El es abandonado por su alfa y encuentra refugio en otro
NovelToon tiene autorización de Dharma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 13
A la mañana siguiente, mientras desayunaban en la pequeña cocina del departamento, Darian miró a Evan con curiosidad.
—¿Vas a trabajar con Caius? —preguntó, dejando su taza de café sobre la mesa.
Evan jugueteó con su cereal, evadiendo la mirada de su amigo.
—¿Tengo más opciones? —respondió con un suspiro.
Darian guardó silencio. Sabía que no las tenía. No después de que Félix se hubiera asegurado de cerrarle todas las puertas.
—No quiero enredarme con él —continuó Evan, con la voz cansada—. Es un mafioso. Pero por culpa de Félix no puedo conseguir empleo en ningún otro lado.
Darian asintió con comprensión.
—No debes preocuparte —dijo, con una sonrisa tranquilizadora—. Luca siempre nos cuidará.
Evan levantó una ceja.
—¿"Nos"? ¿Desde cuándo eres parte del "nos" de Luca?
Darian se puso rojo como un tomate.
—¡No es lo que parece! Solo digo que... bueno, él es de confianza. ¿Entendido?
Evan sonrió con picardía, pero no dijo nada más.
En ese momento, el teléfono de Darian vibró sobre la mesa.
Luca 💕
Darian sintió que el corazón le daba un vuelco. Respondió con dedos temblorosos.
—Buenos días, conejito blanco —dijo Luca al otro lado de la línea, con una voz tan dulce que Darian casi se derrite.
—¿Por qué me dices así? —preguntó Darian, sonrojándose hasta las orejas.
Luca sonrió, y Darían pudo imaginarlo perfectamente: esa sonrisa peligrosa pero tierna, solo para él.
—Porque eres adorable. Y porque anoche, cuando te fuiste, no pude dejar de pensar en ti.
Darian se aclaró la garganta, nervioso, mientras Evan lo miraba con una sonrisa burlona desde el otro lado de la mesa.
—Luca... —dijo Darian intentando recuperar la compostura—. ¿Por qué llamas?
Luca se puso serio de nuevo, aunque su voz seguía siendo suave.
—Dime... ¿Evan va a venir a trabajar?
Darian miró a su amigo, que negaba con la cabeza en silencio.
—Mmm... Quizá aún lo está pensando —respondió Darian.
Luca suspiró al otro lado de la línea.
—Entiendo. Pero dile que no tiene que decidir ahora. Que si quiere, puede venir solo a conocer el lugar. Sin presión. Sin compromiso.
Darian asintió, aunque Luca no podía verlo.
—Se lo diré.
—Y Darian...
—¿Sí?
—Cuídalo. Pero también cuídate tú. No quiero que nada malo te pase.
Darian sintió un nudo en la garganta.
—Lo haré.
—Bien. Nos vemos pronto, conejito blanco.
Y colgó.
Darian se quedó mirando el teléfono, con una sonrisa tonta en el rostro.
Evan alzó una ceja.
—¿Conejito blanco?
—No digas nada —lo cortó Darian, enterrando el rostro entre las manos.
Evan soltó una risa genuina.
—No voy a decir nada. Pero quiero conocer más a ese tal Luca. Porque si te hace feliz... entonces es buena persona. Aunque sea sicario.
Darian levantó la vista, con los ojos brillantes.
—¿En serio?
—En serio —respondió Evan—. Pero si te lastima, lo mato yo.
Darian sonrió.
—Sabes que no podrías.
—lo intentaré —dijo Evan con una sonrisa cómplice.
Y por primera vez en mucho tiempo, ambos rieron sin preocupaciones.
Entonces Darían le propuso a Evan ir al edificio de Caius para que vea si es seguro o no.
—Bien —dijo Evan, cruzando los brazos—. Pero vendrás conmigo.
—Claro, no te voy a dejar solo —respondió Darian con una sonrisa.
Más tarde, en el café donde trabajaba Darian.
Darian llegó temprano a su turno, con el uniforme puesto y una sonrisa en el rostro. Había quedado con Evan para ir al edificio de Caius después de su turno, y la sola idea de ver a Luca lo mantenía de buen humor.
Pero todo se fue al carajo cuando los cobradores aparecieron.
Eran tres hombres, grandes y amenazantes, con chaquetas de cuero y sonrisas desagradables. Se acercaron a la barra donde Darian atendía, y uno de ellos golpeó la superficie con el puño.
—Oye, Omega —dijo el más grande, escupiendo las palabras—. ¿Dónde está el dinero?
Darian sintió que el estómago se le encogía.
—Yo... yo lo pagaré, Pero si hacen un escándalo llamaré a la policía— exclamó el.
—No importa —respondió el hombre, y sin previo aviso, agarró la taza de café caliente que estaba sobre la barra y se la arrojó directamente a la cabeza de Darian.
El líquido ardiente quemó su cuero cabelludo, su rostro, sus ojos. Darian soltó un grito de dolor y retrocedió, tropezando con una silla y cayendo al suelo.
Y entonces, todo se volvió rojo.
---
Luca había estado vigilando desde la calle, como siempre hacía. Una sombra silenciosa que protegía a su conejito blanco sin que él lo supiera.
Pero cuando vio el café caer sobre la cabeza de Darian, algo se rompió dentro de él.
Entró al local como una tormenta. Sus hombres lo siguieron, pero Luca no necesitaba ayuda. Agarró al cobrador que había arrojado el café por el cuello y lo estampó contra la pared con una fuerza sobrehumana.
—¿Quién te dio permiso para tocarlo? —siseó Luca, con la voz tan fría que hasta sus propios hombres sintieron escalofríos.
—L-Luca... —tartamudeó el cobrador—. No sabía que era tuyo...
—Ahora lo sabes.
Luca lo golpeó una, dos, tres veces, hasta que el hombre quedó inconsciente. Sus compañeros intentaron huir, pero los hombres de Luca ya los habían bloqueado.
En menos de un minuto, los tres cobradores estaban en el suelo, sangrando y gimiendo.
Pero Luca no miró su trabajo.
Miró a Darian.
El Omega estaba en el suelo, temblando, con el café escurriendo por su rostro y sus ropas empapadas. Luca se arrodilló a su lado, con el corazón destrozado.
—Conejito... —susurró, tocando su mejilla con suavidad—. Estoy aquí. Ya pasó.
Darian levantó la mirada. Sus ojos estaban enrojecidos, no solo por el café.
—Luca... —murmuró con voz temblorosa—. Me duele todo.
—Lo sé. Te voy a llevar a casa, ¿de acuerdo?
Pero cuando Luca intentó levantarlo, Darian soltó un gemido extraño. Su cuerpo comenzó a temblar de una manera diferente, y Luca sintió cómo su temperatura se elevaba bruscamente.
—No... —murmuró Darian, con el rostro arrebolado—. No ahora. Por favor.
Luca entendió lo que estaba pasando.
El dolor, el miedo, la humillación... todo había sido demasiado para el Omega.
Darian estaba entrando en celo.
Luca sintió que su corazón se aceleraba. Sabía lo que significaba. Sabía que necesitaba llevarlo a un lugar seguro, rápido.
—Escúchame —dijo Luca, tomándolo en brazos—. Voy a llevarte a casa. No voy a hacerte nada. Solo quiero que estés seguro. ¿Entiendes?
Darian asintió débilmente, aferrándose a su cuello con fuerza.
—Confío en ti —susurró.
Y Luca, el sicario sin corazón, sintió que esas palabras lo partían en dos.
Salió del café con Darian en brazos, ignorando las miradas de los clientes y los gemidos de los cobradores en el suelo. Subió a su auto y aceleró hacia el departamento de Darian.
Pero en el camino, no pudo evitar preguntarse:
¿Era realmente capaz de protegerlo sin lastimarlo?