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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — El secreto bajo el árbol

La mañana llegó con un cielo despejado.

Por primera vez en varios días, Arven parecía haber olvidado la lluvia.

Los rayos del sol entraban por las ventanas del Orfanato Santa Lucía y calentaban ligeramente las paredes de piedra. Desde el patio llegaba el sonido de los niños corriendo y, más allá de los muros, podían escucharse los vendedores que comenzaban a abrir sus puestos.

Eryan despertó antes de que sonara la campana.

Se quedó acostado mirando el techo.

Había dormido poco.

Otra vez había soñado con aquel campo.

La mujer.

El bebé.

Las estrellas.

Y aquellas palabras.

No eres de aquí.

Eryan se incorporó lentamente.

No quería pensar en el sueño.

Pero tampoco podía olvidarlo.

Miró sus manos.

Eran las mismas de siempre.

Pequeñas.

Delgadas.

Con algunos rasguños producto del trabajo diario.

Nada parecía diferente.

Sin embargo, desde aquella noche tenía la sensación de que algo había cambiado.

No sabía qué.

Quizá simplemente había comenzado a hacerse demasiadas preguntas.

Se levantó y se acercó a la ventana.

El sol apenas comenzaba a aparecer detrás de las montañas.

Durante unos segundos contempló el paisaje.

Arven estaba rodeada por una enorme cadena montañosa llamada las Montañas de Vhalor.

Eryan conocía su nombre porque lo había leído en un libro.

Según las historias, aquellas montañas separaban el reino de Valtheris de otros territorios.

También se decía que existían criaturas peligrosas en las zonas más profundas.

Dragones.

Lobos de sombra.

Serpientes gigantes.

Y otras criaturas que Eryan nunca había visto.

A veces se preguntaba si realmente existían.

Quizá algún día podría descubrirlo.

—¿Otra vez mirando afuera?

Eryan se giró.

Lina estaba sentada en su cama.

—Buenos días.

—No respondiste.

—Sí.

—¿Qué mirabas?

Eryan volvió a mirar las montañas.

—Las montañas.

Lina se levantó.

—¿Quieres ir allí?

Eryan sonrió.

—Algún día.

—¿Y qué harás cuando llegues?

—No lo sé.

—Entonces es un plan terrible.

—Gracias.

—De nada.

Lina se acercó a la ventana.

—Yo quiero conocer el mar.

Eryan la miró.

—¿Has visto el mar?

—No.

—Entonces, ¿cómo sabes que quieres conocerlo?

—Porque los libros dicen que es enorme.

Eryan sonrió.

—Entonces iremos juntos.

Lina levantó una ceja.

—¿A las montañas y al mar?

—Sí.

—¿Y después?

Eryan pensó unos segundos.

—A todas partes.

Lina sonrió.

—Me gusta ese plan.

La campana sonó.

Los dos abandonaron el dormitorio.

---

Después del desayuno, Eryan recibió una tarea diferente.

La directora quería que limpiara el jardín trasero.

Era un lugar que casi nadie utilizaba.

El jardín estaba separado del resto del patio por un muro bajo de piedra. En el centro había un árbol enorme.

Era mucho más antiguo que el propio orfanato.

Su tronco era tan ancho que tres niños juntos apenas podrían rodearlo.

Sus ramas se extendían hacia el cielo como enormes brazos.

Eryan había pasado muchas horas debajo de aquel árbol.

Era uno de sus lugares favoritos.

Allí podía estar solo.

Mientras recogía hojas secas, encontró una pequeña piedra.

Era completamente negra.

La levantó.

Tenía una marca extraña.

Un círculo atravesado por tres líneas.

Eryan se quedó inmóvil.

Era el mismo símbolo que había visto en la puerta.

—Otra vez...

Guardó la piedra en el bolsillo.

No sabía por qué.

Simplemente sintió que debía hacerlo.

Continuó limpiando.

Unos minutos después, escuchó pasos.

Era Aldren, el anciano encargado de la biblioteca.

—Eryan.

—Sí.

—La directora te está buscando.

—¿Para qué?

Aldren dudó.

—No lo sé.

Eryan lo observó.

—¿Seguro?

El anciano apartó la mirada.

—Seguro.

Eryan no le creyó.

Pero no insistió.

—Está bien.

Aldren comenzó a alejarse.

—Eryan.

El niño se giró.

—¿Sí?

El anciano miró la piedra que sobresalía ligeramente de su bolsillo.

Su rostro cambió.

—¿Dónde encontraste eso?

Eryan sacó la piedra.

—Aquí.

Aldren se acercó rápidamente.

La tomó entre sus dedos.

Durante unos segundos no dijo nada.

—No deberías tener esto.

—¿Por qué?

—Porque no es una piedra normal.

Eryan frunció el ceño.

—¿Qué es?

Aldren miró hacia el edificio.

—No aquí.

Eryan sintió curiosidad.

—¿Dónde entonces?

El anciano miró nuevamente la piedra.

—Después.

Y se marchó.

Eryan permaneció allí.

Ahora tenía todavía más preguntas.

---

La directora no tardó en llamarlo.

Eryan caminó hasta la oficina.

Llamó a la puerta.

—Entra.

Elira estaba sentada detrás de su escritorio.

Había varios documentos delante de ella.

—Siéntate.

Eryan obedeció.

La directora lo observó durante unos segundos.

—¿Cómo te encuentras?

—Bien.

—¿Has estado teniendo sueños extraños?

Eryan sintió un escalofrío.

No esperaba aquella pregunta.

—No.

La directora entrecerró los ojos.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Ella permaneció en silencio.

Después tomó uno de los documentos.

—Eryan, llevas diez años viviendo aquí.

—Sí.

—¿Alguna vez has querido saber quiénes fueron tus padres?

Eryan sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque quiero saber de dónde vengo.

La directora dejó el documento sobre la mesa.

—No siempre es bueno conocer el pasado.

Eryan la miró.

—¿Por qué?

—Porque algunas respuestas pueden causar más dolor que las preguntas.

Eryan guardó silencio.

—¿Usted sabe algo?

La directora no respondió.

Eryan insistió.

—¿Sabe quiénes son mis padres?

Elira bajó la mirada.

—No.

Eryan sabía que mentía.

Lo supo por la forma en que evitó mirarlo.

—Entiendo.

Se levantó.

—Puedes irte.

Eryan caminó hacia la puerta.

Antes de salir, la directora habló.

—Eryan.

El niño se giró.

—No busques respuestas donde no deberías.

Eryan la observó.

—¿Por qué?

La directora no respondió.

Eryan salió.

---

Encontró a Lina esperándolo en el pasillo.

—¿Qué quería?

—Nada.

Lina cruzó los brazos.

—Otra vez "nada".

—Me preguntó por mis padres.

Lina dejó de sonreír.

—¿Y qué dijiste?

—Que quería saber quiénes eran.

—¿Te contó algo?

—No.

Eryan sacó la piedra del bolsillo.

—Pero encontré esto.

Lina la observó.

—Es el símbolo de la puerta.

—Sí.

—¿Dónde la encontraste?

—En el jardín.

Lina miró alrededor.

—Tenemos que hablar con Aldren.

Eryan asintió.

---

Esperaron hasta la tarde.

Cuando todos los niños estaban ocupados, encontraron a Aldren en la biblioteca.

Eryan cerró la puerta.

—Dijiste que sabías qué era esto.

El anciano observó la piedra.

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué sabes?

Aldren suspiró.

—Ese símbolo pertenece a una época muy antigua.

—¿Qué época?

—Antes de que existiera el reino de Valtheris.

Eryan abrió los ojos.

—¿Tan antiguo?

—Mucho más.

Lina se acercó.

—¿Qué significa?

Aldren caminó hasta una estantería.

Sacó un libro enorme.

Lo colocó sobre la mesa.

—Hace cientos de años, antes de que los siete grandes reinos fueran como los conocemos actualmente, existían muchas civilizaciones.

Abrió el libro.

Había dibujos antiguos.

—Algunas estudiaban la magia.

—¿Y este símbolo?

Aldren señaló una página.

Allí aparecía el mismo círculo atravesado por tres líneas.

Eryan sintió un escalofrío.

Debajo había un nombre.

Los Guardianes del Umbral.

—¿Quiénes eran? —preguntó Eryan.

Aldren pasó la página.

—Una organización que investigaba algo que hoy casi nadie considera real.

—¿Qué cosa?

El anciano dudó.

—Los límites del mundo.

Eryan frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Aldren cerró parcialmente el libro.

—Según sus escritos, Aetherya no era el único lugar que existía.

Lina lo miró sorprendida.

—¿Había otros reinos?

—No.

Aldren negó lentamente.

—Hablaban de otros mundos.

Eryan sintió que el corazón le daba un pequeño golpe.

—¿Otros mundos?

—Sí.

—¿Como otro planeta?

—No exactamente.

Aldren volvió a mirar la página.

—Decían que existían lugares separados de Aetherya por algo que llamaban "el Umbral".

Eryan recordó inmediatamente la puerta de su sueño.

La misma sensación.

La misma forma.

Pero no dijo nada.

—¿Y qué pasó con ellos? —preguntó Lina.

—Desaparecieron.

—¿Todos?

—La organización dejó de existir hace siglos.

—¿Por qué?

Aldren cerró el libro.

—Porque intentaron cruzar el Umbral.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Y lo consiguieron?

Aldren lo miró directamente.

—Nadie lo sabe.

El silencio llenó la biblioteca.

Después el anciano tomó la piedra.

—Pero nunca había visto una de estas aquí.

—¿Entonces por qué estaba en el jardín?

Aldren no respondió.

---

Esa noche Eryan regresó al jardín.

Lina quería acompañarlo.

Pero él le pidió que se quedara dentro.

Necesitaba pensar.

Se sentó bajo el árbol.

Sacó la piedra.

La luz de las lunas iluminaba su superficie.

Eryan la observó.

—¿Por qué tú?

No esperaba respuesta.

Pero la piedra comenzó a calentarse.

Eryan abrió los ojos.

Una tenue luz violeta apareció en ella.

La misma energía que había visto en su mano.

La luz recorrió sus dedos.

Eryan intentó soltarla.

No pudo.

Una imagen apareció frente a él.

Un cielo lleno de estrellas.

Una enorme ciudad.

Y una figura caminando entre edificios desconocidos.

Eryan parpadeó.

La imagen desapareció.

La piedra cayó al suelo.

Eryan respiraba rápidamente.

—¿Qué fue eso?

Se agachó para recogerla.

Pero antes de hacerlo escuchó una voz.

—No deberías estar aquí.

Eryan se giró.

No había nadie.

—¿Quién está ahí?

Silencio.

Volvió a mirar la piedra.

Ya no brillaba.

Entonces escuchó pasos detrás de él.

Eryan se levantó rápidamente.

Era Lina.

—¡Eryan!

—¿Qué haces aquí?

—Te estaba buscando.

Ella respiraba agitadamente.

—La directora está preguntando por ti.

Eryan guardó la piedra.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Los dos regresaron al edificio.

Pero ninguno de ellos vio la figura que observaba desde una ventana del tercer piso.

La directora.

Había visto el brillo.

Y sabía exactamente lo que significaba.

---

Aquella noche, después de que los niños se durmieran, Elira entró en una habitación que casi nunca utilizaba.

Cerró la puerta.

Encendió una lámpara.

Sacó una caja de madera.

Dentro había documentos antiguos.

Uno de ellos tenía una fecha de hacía diez años.

La directora lo abrió.

Había una descripción.

Sexo: masculino.

Edad: recién nacido.

Origen: desconocido.

Lugar de hallazgo: no registrado.

Y debajo, escrito con tinta diferente:

"No pertenece a este mundo."

Elira cerró los ojos.

—Todavía no...

Guardó el documento.

Pero antes de cerrar la caja escuchó un ruido.

Un golpe.

Después otro.

Toc.

Toc.

Toc.

La directora se quedó inmóvil.

Los golpes venían de debajo del suelo.

El mismo lugar donde estaban encerrados los niños.

Elira apretó los puños.

—Todavía no es el momento.

Pero esta vez una voz respondió desde abajo.

Una voz infantil.

—Él ya lo sabe.

La directora palideció.

Y por primera vez en muchos años...

Pareció realmente asustada.

Continuará...

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