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DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20

¡No, no, no! ¡Por lo que más quieran en este mundo, detengan todo! ¡¿Qué estoy viendo?! ¡¿Es real o estoy alucinando?! ¡Están tan cerca! Luciano la tomó suavemente de la nuca con esa enorme mano que tiene... Dios mío, ¿dónde estcámaraamara? O mejor aún, ¡¿dónde está mi teléfono?! Necesito registrar e inmortalizar este preciso momento para la posteridad. Señores y señoras, hagan sonar las trompetas, enciendan los fuegos artificiales porque ¡el Gran Luciano por fin dará el bendito paso y la va a besar! ¡Aaaaah!

El espacio dentro del auto se redujo a nada. Luciano se inclinó hacia ella, rompiendo cualquier barrera, cualquier etiqueta que él mismo hubiera construido durante años. Su mirada oscureció, cargada de una intensidad que daba miedo, pero que a Tessa solo la hizo contener el aliento.

—Tessa... tú eres mucho más que alguien para pasar una noche —le susurró él, y su voz ronca vibró tan cerca de sus labios que ella cerró los ojos por el puro magnetismo—. Tú eres...

Estaban tan ridículamente cerca que sus respiraciones chocaban en el aire, mezclándose. Veo perfectamente cómo Luciano le devora esa boquita a Tessa con la mirada, analizando cada milímetro de sus labios inocentes, deseando ser el primero, el único. Y veo a mi hermosa Tessa, que ya no puede más, queriendo acortar los últimos milímetros de distancia. ¡No, nena, aguanta! Deja que él dé el paso final. Tranquila, respira profundo, no pienses en nada , solo disfruta de lo que viene, ok...

—Entonces... ¿por qué me siento como si no fuera nada , Lu? —preguntó ella en un hilo de voz, con una lágrima atrapada en sus pestañas.

—Porque soy un idiota, conejita —admitió él, acunando su mejilla con una delicadeza que jamás usaba con nadie más—. Tú eres todo sobre esta tierra, Tessa. Tu eres mi...

Y la cuenta regresiva en mi cabeza empezó a gritar: ¡Cinco... cuatro... tres... dos...!

*¡RINGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG!*

...

¿Es una maldita broma ? ¡¿Quién llama en este preciso y sagrado momento?! ¡Por el amor de Dios, que alguien lo desconecte, lo rompa o lo tire por la ventana! El rugido estridente del tono de llamada rompió el hechizo como un balazo en medio de la noche.

Luciano se congeló a un milímetro de sus labios. La frustración y la rabia pura pintaron su rostro de inmediato. Tessa parpadeó, regresando a la dura realidad, y miró la pantalla de su teléfono que vibraba con insistencia sobre sus piernas.

—Disculpa... —susurró ella, con las mejillas encendidas y la respiración agitada—. Tengo... tengo que tomar la llamada.

—Sí... claro —masculló Luciano, soltándola lentamente y regresando a su asiento con los puños tan apretados que el volante crujió. Estaba a nada de golpear el tablero del auto del puro coraje.

¡Ay, no, es que de verdad ya me enojé! ¡Qué rabia! Estuvieron a nada, a un miserable milímetro de besarse, y el maldito celular los interrumpió de la forma más trágica posible. Pasemos al cine de una vez por todas, porque si me quedo a analizar la llamada me va a dar algo de la pura frustración.

Media hora después, el ambiente seguía siendo incómodo, pero ya estaban en el vestíbulo del cine . Luciano caminaba al lado de Tessa, intentando pretender que no tenía el corazón en la garganta, mientras ella miraba la cartelera interactiva con una tranquilidad fingida.

—Entonces... ¿quieres palomitas, conejita? ¿Y qué más se te antoja? —preguntó Luciano, tratando de recuperar su papel de caballero protector.

—Mmm... unas palomitas grandes, un helado de chocolate y también un ICE de cereza —pidió Tessa, regalándole una de esas sonrisas dulces que siempre le derretían el cerebro.

—Perfecto. Quédate aquí, no te muevas para nada. Deja, voy por las cosas —le indicó él, dándole una mirada de advertencia a un grupo de tipos que osaron voltear a ver a su hada, antes de caminar hacia la dulcería con paso firme.

Yo me quedé a solas con Tessa en su cabeza, suspirando con desilusión. *«Ay, Tessa de mi corazón... Estuviste tan, pero tan cerca de saber a qué sabían esos deliciosos y tentadores labios de Luciano, y el maldito teléfono tuvo que arruinar el clímax de la noche»*. Pero bueno, mirándolo por el lado bueno, al menos el lobo italiano ya sabe que el ángel quiere acción y no un convento.

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Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
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