Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?
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Reclamando territorio
Jessica no apartaba la vista de la zona VIP. A diferencia de Ana, ella no sentía escalofríos, sino una envidia ardiente que le quemaba la garganta. Sabía quiénes se sentaban en esas mesas: hombres que no pedían permiso, hombres que movían los hilos de la ciudad mientras el resto dormía. Miró de reojo a Ana, quien intentaba recuperar el ritmo del baile, y apretó el vaso con fuerza.
"¿Por qué ella?", pensó Jessica. Ana ya tenía al chico de oro de la universidad, el futuro brillante, la familia perfecta. No necesitaba también la atención de un depredador de ese calibre.
Mientras la música alcanzaba su clímax, el ambiente en la pista comenzó a cambiar de forma sutil pero definitiva. Dos hombres de trajes oscuros y cortes de pelo militares aparecieron entre la multitud. No bailaban; se movían con una eficiencia mecánica, abriendo un espacio que nadie se atrevía a reclamar.
Elena fue la primera en notar que algo iba mal.
—Chicas... ¿quiénes son esos tipos? —susurró, dejando de bailar.
Carla y Jessica se tensaron, pero Ana, atrapada en un último pensamiento sobre los ojos miel de Miguel, tardó un segundo más en reaccionar. Para cuando quiso mirar, el círculo se había cerrado. Estaban rodeadas. El ruido de la discoteca seguía allí, pero para ellas, el sonido parecía haberse desvanecido, reemplazado por el latido sordo de su propio miedo.
De repente, la multitud en la escalera de la zona VIP se partió en dos como si pasara una deidad oscura. Matteo Moretti bajó los escalones con una elegancia letal. Cada paso que daba parecía reclamar el suelo que pisaba. Su mirada no se desvió ni un milímetro: estaba fija en Ana.
Jessica dio un paso adelante, intentando hacerse notar, acomodando su cabello con una sonrisa ensayada. Matteo ni siquiera parpadeó; pasó por su lado como si fuera parte del mobiliario, dejando a la chica con la palabra en la boca y el orgullo herido.
Se detuvo a escasos centímetros de Ana. El olor a tabaco caro y a un perfume amaderado envolvió a la joven, nublándole los sentidos.
—Tus amigas hablan demasiado —dijo Matteo. Su voz era un barítono profundo que vibró en el pecho de Ana—. Hablan de bodas, de apartamentos pequeños y de un "mañana" que ya no te pertenece.
Ana retrocedió, pero chocó contra el pecho firme de uno de los guardaespaldas. Estaba atrapada.
—No sé quién es usted —logró articular con la voz temblorosa, pensando desesperadamente en Miguel—. Por favor, déjenos pasar.
Matteo extendió una mano y, con una lentitud tortuosa, rozó la mejilla de Ana con el dorso de sus dedos. El contacto fue frío como el hielo y eléctrico a la vez.
El pulso de Ana martilleaba desbocado en su garganta.
—Te equivocas, Ana —dijo Matteo, su voz un barítono profundo que vibró en el aire pesado—. Me conoces perfectamente. Soy el hombre que acaba de decidir que no volverás a esa casa de cortinas viejas y libros de cálculo. —Una sonrisa cruel y fascinante asomó en sus labios—. Has sido elegida. Y yo nunca devuelvo lo que elijo.
El mundo pareció detenerse para Ana. Las palabras "boda", "Miguel", "ingeniera", se volvieron frágiles, como castillos de naipes a punto de derrumbarse. Jessica, a su lado, apretó los dientes, su envidia transformándose en un odio silencioso. “Él la quiere... y ella ni siquiera sabe quién es”, pensó.
Ana, armándose de un coraje que no sabía que poseía, clavó la mirada en los ojos oscuros de Matteo.
—Usted... usted no puede decidir mi vida. Tengo planes. Tengo a alguien... —Su voz flaqueó al pensar en Miguel, esperándola en casa.
Matteo soltó una carcajada seca, un sonido desprovisto de humor. Se inclinó hacia ella, su aliento rozando su oído.
—"Alguien". Un niño que juega a ser hombre. Un futuro de paredes estrechas y deudas mensuales. —Su tono se volvió gélido—. Disfruta tu "normalidad" mientras dure, Ana. Disfruta de tus "planes sencillos".
Se enderezó, rompiendo el contacto. Hizo una seña casi imperceptible a sus hombres, y el círculo opresivo que rodeaba a las chicas se abrió instantáneamente, como si nunca hubiera existido.
—Vete —ordenó Matteo, su mirada fija en ella, posesiva y paciente—. Corre a los brazos de tu amante. Cuéntale de este encuentro. —Hizo una pausa, y su sonrisa se volvió letal—. Pero ambos sabemos, Ana, que la curiosidad es más fuerte que el miedo. Y que, tarde o temprano, serás tú quien me busque.
Sin esperar respuesta, Matteo se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras hacia la zona VIP, sin mirar atrás ni una sola vez. Sus hombres lo siguieron, desapareciendo en la penumbra.
Elena y Carla se desplomaron, temblando, una mezcla de terror y alivio recorriéndoles el cuerpo. Jessica, sin embargo, permaneció inmóvil, mirando la espalda de Matteo con una mezcla de adoración y resentimiento.
—¿Estás bien? —logró preguntar Elena, abrazando a Ana, quien estaba pálida como la cera.
Ana asintió mecánicamente, pero su mente estaba en otra parte. El aire de la discoteca, antes vibrante, ahora se sentía viciado. Las luces de neón moradas parecían el reflejo de un futuro oscuro. Se llevó una mano a la mejilla, donde los dedos de Matteo habían dejado una huella invisible pero ardiente.
Sabía que Matteo tenía razón. El miedo estaba ahí, paralizante. Pero también, en un rincón oscuro de su mente que se negaba a admitir, una chispa de una curiosidad prohibida se había encendido. El mundo perfecto y seguro que había construido con Miguel, el de los planes sencillos y la felicidad normal, acababa de ser empañado para siempre por la sombra del "Elegida por el mafioso".
pero estaría muerta como le dijo matteo
ojalá no sea verdad
pero ellos también no debieron actuar a si humillandote lo hiciste para salvarle la vida
si ella es tomada una heredera 🤔
pero cuando se entere de lo que tenía pensado el miguelito con ella como verá esto por una parte se puede decir matteo la salvo de ese maldito
ojalá Matteo se entere sus informantes se están pasando el por qué el miguelito quiere a toda costa a Ana
entonces el sabrá que viene de una familia fuerte🤔
pero será que le hicieron algo para a si poder tener a su merced a Ana