Tras el cierre del ciclo terrenal en el refugio alpino y la trascendencia de Lyra más allá del umbral mortal, la historia evoluciona hacia una nueva y fascinante etapa de la mitología de los guardianes. El Eclipse del Tiempo explora la soledad milenaria de Onyx bajo la luz de un nuevo amanecer y la inesperada irrupción de un fenómeno cósmico e histórico que amenaza con desenterrar los secretos más oscuros del Cónclave que creían sepultados para siempre. Mientras las estaciones siguen girando en el Valle del Sol, una nueva generación de sombras y alianzas improbables pondrá a prueba la inmortalidad del vínculo de amor que desafió a los siglos.
orden
- Ecos De Cenizas y Ónix
- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno
- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte
- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer
- Eclipse Del Tiempo: La Aurora Eterna
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La Ruta hacia Las Gargantas Del Este
Al alba del día siguiente, cuando las primeras luces del sol alpino apenas comenzaban a teñir de oro y plata las cumbres nevadas de la cordillera, Onyx cerró con cerrojo la pesada puerta de madera de la cabaña, asegurando los pasadores de hierro forjado que protegían el refugio durante su ausencia. Depositó una última mirada respetuosa hacia la base del gran roble centenario donde reposaba el cuerpo de Lyra, haciendo una promesa silenciosa de que regresaría victorioso para restaurar la paz en el valle, antes de emprender la marcha hacia el este por los senderos escarpados y casi intransitifrables que conducían a las gargantas de Valen-Kors.
El trayecto a través de las crestas septentrionales de la cordillera exigía un esfuerzo titánico y una concentración absoluta. A diferencia de las rutas comerciales del sur, los caminos que conducían al complejo militar oriental discurrían por abismos vertiginosos, cornisas de roca descompuesta y ventisqueros perpetuos donde el viento soplaba con una fuerza huracanada capaz de desequilibrar a cualquier mortal imprudente. Para un vampiro de la experiencia y la potencia física de Onyx, el terreno abrupto no representaba un obstáculo insalvable, pero sí una prueba de resistencia y velocidad que ponía a prueba cada fibra de su estructura milenaria. Avanzaba con zancadas largas, fluidas y precisas, saltando de saliente en saliente con la elegancia felina de un depredador adaptado a la soledad de las cumbres más altas.
Al cabo de dos días de marcha continua y sin descanso, guiado por su memoria cartográfica de los viejos mapas militares del norte, Onyx alcanzó el borde superior del cañón de Valen-Kors. Desde su posición elevada en la atalaya natural de roca caliza, pudo contemplar la magnitud de la amenaza descrita en el mensaje del cuervo mensajero. Oculto en el fondo de la profunda garganta, aprovechando los túneles excavados en la roca viva durante las guerras de expansión imperial, se extendía el complejo militar avanzado. Antenas de comunicación por satélite, generadores de energía geotérmica y hangares subterráneos protegidos por escudos de energía perimetral conformaban una base de operaciones formidable, desde la cual columnas de vehículos blindados y patrullas de infantería tecnificada realizaban maniobras constantes de reconocimiento.
A través de sus agudizados sentidos nocturnos y su visión amplificada, el vampiro observó los movimientos en el perímetro exterior del complejo. Los centinelas apostados en las torres de vigilancia no eran humanos ordinarios; portaban exoesqueletos de combate avanzados y visores infrarrojos capaces de detectar cualquier variación térmica en un radio de varios kilómetros. Eran los soldados mejor entrenados del ala radical del Cónclave, bajo el mando directo del general Marcus Vane.
Onyx evaluó la situación con la fría precisión de un estratega veterano. Intentar un asalto frontal contra una fortaleza subterránea provista de semejantes medidas de seguridad equivaldría al suicidio, incluso para un ser inmortal. Sin embargo, al igual que había ocurrido en las catacumbas de Oakhaven, la arquitectura original de las instalaciones de Valen-Kors albergaba un punto débil estructural que los ingenieros modernos habían obviado en sus actualizaciones digitales: el antiguo sistema de desagüe y ventilación natural de la primera era, construido aprovechando las fallas geológicas del cañón y completamente desconectado de los circuitos de energía principal.
Deslizándose con sigilo absoluto por la pared vertical de la garganta, aprovechando las salientes de roca y la densa cobertura de los abetos que crecían aferrados a los acantilados, el vampiro descendió hasta el fondo del cañón, localizando sin dificultad la pesada rejilla de hierro oxidado que bloqueaba la entrada al colector inferior de Valen-Kors. Con un movimiento controlado de sus manos, aplicando la fuerza justa para no generar ruidos audibles, desprendió los pernos de anclaje y se adentró en la oscuridad húmeda y fría del complejo subterráneo, dispuesto a enfrentar al general Marcus Vane en su propio feudo.
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