Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.
Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.
Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.
Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.
Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.
NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
Después de aquella cena incómoda, la casa recuperó por fin su silencio. Tania y Diego ya se encontraban en la habitación principal. La luz del cuarto estaba apagada; solo quedaba la penumbra tenue de la lámpara de la mesita de noche.
Diego yacía rígido en su lado de la cama. Tenía los ojos apretados, pero su mente volaba sin control. El corazón le martilleaba en el pecho, conteniendo una inquietud que lo devoraba. La imagen de Farah con aquel camisón fino en el comedor seguía asaltándolo, incendiándole el deseo. No aguantaba más; quería escabullirse cuanto antes para encontrarse con ella. Pero debía esperar a que Tania se quedara dormida. Diego fingió dormir.
A su lado, Tania hacía exactamente lo mismo: fingir que dormía.
Al principio, Tania se entretuvo provocando a Diego a propósito. Se revolcaba en la cama, dejaba escapar suspiros largos y producía ruidos como si estuviera inquieta y no lograra conciliar el sueño. Por la rendija de sus párpados entreabiertos, Tania observó a Diego tenso, lanzándole miradas furtivas de vez en cuando.
Disfrutaba cada segundo de hacerlo esperar y dudar.
Tras un rato, Tania decidió por fin aparentar que se había dormido profundamente. Su respiración se volvió pausada y serena.
Diego, al notar el cambio, aguardó unos minutos más para asegurarse. Cuando lo consideró seguro, se incorporó con lentitud. Su rostro reflejó alivio. Por dentro, se sentía triunfante, convencido de que su plan marchaba a la perfección.
Con pasos extremadamente cautelosos, Diego avanzó hacia la puerta y salió del cuarto. Cerró con una suavidad infinita, dejando a Tania sola en la habitación.
En la oscuridad, los ojos de Tania se abrieron de par en par. Su sonrisa se transformó en una mueca gélida y letal. En el silencio, dejó que sus pensamientos fluyeran. Repasó el recorrido de su relación con Diego, los recuerdos dulces que ahora le sabían amargos, los momentos que habían desembocado en esta noche.
Una mezcla de dolor y determinación ardiente la llenó por completo. Aquello no era un final; era el comienzo de algo nuevo, algo que había planeado con esmero. Cada pequeña traición, cada mentira, las había registrado en su mente. Ahora era el momento de actuar. No con una rabia ciega, sino con un cálculo frío. Enfrentaría el futuro con la fortaleza que había forjado en su soledad.
Vete, Diego. El juego apenas acaba de empezar.
Después de lo que pareció una eternidad, Tania se movió con lentitud. Se puso la bata y salió de la habitación. Cada paso le pesaba, como si cargara un fardo invisible. Cerró la puerta del cuarto con extremo cuidado.
Afuera, el pasillo de la casa se sentía frío. Tania caminó hacia su estudio. La mente despejada, la voluntad inquebrantable. En la penumbra del estudio, encendió la pequeña lámpara de escritorio. Una luz amarillenta y suave iluminó parte de la estancia, dejando los rincones sumidos en sombras.
Se sentó en su silla de trabajo, de cara al escritorio ordenado. Sobre la mesa había un cuaderno y un bolígrafo. Tania tomó el bolígrafo y lo apretó con fuerza. Le temblaba ligeramente la mano, no de miedo, sino por la tensión acumulada.
Abrió el cuaderno en una página en blanco. Sus ojos contemplaron el papel como si fuera un campo de batalla. Con una inspiración profunda, Tania empezó a escribir. Las palabras brotaron de su mente hacia el papel, formando oraciones cargadas de dolor, rabia y un plan madurado con precisión.
Cada trazo de la pluma resonaba nítido en el silencio de la noche. Tania escribió sin detenerse, anotando cada detalle, cada paso, cada consecuencia. Afuera, la noche se hacía más profunda. Pero dentro de aquel estudio, el fuego de su determinación ardía con fuerza, iluminando su camino en la oscuridad.
Satisfecha con lo que había volcado sobre el papel, Tania abrió su laptop. Sus dedos se deslizaron ágiles sobre el teclado. En la pantalla apareció con claridad el plano del segundo piso de la casa. Tania esbozó una sonrisa tenue. Desde siempre, a Diego le encantaban el lujo y la seguridad excesiva. La casa estaba equipada con un sistema domótico centralizado, que incluía una red completa de cámaras inalámbricas y sensores de movimiento en cada habitación.
Diego las había instalado con el pretexto de protegerse de ladrones, pero era demasiado arrogante para darse cuenta de que ese mismo sistema podía convertirse en el espía más eficaz dentro de su propia casa.
Tania solo necesitó obtener la contraseña maestra que Diego guardaba en su celular, aprovechando un descuido de él esa misma tarde.
Este sistema me viene de maravilla, Diego, pensó Tania, con la mirada helada.
Una aplicación de vigilancia se abrió en pantalla. La laptop se dividió en múltiples feeds de cámaras que cubrían cada rincón de la casa. El corazón de Tania latía con fuerza, pero sus manos permanecían firmes. Accedió al feed de la habitación de invitados, el cuarto que acababan de acondicionar para Farah.
En la pantalla, Tania vio a Diego y a Farah conversando con seriedad. Observó el intercambio con absoluta calma.
Tania activó la función de grabación en la aplicación. Una notificación de "Grabando..." apareció en la esquina de la pantalla.
Luego subió el volumen de los altavoces de la laptop. La conversación entre Farah y Diego inundó de inmediato el silencio del estudio.
Asco. Los labios de Tania se crisparon. Apretó los puños bajo el escritorio, las uñas clavándose en las palmas, luchando por contener la oleada de emociones que amenazaba con estallar. Era un ser humano, no una máquina, y cada palabra de Diego la hería.
—Cariño, ¿tu esposa no sospechó nada hace rato? —la voz de Farah brotó de los altavoces de la laptop.
Diego se rio; esa risa que Tania alguna vez amó, ahora le resultaba repugnante.
—No, es una tonta. Ya te lo dije: Tania no es más que una simple ama de casa. No tienes de qué preocuparte, no puede hacer nada.
—Casi me vuelvo loco esperando a que Tania se durmiera para poder escabullirme hasta acá. De verdad me traes loco, mi amor —Diego acarició con suavidad el rostro de Farah; su mano traviesa se detuvo en la curva de su cuello y le levantó el mentón.
Los dos se besaron con voracidad. La mano izquierda de Diego se deslizó para apretar uno de los pechos de Farah.
—Ay, Diego, eres un travieso —Farah empujó con suavidad el pecho ancho de Diego; sus gemidos se escucharon con toda claridad a través de los altavoces de la laptop de Tania.
—Tu cuerpo me tiene adicto, mi amor... no como Tania. Ella jamás me hizo sentir un deseo tan intenso como el que siento ahora.
—Adulador —Farah le dio un golpecito coqueto en el pecho a Diego.
—Hablo en serio. ¿Viste cómo se veía Tania hace rato? No se compara contigo, mi amor.
—Estoy hartísimo de Tania. Por suerte ahora te tengo a ti.
Diego empujó el cuerpo de Farah sobre la cama. Los dos se devoraron los labios con un deseo desbordado.
Tania no se movió de su lugar. Siguió contemplando todo lo que la pantalla le mostraba durante una hora entera. Grabó cada segundo: sus conversaciones, sus escenas sórdidas, cada prueba de la traición.
Tania sonrió. No era una sonrisa de felicidad, sino una sonrisa fría cargada de significado.
Creen que pueden esconderse.
Sigue con tu plan, Diego. Cuantas más escenas protagonicen, más sólidas serán las pruebas que tenga para su destrucción.
Bajo la luz fría de la laptop, Tania dejó que el dolor la calara hondo, transformándolo en una furia calculada. Ya no era la Tania ingenua; era Tania la estratega, armada con una determinación glacial.
Esa noche, Tania no solo grabó pruebas: acababa de preparar el siguiente movimiento de su plan.
Tania sonrió. No era una sonrisa de felicidad, sino una sonrisa fría cargada de significado.
El archivo de grabación de una hora ya estaba guardado a buen recaudo, convertido en la prueba que lo cambiaría todo para Diego.
Satisfecha con la evidencia obtenida, cerró la laptop con lentitud. El estudio volvió a quedar a oscuras, pero la determinación en los ojos de Tania brillaba con fuerza.
¿Qué haría Tania con el secreto que acababa de descubrir?
Continuará...