Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 13: La hija que dejó atrás
NARRADOR OMNISCIENTE
La noticia del fracaso del secuestro llegó esa misma noche. Aída no reaccionó con miedo. La recibió con furia total.
—¿Cómo qué fallaste?—espetó ella.
El hombre que había intentado entrar en la casa de Kaelyn permanecía frente a ella con la cabeza inclinada. Con vendajes en los brazos y el torso.
—Ese hombre estaba ahí...—Aída apretó los dientes.
—Adler Schneider...—Pronunció el nombre con desprecio. Después recordó el mensaje.
Las castañas están listas para romperse...
Su rostro se endureció.
—Kaelyn...—Había esperado encontrar una mujer asustada. Una mujer que, después de descubrir que su madre había regresado, se escondiera. Pero Kaelyn había hecho lo contrario. Respondió.
Y Aída sabía perfectamente lo que eso significaba. Esa estúpida frase...
La familia estaba unida. Preparada. Esperándola. Aída giró la cabeza hacia la cama. Allí estaba Liza. Una joven que dormía profundamente, conectada a varios equipos médicos. Su rostro era delicado.
Su cabello oscuro caía alrededor de su rostro, incluso inconsciente, resultaba imposible ignorar el parecido con Kaelyn. Los mismos rasgos. La misma forma de los labios. Una estructura facial prácticamente idéntica. Pero había una diferencia.
Liza estaba enferma. Muy enferma. Necesitaba un trasplante de médula. Y el tiempo se estaba agotando. Aída se acercó a la cama y tomó la mano de su hija.
—No permitiré que mueras—. Su voz tembló—No después de todo lo que hice por ti.
Pero había una verdad que ni siquiera ella podía negar. Kaelyn era la única donante compatible que habían encontrado. Y ahora estaba embarazada de gemelos. Aquello complicaba todo.
Pero también aumentaban las probabilidades de conseguir lo que Aída necesitaba. No le importaba que Kaelyn estuviera embarazada. No le importaba que hubiera dos vidas creciendo dentro de Kaelyn. Para Aída, la necesidad de Liza justificaba cualquier cosa. Incluso destruir a su hija por salvar a la otra.
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KAELYN
Mis hermanos llegaron con información, supe inmediatamente que algo no estaba bien. Ethan dejó una carpeta sobre la mesa.
—Tenemos información sobre Aída.
La miré. No sentí miedo. Solo cansancio.
—¿Qué encontraron?
Marius respondió.
—Después de que Aída nos abandonara, se casó.
—¿Con quién?
—Un hombre rico.
Nathan continuó.
—Y tuvieron una hija.
Mi mirada permaneció fija en ellos.
—Con que una hija...—Ethan asintió.
—Se llama Liza—. Sentí algo raro. No sabía qué era. Quizá era tristeza. Tal vez incredulidad. O simplemente agotamiento.
—¿Dónde está ella?
—En un hospital—Nikolay apretó los puños—. Está enferma—. Me quedé callada—Necesita un trasplante de médula.
El silencio se volvió pesado.
—Y eres la única compatible.
No era una pregunta. Ethan asintió lentamente. Cerré los ojos. Por un instante imaginé a aquella joven. Una mujer que no tenía la culpa de nada. Una hija que había nacido muchos años después de que nuestra madre nos abandonara.
No podía odiarla. Tampoco culparla. Ella no había elegido nada de aquello.
—¿Y su padre?
—Murió.
—¿Y Aída se quedó sola con ella?
—Sí.
Bajé la mirada hacia mi vientre. Los bebés se movieron. Patada. Luego otra. Mi mano descansó sobre ellos.
—Lo siento por ella—Mis hermanos me miraron con sorpresa.
—Kaelyn...
—Liza no tiene la culpa—. Respiré profundo—Pero tampoco es mi responsabilidad sacrificarme—. Nadie dijo nada—No voy a permitir que Aída me haga daño—Mi mano permaneció sobre mi vientre—. Ni a ellos—Mi voz se volvió firme—. No voy a poner en riesgo a mis hijos para reparar una decisión que ella tomó hace años.
Ethan asintió.
—Eso creímos.
—¿Están molestos?—Nathan y Nikolay fruncieron el ceño.
—¿Por qué lo estaríamos?
—Porque es nuestra hermana.
Marius se acercó.
—Precisamente por eso—Me abrazó—. Primero estás tú.
Aquellas palabras hicieron que mis ojos se humedecieran. Habíamos perdido a nuestro padre. Habíamos perdido a nuestra madre. Pero nunca nos habíamos perdido entre nosotros.
Adler había permanecido callado durante toda la conversación. Lo miré. Estaba de pie cerca de la ventana. Su expresión era oscura.
—¿Qué estás pensando?—Sus ojos verdes se encontraron con los míos.
—Que no importa cuál sea su motivo—. Se acercó—No tiene derecho a tocarte—. Miró mi vientre—Ni a nuestros hijos.
Asentí.
—Lo sé—Tomó mi mano.
—Y no vas a enfrentar esto sola.
Miré a mi alrededor. Mis cinco hermanos. Alisa. Ann. Adler. Todos estaban allí. Por primera vez desde que había escuchado el nombre de Aída, comprendí algo.
Ya no era esa niña. Era una mujer. Tenía una familia. Tenía dos hijos que proteger. Y tenía personas dispuestas a permanecer a mi lado.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂