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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

La rival

Lucía llegó tarde a la biblioteca.

Valentina ya estaba sentada en una mesa del segundo piso, con una laptop abierta y tres libros de diseño apilados a un lado. Llevaba tenis blancos, jeans y una sudadera ligera. El pie seguía vendado, así que había elegido el par más cómodo.

No esperaba visitas.

Por eso levantó la vista cuando alguien se detuvo frente a su mesa.

Una mujer de traje beige estaba de pie al otro lado. Llevaba el cabello suelto, perlas pequeñas en las orejas y un bolso estructurado que parecía costar más que toda la mochila de Valentina.

—Valentina Solís Mendoza —dijo la mujer.

No preguntó.

Valentina cerró el libro despacio.

—Sí.

—Soy Isabella Castellanos.

El nombre activó la advertencia de Lucía.

No vayas sola a la biblioteca.

Valentina miró alrededor. Había estudiantes en otras mesas, pero nadie lo bastante cerca para escuchar bien.

—¿Necesitas algo?

Isabella sonrió y dejó una tarjeta sobre la mesa.

—Quería conocerte. Sebastián ha estado muy ocupado estos días por ti.

Valentina no tocó la tarjeta.

—¿Por mí?

—Vives en La Hacienda, ¿no? Qué tierno que cuide a la hermanita de la familia.

La palabra hermanita entró limpia y salió con filo.

Valentina enderezó la espalda.

—No soy su hermana.

—Claro. Ya sé que no hay sangre. Me refiero a la costumbre. Crecer cerca de una familia poderosa debe confundirte un poco.

Valentina cerró la laptop.

—No estoy confundida.

—Me alegra. Entonces entenderás que Sebastián no puede detener reuniones cada vez que tienes un susto.

La cara de Valentina no cambió, pero su mano bajó a la mochila y apretó la correa.

Isabella lo vio.

—No lo digo para herirte. Al contrario. Eres joven. Estás recuperándote. Deberías concentrarte en tus clases, no en ocupar el tiempo de un hombre que dirige un grupo empresarial.

—¿Sebastián te pidió que me dijeras eso?

Isabella soltó una risa suave.

—Sebastián no pide. Sebastián decide.

Valentina se puso de pie.

—Entonces deja que él decida.

Por primera vez, la sonrisa de Isabella se quedó quieta.

—Tienes carácter.

—Tengo tarea.

—Y mala memoria, según dicen.

Valentina sintió el golpe. Esta vez no pudo evitarlo.

Isabella inclinó un poco la cabeza.

—Perdón. Fue descortés.

—No. Fue intencional.

La voz de Lucía llegó desde el pasillo.

—Ya basta, Isabella.

Lucía venía rápido, con el cabello recogido y una carpeta contra el pecho. Se paró junto a Valentina.

—La biblioteca es para estudiar, no para venir a marcar territorio.

Isabella la miró de arriba abajo.

—Lucía Herrera. Siempre tan directa.

—Y tú siempre tan elegante para decir cosas horribles.

Isabella tomó su tarjeta de la mesa y volvió a dejarla, esta vez más cerca de Valentina.

—Si necesitas algo, Valentina. Orientación, contactos, una opinión adulta.

Lucía empujó la tarjeta con dos dedos hacia el borde.

—No necesita nada de ti.

Isabella recogió el bolso.

—Eso lo veremos.

Se fue sin prisa.

Cuando desapareció por las escaleras, Valentina se sentó otra vez. Su mano temblaba sobre el teclado.

Lucía lo notó.

—¿Qué te dijo?

Valentina repitió lo esencial. No adornó nada. No quiso llorar.

—Le voy a escribir a Sebastián.

—Hazlo.

Valentina abrió el chat.

"¿Quién es Isabella Castellanos?"

La respuesta no llegó por mensaje.

El celular sonó tres minutos después.

Sebastián.

Valentina contestó.

—Hola.

—¿Qué te dijo?

No preguntó por qué. No saludó dos veces. Su voz venía baja y dura.

Valentina miró a Lucía.

—Que estoy ocupando tu tiempo. Que debería concentrarme en clases. Que soy la hermanita de la familia.

Hubo silencio al otro lado.

—¿Algo más?

—Dijo que tengo mala memoria.

La respiración de Sebastián cambió.

—No vuelvas a hablar con ella.

—Ella vino a buscarme.

—Entonces si vuelve, me llamas.

—Sebastián...

—¿Estás bien?

Valentina miró su mano. Ya no temblaba tanto.

—Estoy enojada.

—Bien.

—¿Bien?

—Mejor enojada que asustada.

Valentina bajó la mirada, y por primera vez desde que Isabella se había ido, respiró sin apretar los dientes.

—¿Quién es para ti?

—Una socia comercial.

—Ella dijo que eran cercanos.

—Miente.

La respuesta fue tan rápida que Lucía, al lado, abrió los ojos.

Valentina también.

—Ah.

—Quédate con Lucía. Daniel enviará al chofer.

—Tengo clase.

—Después de clase, entonces.

—No tienes que—

—Sí tengo.

La llamada terminó.

En Torre Montero, Sebastián dejó el celular sobre el escritorio.

Daniel estaba frente a él con una carpeta.

—¿Señor?

—Llama a Isabella Castellanos. Dile que venga a mi oficina.

Daniel no preguntó. Sacó el celular.

Isabella llegó cuarenta minutos después.

Entró con la misma ropa beige de la universidad y una sonrisa lista.

—Sebastián. Si esto es por el contrato con mi familia, traje unas observaciones.

—Cierra la puerta.

Isabella obedeció.

Daniel se quedó dentro, junto al librero, con una tableta en la mano.

Sebastián no le ofreció asiento.

—Si vuelves a acercarte a Valentina, los contratos entre Castellanos y Montero se terminan mañana.

Isabella tardó un segundo en responder.

—Solo quería conocer a tu hermanita.

—No la llames así.

—¿Entonces cómo quieres que la llame?

—Por su nombre, si alguna vez tienes autorización para hablarle. No la tienes.

Isabella mantuvo la sonrisa, pero sus dedos se cerraron sobre el bolso.

—Estás exagerando.

Sebastián abrió una carpeta y la giró hacia ella. Era el resumen de los contratos activos entre Grupo Montero y la familia Castellanos.

—Daniel tiene instrucciones de preparar terminación anticipada si vuelves a aparecer frente a ella.

Daniel levantó la vista.

—Confirmado.

Isabella lo miró.

—¿También vas a hacer que tu asistente me amenace?

—No es amenaza. Es procedimiento.

Sebastián señaló la puerta.

—Sal.

Isabella tomó la tarjeta que había dejado sobre el escritorio de Daniel y la guardó con cuidado.

—Algún día vas a cansarte de jugar al protector.

Sebastián no contestó.

Daniel abrió la puerta.

Isabella salió.

En el elevador, esperó a que las puertas se cerraran para marcar un número.

Camila respondió al tercer tono.

—¿Sí?

Isabella miró su reflejo en el metal del elevador.

—Camila, soy Isabella Castellanos. Creo que tenemos un problema en común.

La voz de Camila cambió.

—Te escucho.

1
Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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