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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12 CARTA A LA ACADEMIA

Mia

El silencio de las Comarcas siempre me había parecido un refugio, pero tras regresar del palacio real, el peso de mi propia pequeñez comenzó a asfixiarme.

Mi vida se había convertido en un contraste violento y aterrador. Por un lado, estaba la realidad de mi humilde hogar de madera, la sopa caliente cocinada sobre el fuego de la chimenea y las ropas desgastadas que volvía a vestir cada mañana. Por el otro, estaba Aelion. El Príncipe Heredero de Aethelgard, un ser de linaje puro, poderoso, rodeado de reyes, nobles y de mujeres como Lady Isolda, nacidas para caminar a su lado sin desentonar.

Las semanas posteriores al Banquete del Solsticio fueron un torbellino de emociones clandestinas. Aelion y yo continuamos viéndonos en secreto. Se escabullía del castillo al caer la tarde, cabalgando hasta los límites de los bosques de las Comarcas para encontrarse conmigo en una vieja cabaña abandonada cerca del río. Eran encuentros cargados de un romance intenso, ardiente y desesperado. En sus brazos me sentía la mujer más deseada del mundo, pero cuando la noche caía y él debía regresar a sus deberes reales, la realidad me golpeaba de lleno.

Yo era una extraña. Una anomalía.

Desde que tenía diez años, sabía que había algo profundamente diferente en mí. En este mundo, siempre se nos enseñó que solo los elfos de sangre pura poseían el don sagrado de moldear la magia. Sin embargo, recuerdo claramente la primera vez que la energía respondió a mi llamado: tenía diez años, estaba asustada por una tormenta y, al apretar las manos, una pequeña luz dorada y cálida brotó de mis nudillos, iluminando mi habitación.

Con los años, esos chispazos continuaron. A veces eran chispas que brotaban de mis dedos cuando me emocionaba; otras veces, las flores marchitas de mi jardín volvían a erguirse si las tocaba durante mucho tiempo. Pero mi magia era torpe, débil e inestable. No tenía educación arcana, no conocía los encantamientos ni cómo canalizar la corriente que sentía arder bajo mi piel.

Esa debilidad, sumada a la abismal diferencia de clases entre Aelion y yo, me aterrorizaba. No quería ser una carga para él. No quería ser la muchacha humilde a la que el príncipe mantenía en las sombras por lástima o por un mero deseo pasajero. Necesitaba valerme por mí misma. Necesitaba entender qué demonios era y controlar la energía que amenazaba con desbordarme.

Decidida a no depender de nadie y a tomar el control de mi propio destino, tomé una decisión drástica.

Una tarde, mientras mi tío Dorian dormía la siesta, redacté en secreto una carta de solicitud para la Academia Celestial de Magia. Era la institución arcana más prestigiosa y antigua del mundo conocido, un bastión neutral edificado en las altas cumbres donde seres de todas las razas —elfos, brujos, cambiaformas e híbridos— acudían para dominar sus dones. Sabía que las posibilidades de que aceptaran a una mestiza de las Comarcas eran casi nulas, pero envié la carta con la última paloma mensajera del pueblo, guardando el secreto en lo más profundo de mi corazón.

Pasaron tres semanas. Tres semanas en las que Aelion me amó con una pasión desenfrenada en cada encuentro, mientras mi culpabilidad crecía.

Hasta que una mañana, la respuesta llegó.

Un gran búho de plumaje plateado se posó en el alféizar de mi ventana. En su pico llevaba un sobre de pergamino grueso, sellado con cera azul y la estampa de una torre rodeada de estrellas: el sello oficial de la Academia Celestial.

Con las manos temblorosas, rompió el sello.

"Señorita Mia Fisher:

Tras evaluar la resonancia arcana impresa en su solicitud, la Junta de Archimagos de la Academia Celestial de Magia ha determinado que posee una afinidad latente de naturaleza no clasificada. Por la presente, es aceptada oficialmente para el nuevo ciclo lectivo.

Deberá presentarse en las instalaciones del recinto antes de la próxima luna llena.

Atentamente,

El Consejo Arcano."

El corazón me dio un vuelco salvaje. ¡Me habían aceptado! Una mezcla de pánico y emoción me recorrió la columna vertebral. Era mi oportunidad. La oportunidad de aprender, de fortalecerme y de descubrir el verdadero alcance de la magia que llevaba dentro.

Esa misma tarde, el encuentro con Aelion en la cabaña del río tuvo un sabor amargo.

El sol se ocultaba entre los árboles cuando Aelion cruzó la puerta. Como siempre, su sola presencia llenó la estancia. Se despojó de su capa y me rodeó con sus brazos fuertes antes de que pudiera decir una palabra, reclamando mis labios en un beso hambriento, profundo y lleno de ese aroma a sándalo que me enloquecía.

—Te he echado de menos todo el día, Mia —murmuró contra mis labios, deslazando los dedos en mi cabello y pegándome a su cuerpo con posesividad—. La corte es un nido de víboras. Estar aquí contigo es lo único que me mantiene cuerdo.

Me apreté contra su pecho, escuchando el latido firme de su corazón. Me dolía el alma saber lo que estaba a punto de hacer, pero no había vuelta atrás.

—Aelion... tengo algo que decirte —susurré, dando un pequeño paso hacia atrás para mirarlo a los ojos.

Él frunció el ceño levemente, notando de inmediato el tono de mi voz. Sus ojos azules, siempre atentos, me escudriñaron con fijeza.

—¿Qué ocurre?¿Alguien te faltó al respeto en el pueblo? —preguntó de inmediato, con esa sobreprotección peligrosa que siempre salía a la luz.

—No, no es nada de eso —tomé aire, buscando fuerzas en lo más profundo de mi ser—. Aelion... me voy.

El silencio que siguió fue absoluto. La temperatura de la habitación pareció descender diez grados de golpe.

—¿Qué dijiste? —su voz bajó un octavo, volviéndose peligrosamente grave.

—Me voy de las Comarcas. Me voy mañana por la mañana —confesé, intentando que no me temblaran las manos—. He tomado la decisión de marcharme para aprender a controlar la poca magia que tengo. Necesito espacio, Aelion. Necesito descubrir quién soy por mí misma, sin la sombra de un príncipe acechandome... sin depender de ti ni de nadie.

Aelion se quedó paralizado. Vi cómo sus pupilas se dilataban y cómo la sorpresa inicial en su rostro se transformaba rápidamente en una desolación absoluta y desgarradora. El imponente Príncipe Heredero de Aethelgard parecía haber recibido un impacto directo en el pecho.

—¿Irte? —repitió, como si la palabra fuera un veneno ajeno a su idioma—. ¿A dónde vas a ir, Mia? No puedes simplemente empacar e irte sola. El mundo fuera de este valle es peligroso. Hay criaturas, hay...

—No te voy a decir a dónde voy, Aelion —lo interrumpí con firmeza, aunque se me quebraba el corazón al ver la grieta de dolor en su mirada.

—¡¿Cómo que no me vas a decir?! —dio un paso al frente, alzando la voz, dominado por una mezcla de rabia y desesperación—. ¡Soy el príncipe de este reino! ¡Soy quien te cuid...!

—¡No soy tu súbdita, Aelion! —lo enfrenté, sosteniéndole la mirada con lágrimas brillando en mis ojos—. Y no soy tu esposa. No puedes ordenarme qué hacer. Si realmente me quieres como dices, si lo que hemos vivido significa algo para ti, tienes que dejarme ir. Si me quedo aquí, escondiéndome en esta cabaña, esperando a que me visites entre tus deberes reales y soportando las miradas de desprecio de la corte, entonces... no me amas.

Aelion cerró la boca de golpe. Las palabras parecieron abofetearlo.

Dio dos pasos hacia atrás, pasándose una mano temblorosa por el rostro. Su respiración era agitada. Vi la lucha encarnizada que se libraba en su interior: su instinto posesivo y protector rogándole que me tomara en brazos, que me encerrara en su castillo para no dejarme ir jamás, contra el amor genuino y el respeto que sentía por mí.

Apretó los puños a los lados de su cuerpo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Un suspiro pesado, lleno de un sufrimiento silencioso, se le escapó del pecho.

—Si te pido que te quedes... si te pido que lo dejes todo y te quedes a mi lado en el castillo, ¿lo harías? —preguntó en un hilo de voz rasposa, vulnerado como nunca antes lo había visto.

Negué con la cabeza lentamente, dejando que una lágrima rodara por mi mejilla.

—No puedo, Aelion. Aún no.

Aelion cerró los ojos durante varios segundos. Cuando los volvió a abrir, la mirada azul arrolladora estaba empañada por un dolor profundo, pero cargada de una resignación madura.

—Está bien —susurró, dando un paso vacilante hacia mí—. No entiendo tu decisión, y me mata por dentro no saber a dónde vas o si vas a estar a salvo... pero respeto tu espacio, Mia.

Se acercó lentamente, tomó mi rostro entre sus manos grandes y cálidas con un cuidado infinito, como si fuera de cristal, y pegó su frente a la mía. Sentí su temblor.

—Ve a donde tengas que ir. Fortalécete. Descubre quién eres —murmuró, besando la comisura de mis labios con una ternura devastadora—. Pero escúchame bien, Mia: no importa a dónde vayas ni cuánto tiempo te tome. No hay distancia en este mundo que pueda separarme de ti. Te esperaré. Y el día que regreses, reclamaré cada segundo que me mantuviste lejos.

Nos abrazamos en la penumbra de la cabaña, sellando un pacto silencioso de despedida. Aelion no intentó detenerme más, demostrando la grandeza de su amor al dejarme volar, sin saber que el destino nos volvería a cruzar mucho antes de lo que ambos imaginábamos.

1
Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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