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LA ESPOSA QUE EL EMPERADOR NO QUERÍA

LA ESPOSA QUE EL EMPERADOR NO QUERÍA

Status: En proceso
Genre:Época / Matrimonio arreglado
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Cori222

Una antigua promesa. Dos reinos unidos por el destino. Una mujer que jamás debió formar parte de la historia… y un emperador que estaba destinado a amar a otra.

Pero el destino rara vez respeta los planes de los hombres.

NovelToon tiene autorización de Cori222 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El desayuno que quebró el silencio

El emperador entró al comedor con paso firme.

El murmullo habitual se extinguió apenas cruzó el umbral. Tomó asiento en la cabecera, dejó los guantes sobre la mesa y recorrió el salón con la mirada… como quien percibe una pieza fuera de su sitio.

—Jaime —dijo finalmente—, ¿dónde se halla Emilia?

El mayordomo entreabrió los labios para responder, más la emperatriz se adelantó, esbozando una sonrisa serena… demasiado serena.

—Querido, nuevamente ha decidido no acompañarnos. Prefiere tomar sus alimentos en su habitación.

La hermana del emperador dejó escapar una risa apenas contenida.

—Parece que esa tal Emilia nos considera indignos de compartir la mesa, hermano.

Kael frunció el ceño.

Y entonces… una voz clara, firme, atravesó la estancia.

—Buenos días.

El silencio fue inmediato.

La emperatriz y su hija giraron al unísono.

Era Emilia.

Los sirvientes quedaron inmóviles, como si el aire mismo hubiese sido retenido en el salón.

La hermana del emperador abrió los ojos, incapaz de disimular su sorpresa.

La emperatriz se puso en pie de golpe.

—¡Por todos los cielos! —exclamó—. ¿Has perdido la razón?

Emilia avanzó.

Paso firme.

Espalda recta.

Mirada al frente.

Ignoró los murmullos. Ignoró el escándalo.

Se detuvo junto a la silla contigua a la del emperador.

Kael, que sostenía un documento, alzó la vista con lentitud.

La recorrió… sin prisa.

Y guardó silencio.

No llevaba vestido.

Ni joyas.

Ni símbolo alguno de rango o ceremonia.

Solo una prenda ligera, sencilla, destinada al ámbito privado… y, sin embargo, imposible de ignorar.

No había en ella intención de seducir.

Solo una verdad expuesta… sin ornamento.

La emperatriz alzó la voz, crispada.

—¿Acaso no tienes pudor?

Emilia inclinó apenas la cabeza.

Serena.

Casi insolente.

—Lo que no tengo son mis pertenencias —respondió con calma—.

¿Podría indicarme dónde se encuentran mi ropa, señora?

El emperador cerró el documento con un golpe seco y se puso en pie.

Su voz resonó como una orden irrevocable.

—Todos… fuera.

Los soldados y sirvientes obedecieron sin vacilar. En cuestión de instantes, el comedor quedó despejado.

Solo permanecieron ellos.

La emperatriz, rígida de indignación.

Su hija, observando con un interés apenas disimulado.

Y Kael… con la tensión marcada en la mandíbula.

Emilia no se movió.

No se cubrió.

No apartó la mirada.

Y entonces… quedó claro.

No había cruzado aquellas puertas para provocar.

Había venido a revelar.

El emperador la observó un instante más, en silencio.

Y comprendió.

Aquello no era descuido.

El comedor quedó en silencio.

Un silencio denso.

Cargado.

Incómodo.

El emperador Kael Draken permanecía de pie frente a mí, inmóvil, como si el aire mismo se hubiese tensado entre ambos.

No alzó la voz.

No impartió órdenes.

Y, de manera extraña… aquello resultaba más inquietante que cualquier estallido de furia.

—Explícame —dijo al fin.

Su tono no fue elevado.

Fue control.

Sostuve su mirada sin vacilar.

—Anoche solicité mis pertenencias —respondí con calma—. Esta mañana reiteré mi petición. Dormí con lo puesto. No dispongo de ropa ni de objeto alguno. Así que… improvisé.

La emperatriz dejó escapar una risa incrédula.

—Esto es una falta de respeto inadmisible—

—No me dirigía a usted —la interrumpí, sin apartar la mirada de Kael—.

Me dirigía a mi esposo.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Como una bofetada invisible.

Kael tensó la mandíbula.

—¿Quién dio la orden? —preguntó, sin mirarme, sino a la emperatriz.

Lucrecia se irguió.

—Solo pretendía enseñarle cómo se rigen las normas en este palacio. No puede comportarse a su antojo.

—Lo que no puedo hacer —comencé con una suavidad peligrosa—

Kael dio un paso hacia mí.

Era alto.

Imponente.

Y estaba… demasiado cerca.

Sentí su presencia como una muralla.

Y no retrocedí.

—No repitas esto —dijo en voz baja—. Ni escenas. Ni escándalos.

Una leve curva tocó mis labios.

—Entonces no me priven de lo esencial —respondí—. Porque no pienso guardar silencio, encerrarme y aceptar humillaciones solo para aparentar docilidad.

Nos miramos.

Largo.

Intensamente.

Por primera vez… no vi en sus ojos rastro alguno de sombra o herida.

Vi cálculo.

—Jaime —ordenó sin apartar la vista de mí—. Trae sus pertenencias de inmediato. Y asígnale una doncella.

La emperatriz dio un paso al frente.

—Kael—

—Ahora.

El mayordomo desapareció con presteza.

El emperador bajó ligeramente la voz.

—Esto no ha sido una guerra —dijo—. Ha sido una advertencia.

—Vístete —añadió—. Después… hablaremos.

—¿Es una orden o una invitación? —pregunté.

Sus ojos no se apartaron de los míos.

—Consideradlo… una tregua.

Me giré con la espalda recta, consciente de cada mirada que aún pesaba sobre mí.

Cuando mis maletas finalmente llegaron, no hubo disculpas.

Solo órdenes secas.

Pasos apresurados.

Y una puerta cerrándose con más prisa de la necesaria.

Me cambié sin premura.

No porque dispusiera de tiempo… sino porque necesitaba recuperar el control.

Elegí un vestido oscuro, sencillo, ceñido apenas lo justo para recordarme que seguía siendo dueña de mi cuerpo.

Recogí mi cabello con firmeza.

Cuando terminé, llamaron a la puerta.

—Adelante.

Era él.

Entró.

Y cerró.

El silencio descendió entre nosotros.

—¿Siempre resuelves los conflictos de esa manera? —preguntó finalmente.

Me apoyé en la mesa, sin sentarme.

—Solo cuando me obligan —respondí—. No fue mi primera elección.

Kael me observó con detenimiento.

Como si intentara descifrar cada una de mis piezas.

—La emperatriz no está habituada a ser desafiada.

Sonreí levemente.

—Y yo no estoy habituada a ser ocultada. Supongo que estamos en igualdad.

El aire se volvió más denso.

Por un instante… pareció que nadie más existía en aquella estancia.

—Esta conversación —dijo finalmente, girándose hacia la puerta—, queda entre nosotros.

—Majestad —lo llamé.

Se detuvo.

—¿Sí?

—Gracias por ordenar que me devolvieran mis pertenencias.

Hubo una pausa.

—No fue cortesía —respondió—. Fue necesidad.

Sonreí.

—Me halaga saber que ya me considera… necesaria.

No respondió.

Pero tampoco se marchó de inmediato.

Y en ese breve instante suspendido…

el silencio dejó de ser una barrera.

Y comenzó… a ser un puente.

1
Magda
ahhhhh siiiii porfin
emma santana
awwww😍😍😍😍
Carmen Remolcoy
me tiene atrapada está historia,muy buena, gracias autora,🙌🙌
Maria Arias
está está de pelos
Maria Arias
por lo visto la protagonista ni hacer anelis si no emilia
Jessye
se va enamorar jijiji eso va a pasar
Jessye
excelente
Jessye
fascinada con la historia🥰, hasta este momento muy divertida y entretenida jijijiji
Jessika
Wowww se puso buenoooo
Jessika
Empezó bien jijiji o sea ya me gancho, veamos como sigue jijiji
Ada Esprella
es hermosa 🥰
emma santana
cuando se morirá lucrecia🤨🙄
Ada Esprella
me atrapa mal... hermosa historia🥰
emma santana
se viene mi bueno🤭
emma santana
Se acabo en la mejor parte😭
Ada Esprella
me encanta la historia bien narrada los detalles todo ... no puedo esperar a que suba más por favor más rápido 🙏
Ada Esprella
no puedo esperar😭que agregues capitulos
Ada Esprella
es muuuy buena historia
Jessy Grey
Emilia no tiene culpa
Jessy Grey
que malo
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