Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 11 — La noche del encuentro
La dirección apareció en la pantalla del teléfono de Isabella.
Medianoche.
Antigua estación Blackwood.
No vengan todos.
Isabella leyó el mensaje una última vez antes de guardar el teléfono.
Damián estaba frente a ella.
—Vamos.
—¿Estás seguro?
—No.
—Entonces, ¿por qué quieres ir?
Damián sostuvo su mirada.
—Porque si realmente tienen a Daniel, no pienso quedarme esperando.
Isabella asintió.
—Yo voy contigo.
—Eso ya lo sabía.
Ella sonrió ligeramente.
—¿Y qué se supone que significa eso?
—Que desde que firmaste ese contrato dejaste de ser una espectadora.
Isabella levantó una ceja.
—Nunca fui una espectadora.
—Lo sé.
---
A las once y media de la noche, Damián e Isabella llegaron a la antigua estación.
Había sido construida décadas atrás por la familia Blackwood y llevaba años abandonada.
El lugar estaba rodeado de árboles y apenas tenía iluminación.
Damián apagó el automóvil.
—Desde aquí caminamos.
Isabella miró hacia la estación.
—¿No debería haber alguien vigilando?
—Sí.
—¿Y?
—No hay nadie.
Eso la preocupó todavía más.
Caminaron hasta la entrada.
La puerta estaba abierta.
Dentro, el lugar estaba completamente vacío.
Isabella miró a Damián.
—Esto parece una trampa.
—Probablemente lo sea.
—Qué tranquilizador.
Damián sonrió brevemente.
—No te preocupes.
—No estoy preocupada.
—Estás apretando el teléfono desde que llegamos.
Isabella miró su mano y soltó una pequeña risa.
—Está bien. Un poco.
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Avanzaron por un largo pasillo.
Al final encontraron una habitación iluminada.
Damián levantó una mano.
—Espera.
Escucharon una voz.
—Pueden entrar.
Isabella reconoció la voz inmediatamente.
—Alexander.
Damián abrió la puerta.
Alexander estaba dentro.
Pero no estaba solo.
Junto a él había un joven.
Isabella se quedó inmóvil.
El muchacho levantó la mirada.
Tenía el cabello oscuro.
Los ojos eran prácticamente idénticos a los de Damián.
Y en su muñeca llevaba una pulsera con el símbolo completo.
Damián no dijo nada.
El joven tampoco.
Finalmente, Alexander habló:
—Damián, conoce a tu hermano.
Damián dio un paso adelante.
—Daniel.
El joven asintió.
—Hola.
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Durante unos segundos, nadie supo qué decir.
Damián observó a Daniel.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Te hicieron daño?
Daniel negó.
—No.
Damián respiró aliviado.
—¿Por qué desapareciste?
Daniel miró a Alexander.
—Porque era necesario.
Damián frunció el ceño.
—¿Necesario para quién?
—Para todos.
Isabella intervino.
—¿Quién te llevó de la casa?
Daniel la miró.
—Nadie.
—Entonces, ¿te fuiste voluntariamente?
—Sí.
Damián parecía confundido.
—¿Por qué?
Daniel respondió:
—Porque sabía que iban a buscarme.
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Isabella se acercó.
—¿Quiénes?
Daniel bajó la mirada.
—Las personas que llevan años buscando el archivo.
—¿Tú sabes dónde está?
Daniel asintió.
—Sí.
Damián preguntó:
—¿Lo tienes?
—No.
—Entonces ¿quién?
Daniel miró a Isabella.
—Tú.
Isabella quedó sorprendida.
—¿Yo?
Daniel asintió.
—El archivo no está guardado en un lugar.
—¿Entonces?
—Está dividido.
Damián frunció el ceño.
—¿En qué partes?
—Tres.
Daniel levantó tres dedos.
—Una parte pertenece a los Blackwood.
—La segunda a los Iglesias.
Isabella completó:
—Y la tercera…
Daniel señaló su propia pulsera.
—A mí.
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Isabella recordó el documento.
El primero llevará el apellido.
El segundo llevará el secreto.
El tercero llevará la llave.
Ahora todo comenzaba a tener sentido.
Damián preguntó:
—¿Qué contiene el archivo?
Daniel tardó unos segundos en responder.
—La verdad sobre nuestras familias.
—Eso ya lo sabemos.
—No.
Daniel negó.
—No saben ni la mitad.
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Se acercó a una mesa.
Sobre ella había una caja negra.
—Mi madre me entregó esto.
Damián quedó inmóvil.
—¿Mi madre?
—Sí.
—¿Dónde está?
Daniel lo miró.
—Viva.
Damián respiró profundamente.
—¿Dónde?
—No puedo decirte todavía.
—¿Por qué?
—Porque ella quiere hablar contigo personalmente.
Isabella observó a Damián.
La emoción en su rostro era evidente.
Después de tantos años, finalmente existía una posibilidad real de volver a ver a su madre.
---
Daniel abrió la caja.
Dentro había una carta.
Se la entregó a Damián.
—Es para ti.
Damián la abrió.
La letra era inconfundible.
Era la misma que aparecía en la grabación.
Elena.
Damián comenzó a leer.
> “Hijo, si Daniel está contigo, significa que finalmente llegó el momento.”
Sus ojos se humedecieron.
Isabella permaneció en silencio.
> “Durante años tuve que mantenerme lejos de ti para protegerte.”
Damián continuó leyendo.
> “Sé que tendrás muchas preguntas. Algunas respuestas cambiarán lo que creías saber de tu padre.”
Damián apretó la carta.
> “Pero antes de juzgarlo, debes saber que intentó protegernos.”
Damián levantó la mirada.
—¿Mi padre no era el enemigo?
Daniel negó.
—No.
—Entonces ¿quién lo era?
Daniel respondió:
—La persona que tomó el control de la organización después de que ellos desaparecieron.
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Isabella preguntó:
—¿Quién?
Daniel negó.
—Todavía no puedo decirlo.
—¿Por qué?
—Porque no estoy seguro de quién está de nuestro lado.
Isabella miró a Alexander.
—¿Ni siquiera de él?
Daniel permaneció callado.
Alexander bajó la mirada.
—Es comprensible.
Damián se acercó a Alexander.
—¿Tú sabías que Daniel estaba aquí?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace años.
Damián apretó la mandíbula.
—¿Y nunca me lo dijiste?
Alexander respondió:
—Tu madre me pidió que no lo hiciera.
—¿Por qué?
—Porque si sabías que tenías un hermano, intentarías encontrarlo.
Damián guardó silencio.
Alexander continuó:
—Y eso habría puesto a Daniel en peligro.
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Isabella miró a Daniel.
—¿Qué significa el símbolo que llevas?
Daniel mostró la pulsera.
—Es la llave del archivo.
—¿Cómo funciona?
—Necesita las tres partes.
—¿Y dónde están las otras?
Daniel miró a Damián.
—La primera está en manos de tu familia.
Después miró a Isabella.
—La segunda está en manos de los Iglesias.
Finalmente volvió a señalar su pulsera.
—Y la tercera está conmigo.
Isabella pensó en el medallón.
Lo sacó del bolsillo.
Daniel lo observó.
—Esa es la segunda parte.
Damián sacó la pequeña pieza metálica que habían encontrado.
—¿Y esto?
Daniel sonrió.
—La primera.
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Isabella colocó ambas piezas sobre la mesa.
Daniel puso su pulsera junto a ellas.
Las tres piezas comenzaron a encajar.
Una pequeña luz apareció en el centro.
Damián retrocedió.
—¿Qué está pasando?
Daniel respondió:
—El archivo está cerca.
Isabella miró alrededor.
—¿Dónde?
Daniel señaló el suelo.
—Debajo de nosotros.
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Damián y Alexander movieron una pesada mesa.
Debajo había una pequeña compuerta.
Damián utilizó la primera pieza.
Isabella colocó el medallón.
Daniel apoyó la pulsera.
La compuerta se abrió.
Dentro había una caja metálica.
Damián la sacó.
—¿Esta es?
Daniel asintió.
—Sí.
Isabella observó la caja.
—Entonces terminamos.
Daniel negó.
—No.
—¿Qué falta?
—Abrirla.
Damián buscó una cerradura.
No había ninguna.
Entonces Daniel señaló a Isabella.
—Ella tiene que abrirla.
---
Isabella colocó las manos sobre la caja.
No ocurrió nada.
—¿Qué hago?
Daniel respondió:
—Piensa en tu abuelo.
Isabella cerró los ojos.
Recordó su voz.
Sus consejos.
Las tardes en la biblioteca.
Y aquella frase que había encontrado en la carta:
“Algún día comprenderás por qué tuve que protegerte.”
La caja emitió un sonido.
Clic.
Se abrió.
Dentro había un solo documento.
Isabella lo tomó.
La primera línea decía:
“Registro de herederos legítimos.”
Damián se acercó.
Leyeron juntos.
Los nombres aparecían uno debajo del otro.
Primer heredero: Sebastián Blackwood.
Damián quedó paralizado.
—¿Qué?
Sebastián no era el segundo.
Era el primero.
Isabella continuó leyendo.
Segundo heredero: Damián Blackwood.
Damián miró a Daniel.
Y finalmente apareció el tercer nombre.
Tercer heredero: Daniel Blackwood.
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Damián respiró profundamente.
—Entonces Sebastián…
Daniel asintió.
—Nuestro padre nunca perdió sus derechos.
Isabella miró el documento.
—Pero hay algo más.
Debajo de los nombres había una última línea.
“La herencia solo podrá ser activada cuando los tres herederos reconozcan a Isabella Iglesias como protectora legal del patrimonio.”
Damián la miró.
Isabella quedó completamente sorprendida.
—¿Yo?
Daniel asintió.
—Por eso todos te necesitan.
Isabella negó.
—Pero ¿por qué?
Daniel respondió:
—Porque nuestros abuelos sabían que algún día los Blackwood tendrían que confiar en alguien que no llevara su apellido.
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Antes de que pudieran continuar, escucharon un ruido afuera.
Alexander miró hacia la puerta.
—Tenemos compañía.
Damián cerró la caja.
—¿Cuántos?
Alexander observó por una pequeña ventana.
—Demasiados.
Daniel tomó el documento.
—Tenemos que irnos.
Isabella guardó el medallón.
—¿Por dónde?
Daniel señaló un pasillo oculto.
—Hay una salida detrás de la estación.
Comenzaron a avanzar.
Pero antes de salir, Isabella miró hacia atrás.
En la entrada había una persona.
No podían verle el rostro.
Solo escucharon su voz.
—Llegaron demasiado lejos.
Damián se detuvo.
—¿Quién eres?
La persona dio un paso adelante.
La luz iluminó parcialmente su rostro.
Isabella abrió los ojos.
—No…
Damián también la reconoció.
Era alguien a quien jamás habían imaginado encontrar allí.
Alguien que había estado ayudándolos desde el principio.
La persona sonrió.
—Ahora saben demasiado.
Y la verdadera traición acababa de salir a la luz.