Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.
Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.
Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.
¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 4. RUBÉN YA NO ME AMA
Catalina
Los días después de la partida de Rubén fueron más difíciles de lo que imaginé.
La casa seguía siendo la misma, pero ya no se sentía como un hogar.
Su taza continuaba en el armario. Su camisa favorita permanecía colgada detrás de la puerta y una fotografía nuestra seguía sobre la mesa de noche.
Todo me recordaba a él.
Pero Rubén ya no estaba.
Y lo peor era saber que no se había ido porque hubiera muerto el amor.
Se había ido porque había elegido a otra mujer.
Cada mañana despertaba con la esperanza absurda de encontrar un mensaje suyo.
Pero mi teléfono permanecía en silencio.
Hasta que una mañana apareció una notificación.
Rubén: “Hoy pasaré a ver a Mateo.”
Eso era todo.
Ni un “¿cómo estás?”, ni un “¿cómo amaneciste?”.
Nada.
Me quedé mirando aquellas palabras durante varios minutos.
Después respondí:
“Está bien. Te estará esperando.”
Borré varias veces lo que realmente quería escribir.
Te extraño.
Te necesito.
Por favor, vuelve.
Pero no lo envié.
Ya no quería suplicarle a un hombre que había decidido marcharse.
---
Cuando Rubén llegó, Mateo corrió hacia la puerta.
—¡Papá!
Su rostro se iluminó.
—Hola, campeón.
Rubén lo levantó en brazos y lo abrazó.
Yo observaba desde la cocina.
Por un instante, pude imaginar que nada había cambiado.
Que Rubén entraría, me besaría en la frente y preguntaría qué quería cenar.
Pero entonces recordé a Valeria.
La realidad volvió de golpe.
—¿Podemos ir al parque? —preguntó Mateo.
—Claro.
Rubén miró hacia mí.
—¿Puedo llevarlo?
—Sí.
—Volvemos en una hora.
Asentí.
Antes de salir, Mateo regresó corriendo.
—Mamá, ¿vienes?
—No, cariño. Ve con papá.
—Pero quiero que vengas tú también.
Me agaché y le acaricié el cabello.
—Diviértete. Mamá te espera aquí.
Cuando la puerta se cerró, sentí nuevamente aquel vacío.
Me llevé una mano al vientre.
—No llores —me dije—. No delante de ellos.
Pero cuando entré a mi habitación, ya no pude contener las lágrimas.
Me senté en la cama y miré la fotografía de nuestra boda.
—¿En qué momento dejaste de amarme, Rubén?
No había respuesta.
Solo silencio.
---
Rubén
Llevar a Mateo al parque fue más difícil de lo que esperaba.
Él hablaba sin parar.
Me contaba sobre sus juguetes, sus amigos y lo que quería hacer cuando naciera su hermanita.
—Papá, ¿puedo enseñarte algo?
—Claro.
Sacó un pequeño dibujo de su bolsillo.
Era una casa.
Había tres personas dibujadas en el papel.
Él.
Catalina.
Y yo.
—Esta es nuestra familia —dijo orgulloso.
Sentí una presión en el pecho.
—Es muy bonito.
—Cuando vuelvas a vivir con nosotros, podemos ponerlo en la nevera.
Me quedé callado.
Mateo me miró.
—¿Vas a volver?
Tragué saliva.
—No lo sé, hijo.
—¿Es por Valeria?
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Quién te habló de ella?
—Escuché a mamá hablando con la abuela.
No supe qué decir.
Mateo bajó la mirada.
—¿Valeria es tu novia?
—Sí.
—¿La quieres más que a mamá?
La pregunta me golpeó directamente.
—No deberías preocuparte por esas cosas.
—Pero yo quiero saber.
Me quedé en silencio.
Porque, por primera vez, una pregunta tan sencilla me obligaba a enfrentar lo que estaba haciendo.
—Tu mamá y yo te queremos muchísimo.
—Pero eso no fue lo que pregunté.
Lo miré.
Mateo tenía solo cinco años, pero había entendido mucho más de lo que yo imaginaba.
—No sé cómo responderte, campeón.
Él guardó silencio.
Después tomó mi mano.
—Yo quiero que vuelvas.
Apreté sus pequeños dedos.
Y durante unos segundos pensé en regresar.
En terminar mi relación con Valeria.
En pedirle perdón a Catalina.
Pero entonces recordé todo lo que había vivido con Valeria y me convencí de que todavía debía intentarlo.
No estaba preparado para admitir que quizá había cometido el peor error de mi vida.
---
Catalina
Esa noche, Rubén regresó con Mateo.
Mi hijo entró corriendo.
—¡Mamá! ¡Papá me compró un helado!
Sonreí.
—Qué bueno, cariño.
Rubén dejó las llaves sobre la mesa.
—Estuvo preguntando por ti.
—¿Por mí?
—Sí.
Lo miré.
—¿Qué te dijo?
Rubén dudó.
—Nada importante.
Sentí que ocultaba algo.
—Rubén, ¿podemos hablar?
Mateo nos observó.
—Ve a lavarte las manos, campeón.
—Está bien.
Cuando se fue, me quedé frente a Rubén.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Te conozco.
Él suspiró.
—Me preguntó si iba a volver.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Y qué le dijiste?
—Que no lo sabía.
Bajé la mirada.
—Yo tampoco sé qué decirle.
—Catalina...
—No te preocupes. No voy a presionarte.
Él me observó sorprendido.
—¿No vas a preguntarme si todavía te amo?
Sentí que aquellas palabras me atravesaban.
—No.
—¿Por qué?
Levanté los ojos.
—Porque ya sé la respuesta.
Rubén permaneció en silencio.
—Tú ya no me amas.
No respondió.
Y aquel silencio confirmó todo.
Sentí que una parte de mí moría definitivamente.
—Está bien —susurré.
—Catalina...
—No necesitas explicarlo.
—Las cosas cambiaron.
—Lo sé.
—No quería hacerte sufrir.
Solté una pequeña sonrisa triste.
—Pero lo hiciste.
Él bajó la cabeza.
—Lo siento.
—Algún día quizá pueda perdonarte.
Rubén levantó la mirada.
—¿Eso significa que podríamos volver?
Negué lentamente.
—No.
Su rostro cambió.
—¿Por qué?
—Porque perdonarte no significa que pueda olvidar lo que hiciste.
Me quedé en silencio durante unos segundos.
—Y porque yo no quiero pasar el resto de mi vida preguntándome si algún día volverás a dejarme por otra mujer.
Rubén no respondió.
Por primera vez, fue él quien pareció no saber qué decir.
---
Rubén
Cuando salí de aquella casa, sentí algo extraño.
Catalina ya no me estaba pidiendo que regresara.
Ya no lloraba delante de mí.
Ya no intentaba convencerme de que nuestro matrimonio podía salvarse.
Simplemente me había dejado ir.
Y eso me dolió más de lo que esperaba.
Al llegar al apartamento, Valeria estaba esperándome.
—Por fin.
Dejé las llaves sobre la mesa.
—Estaba con Mateo.
—Siempre estás con Mateo.
La miré.
—Es mi hijo.
—Lo sé. Pero algún día tendrás que empezar a vivir para nosotros.
Sus palabras me molestaron.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero que dejemos atrás todo lo relacionado con Catalina.
Me quedé callado.
—¿Todavía piensas en ella? —preguntó.
—No.
Mentí.
Porque en aquel momento estaba pensando justamente en ella.
En sus ojos.
En su voz.
En aquella frase:
“Tú ya no me amas.”
Valeria se acercó y me besó.
Pero algo había cambiado.
El beso que antes me hacía sentir vivo ahora me dejaba vacío.
Me separé lentamente.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Nada.
—Estás distante.
—Estoy cansado.
Valeria me observó con desconfianza.
—¿Todavía la quieres?
—No.
Volví a mentir.
Pero esta vez la mentira no era para Valeria.
Era para mí.
---
Catalina
Esa noche acosté a Mateo y permanecí junto a su cama hasta que se quedó dormido.
Después fui a mi habitación.
Tomé la fotografía de mi boda y la sostuve entre mis manos.
Durante años había pensado que mi mayor miedo era perder a Rubén.
Ahora entendía que mi verdadero miedo era perderme a mí misma intentando recuperarlo.
Dejé la fotografía sobre la mesa.
Acaricié mi vientre.
—Tu papá ya no me ama, mi pequeño —susurré—. Y duele muchísimo.
Una lágrima cayó sobre mi mano.
—Pero tú y tu hermano tienen mi amor. Y eso será suficiente para empezar de nuevo.
Me acosté lentamente.
Aquella noche lloré hasta quedarme dormida.
Pero, por primera vez, no esperé escuchar la puerta abrirse.
No esperé un mensaje.
No esperé que Rubén regresara.
Algo dentro de mí comenzaba a comprender una verdad dolorosa:
Rubén ya no me amaba.
Y aunque aceptarlo me estaba destruyendo...
también podía ser el primer paso para aprender a vivir sin él.
🙊a hora cual será el misterio