. Lucía una camisa oscura ajustada con las mangas dobladas a la altura de los antebrazos y esa estampa imponente y madura que acaparaba la atención de cualquiera a su alrededor.

Sacó el teléfono del bolsillo del pantalón y empezó a marcar, mientras miraba hacia la acera de enfrente, sin percatarse todavía de que yo estaba a solo unos metros de él, rodeada por mi familia.

Alejandro dio un par de pasos hacia la acera mientras el teléfono comenzaba a sonar en mi mano.

Carolina y Rebecca se quedaron petrificadas, con los ojos como platos y la boca entreabierta, mirando al hombre que parecía sacado directamente del catálogo de una marca de lujo. Hasta mi mamá se acomodó los lentes con disimulo para enfocar mejor.

¡No, no, no!

Si ese hombre abría la boca y me decía "hola, pajarito" frente a mi mamá y a las dos hienas, el nivel de chisme iba a alcanzar proporciones bíblicas.

Antes de que Alejandro pudiera alzar la vista del celular o avanzar un solo centímetro más, reaccioné con el instinto de un animal acorralado.

—¡Bueno, qué tarde se me hace, me voy volando, las amo, adiós! —atropellé las palabras a una velocidad que ni yo entendí, mientras prácticamente me lanzaba a correr en diagonal por la banqueta.

—¿Julieta? —alcanzó a pronunciar Sabrina, completamente desorientada.

Ignoré a mi familia, libré un bote de basura con una maniobra torpe pero efectiva y me abalancé sobre Alejandro como un tacleador de fútbol americano.

Él apenas iba levantando la cabeza para buscarme cuando sintió el impacto. Mi cuerpo chocó contra su pecho, haciendo que diera un medio paso hacia atrás por la sorpresa.

—¡No hables, no saludes, no mires atrás, entra al auto ya! —le siseé entre dientes con una mueca que intentaba simular una sonrisa de pánico, pegándole las manos en el torso para empujarlo de vuelta hacia la puerta de la camioneta.

Alejandro se quedó congelado medio segundo, mirando mi cara de pavor y luego hacia la entrada del taller, donde cuatro pares de ojos nos seguían con absoluta estupefacción.

Entornó las cejas con obvia confusión, pero no tuvo tiempo de articular una sola palabra porque yo lo empujé con todas mis fuerzas hacia el asiento del conductor.

—Muévete, Santana, ¡nos están cazando! —supliqué en un silbido neurótico, rodeando el cofre a toda prisa y prácticamente echándome de cabeza dentro del asiento del copiloto.

Cerré la puerta de un portazo tan fuerte que el Jeep retumbó.

Alejandro se acomodó la camisa, me miró de lado y una ceja alzada en la cima de su frente. Estaba completamente intacto, impecable... mientras yo respiraba como si hubiera corrido un maratón con la bolsa del vestido rosa doblada bajo el brazo.

—Julieta, ¿acabas de taclearme en medio de la vía pública?

—Arranca —supliqué pegándome al asiento y escondiéndome por debajo de la ventana—. Por lo que más quieras en esta vida, Alejandro... ¡arranca ya!

Él soltó una risita baja, negó lentamente con la cabeza y pisó el acelerador, dejando a mi familia y a las dos serpientes atónitas en la acera mientras nos perdedíamos en el tráfico.

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Yiyita Calderón
Así es,una pena porque todo éso es pasajero,llegamos desnudos al mundo y nos vamos con lo puesto.😔
Yiyita Calderón
la corroe la envidia 🪱
Yiyita Calderón
yo creo que lo está ayudando la 🪱 a morir 😥
Yiyita Calderón
Qué problemón! no puede hacer mucho,así sin esas cosas,se imponen 😢
Yiyita Calderón
😱😱😱😥😥😥
Yiyita Calderón
Nooo que coraje,xq con todas esas personas que se creen superiores y los discriminan,xq él! escritora plis!
Yiyita Calderón
Así se hace! qué se cree? una vida siendo su juguete 😡
Yiyita Calderón
me encanta esta historia !
Yiyita Calderón
bueno,y dónde quedó el tipejo abusador🤔🤔🤔
Yiyita Calderón
Queeeee,pero cómooo???? ya es humanoide posesivo 😱😜
Yiyita Calderón
ése robot ya tiene su expediente 😜
Yiyita Calderón
si jajaja ojalá esté bien programado 👌🏽😜
Yiyita Calderón
Wooou !!! 😱 se pone interesante! acaso se derrite???
Yiyita Calderón
jajajaja éso est bien...Robocop 😐
Yiyita Calderón
vaya vaya,dolo patetica ?😐
Yiyita Calderón
Quéeee diez años!!!😱 pero por favor,te harás anciana sin una vida vivida como debe ser 🥺😥😡
Daniela
super hermosa gracias ❤️
Dany2
gracias por la historia ☺️
Liliana Torres
🥳🥳🥳🥳🥳😍😍😍 Que viva el amor
Ana Elena Jiménez
gracias @yazzGarcia por crear tan hermosa historia 🫶🫶🫶
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