Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad
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capítulo 6. Él vínculo de sangre y destino.
Capítulo. 6 el vínculo de sangre y destino.
La presencia del creador en los jardines de cristal, no era una voz , sino una vibración que lo llenaba todo. En el centro del trono blanco, la luz se fragmentaba en los siete colores fundamentales, pero el violeta, la frecuencia de la transmutación y el orden , parpadeaba con una arritmia preocupante
Uriel y zadquiel se encontraban en la biblioteca del destino cuando resonó la voluntad divina del creador
- Uriel , zadquiel, la resonancia del séptimo rayo se ha vuelto disonante. Bajen a los planos intermedios. Encuentren el origen de esta interferencia que amenaza con desafinar la armonía de la creación.
Zadquiel inclinó la cabeza, sintiendo un extraño escalofrío en sus alas. Uriel, siempre pragmática, ya estaba desplegando su esencia de fuego solar.
- Se hará según tu diseño padre, respondieron al unísono.
Al descender, la atmósfera se volvió densa. No era oscuridad, sino una frecuencia estática, que entumecía los sentidos. Uriel sostenía su llama eterna para iluminar las grietas de la realidad, mientras Zadquiel, como regente del rayo violeta, intentaba sintonizar con la energía del lugar.
- Esto no es un ataque externo, Uriel , susurró Zadquiel, cerrando los ojos.
Es una transformación. El rayo no está fallando... se está transmutando en algo más denso.
Siguieron el rastro de la energía hasta un punto de convergencia donde el tiempo parecía doblarse sobre sí mismo. Allí, en un remanso de sombras plateadas, Zadquiel encontró una inscripción etérea que solo alguien de su linaje podía leer. Al tocarla, una visión lo golpeó con la fuerza de un rayo.
Zadquiel vio el rostro de Sariel, su hermano gemelo. Pero no era el Sariel que conocía en las cortes celestiales. Lo vio caminando envuelto en una capa de penumbra protectora
- ¿Qué ves?, preguntó Uriel, manteniendo la guardia.
Zadquiel no podía articular palabras. La mala frecuencia que el Creador los mandó investigar era, en realidad, el latido de una nueva vida. una raza híbrida, una estirpe de sombras que pertenecerían al cielo y al infierno, que serían los Guardianes del Equilibrio, en la nueva tierra que aún no terminaba de florecer.
La conexión de gemelos le permitió sentir lo que Sariel ocultaba, un amor tan vasto por la guardiana Alanis, que el cielo ya le resultaba pequeño.
En lo alto, el Creador observaba en silencio. No había sorpresa en Su omnisciencia. La investigación, solo había sido la excusa necesaria para que Zadquiel, el hermano más pequeño de los príncipes celestes, fuera el primero en aceptar la transición. Para que el cielo entendiera que la caída de Sariel no sería un acto de rebelión, sino de sacrificio.
Zadquiel comprendió entonces la amarga justicia de su destino
Él se quedaría en las alturas, manteniendo la estructura de la luz, mientras su otra mitad, su propio reflejo, tendría que descender, perder sus alas blancas y abrazar la densidad de la tierra por amor.
- tiene que caer , susurró Zadquiel con una lágrima de amatista rodando por su mejilla. No por pecado, sino por propósito.
Uriel guardó su espada de fuego, comprendiendo finalmente que la anomalía del séptimo rayo era, en realidad, el primer llanto de una nueva creación.
Zadquiel apartó la mirada de la visión, sintiendo un escalofrío que recorrió sus alas de amatista. Como gemelo de Sariel, compartía con él una resonancia que iba más allá de lo espiritual, sentía el latir de su hermano incluso en la distancia del abismo.
Pero lo que acababa de ver en las corrientes del séptimo rayo era una verdad que le quemaba el alma.
Uriel notó el temblor en las manos de Zadquiel y puso una mano firme sobre su hombro.
- Zadquiel, tu vínculo con él es fuerte. ¿Qué es lo que no me estás diciendo? .Preguntó Uriel con severidad.
Zadquiel cerró los ojos, viendo cómo la luz de su gemelo se alejaba de la ciudad de plata, no hacia el abismo, sino hacia una dirección mucho más densa y pesada.
- No puedo decírselo, Uriel , susurró Zadquiel, el ángel tragó saliva y su voz se quebró
- Dime qué es lo que han visto tus ojos. Dijo Uriel mientras lo sostenía con fuerza
- Si le advierto a Sariel lo que le espera, si le digo que su dolor será la llave que abra una puerta prohibida, interferiría con un diseño que incluso el Creador parece haber dejado en manos del libre albedrío. Mi pecho duele porque sé que su destino de Sariel está más allá del cielo.
Uriel lo miró con una angustia que nunca antes había sentido
Zadquiel había visualizado la fractura del séptimo rayo no como una rotura, sino como un puente. Un puente que exigía un sacrificio. Había visto el amor de Alanis hacia Miguel y el de Sariel hacia Alanis
- He visto a los tres, susurró Zadquiel
- El rayo no podrá soportar la presión de este triángulo de lealtad y traición , continuó Zadquiel.
La ciudad de plata es demasiado frágil para un amor de esta magnitud y un dolor de esa profundidad. Uno de ellos… descenderá a la tierra. Dejará de ser luz pura para convertirse en carne, en polvo, en olvido, dijo con dolor Zadquiel
Uriel retrocedió un paso, comprendiendo la gravedad.
Uriel ya sabía de quienes estaba hablando zadquiel, nada se podía ocultar bajo su mirada
- ¿Sariel? ¿Miguel? ¿O la guardiana? , quiso saber la arcángel del fuego.
- El destino aún es borroso en ese punto , mintió Zadquiel, limpiándose una lágrima de luz , pero el descenso es inevitable. La tierra será el único lugar donde esas emociones puedan arder sin incendiar el paraíso.
- Tienes que decirle a Sariel, dijo Uriel
- No. Respondió Zadquiel. Callaré por amor a mi gemelo, aunque mi silencio sea el que lo empuje hacia el borde del mundo de los hombres.
Uriel bajo la mirada mientras respiraba hondo , en ese momento , ambos hicieron un pacto de silencio
Zadquiel miró hacia las estrellas, hacia donde Sariel cumplía su misión, y luego hacia la torre donde Miguel y Alanis creían haber burlado al destino. Se sintió profundamente solo. Sabía que, al ocultarle la verdad a Sariel, estaba permitiendo que su propio hermano cayera, pero también sabía que algunas lecciones solo se aprenden al tocar el suelo.
- Que Gabriel siga creyendo en la paz , dijo Zadquiel finalmente. Que Rafael siga creyendo en la medicina. Que la sintonía Gabriel siga vibrando en los jardines de cristal, nosotros seremos los guardianes de la tragedia que se avecina.
Uriel solo asintió con profunda tristeza
Zadquiel sería el portador de ese gran peso por ser gemelo de Sariel, guardaría silencio sabiendo que uno de ellos terminaría en la tierra como un mortal
El silencio entre Uriel y Zadquiel se volvió casi sólido, una muralla de secretos que los aislaba de la alegría eterna que los rodeaba. Zadquiel, incapaz de quedarse quieto bajo el peso de la premonición, comenzó a caminar entre los arbustos de cristal, cuyas hojas tintineaban con una nota baja y lúgubre, como si la vegetación misma presintiera el fin de una era.
Los días siguientes pasaron con rapidez, zadquiel y Uriel caminaban juntos desde aquel día, una tarde Zadquiel se detuvo frente a un pilar de luz violeta que emanaba directamente del séptimo rayo. El pulso de la energía era errático.
- Sariel siempre fue el más sensible de nosotros , murmuró Zadquiel, hablando más para sí mismo que para Uriel.
Su corazón es como un espejo, refleja la belleza, pero se triza con la menor impureza. Si vuelve y encuentra que el espejo ha sido roto por quien más admiraba, el cielo se volverá un lugar pequeño para él.
Uriel lo observaba con sus ojos llameantes, comprendiendo la tortura de su compañero.
- Lo que viste, Zadquiel… ese descenso a la tierra… no es solo un castigo , intervino Uriel.
En el mundo de los hombres, el dolor tiene un fin, pero aquí, en la eternidad, el sufrimiento de un ángel puede durar eones. Quizás la tierra sea la única misericordia para el que caiga.
Desde su posición, ambos levantaron la vista hacia la torre del reloj. Vieron la silueta de Miguel, imponente y dorada, junto a la de Alanis, delicada y plateada. Parecían una sola sombra proyectada contra las nubes de nácar.
Zadquiel sintió una punzada de amargura. Sabía que Miguel, en su arrogancia de guerrero, creía que podía controlar las consecuencias de su amor. Y Alanis, en su pureza de guardiana, creía que la bondad de Sariel sería un escudo. Ninguno de los dos entendía que estaban jugando con la arquitectura misma de la creación.
- Miguel cree que enviando a Sariel al abismo ha ganado tiempo , dijo Zadquiel con voz queda. Pero el tiempo es lo que Alanis custodia, y el tiempo no olvida las deudas.El séptimo rayo se está alimentando de su secreto, Uriel. La transmutación se está volviendo corrupción. Dijo Zadquiel
Esa tarde Uriel y zadquiel tomaron la decisión de no Intervenir
Uriel se cruzó de brazos, sus alas emitieron un leve crujido de fuego.
- Entonces, dejemos que los hilos se enreden ,sentenció Uriel. No diremos nada a Gabriel, porque sus trompetas alertarían al Creador antes de tiempo. No diremos nada a Rafael, porque su compasión lo llevaría a advertir a Sariel, y eso solo aceleraría el colapso.
- Guardaremos el secreto, concluyó Zadquiel, mirando hacia el horizonte infinito. Pero cuando la ciudad de plata tiemble y uno de ellos empiece a perder sus alas para vestirse de piel y huesos, nosotros seremos los únicos que sabremos que no fue un accidente, sino el precio de un amor que se atrevió a ser más fuerte que la eternidad.
Zadquiel cerró los ojos y, en una conexión mental silenciosa, le envió un suspiro a su gemelo en el abismo, un mensaje sin palabras que decía simplemente: “Perdóname”.
Uriel se despidió dejando a un Zadquiel que se preguntaba si estaba siendo demasiado cruel con su gemelo al no advertirle, o que si realmente estaba siendo misericordioso al dejar que el destino siguiera su curso... Continuará