La Chica que Compró al Príncipe Esclavo
Elena Valmont solo quería entregar un paquete, cobrar unas monedas y volver a casa.
Pero una noche terminó en una subasta clandestina… y compró a un esclavo condenado a morir al amanecer.
Lo que no sabía era que aquel hombre herido, silencioso y cubierto de cadenas no era un esclavo cualquiera, sino Adrien Asteria, el heredero perdido del imperio más poderoso del continente.
Desde ese momento, Elena queda atrapada en una guerra por el trono, perseguida por asesinos, nobles traidores y secretos enterrados durante años.
Salvarlo fue un acto de compasión.
Amarlo podría costarle la vida.
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CAPÍTULO 7 La marca en su espalda
El patio volvió a quedar en silencio después de las últimas palabras de Elena.
Los guardias comenzaron a mirarla como si hubiera perdido completamente la razón. Para ellos, aquella muchacha era demasiado ingenua para sobrevivir en un mundo donde el dinero y el poder decidían el valor de una persona.
Lord Varek, por el contrario, parecía estar disfrutando cada segundo del espectáculo.
—Debo admitirlo —dijo mientras se acomodaba los guantes—. Empiezo a comprender por qué todos hablan de ti esta mañana. No todos los días una joven está dispuesta a discutir con nobles por un esclavo.
—No estoy discutiendo con usted, mi lord. Estoy intentando convencerlo.
—Eso lo hace todavía más divertido.
Adrien observaba la conversación con una mezcla de curiosidad e incredulidad. Había conocido innumerables personas durante los últimos años: mercenarios, nobles, comerciantes y soldados. La gran mayoría solo ayudaba cuando podía obtener algo a cambio.
Pero aquella muchacha era diferente.
Era un misterio que no lograba comprender.
—¿Por qué haces esto? —preguntó finalmente.
Elena lo miró directamente a los ojos.
—¿Y por qué no debería hacerlo?
—Porque es una mala decisión.
—Eso ya me lo han dicho demasiadas veces hoy.
—Y tienen razón.
Ella soltó una pequeña sonrisa.
—Eso está por verse.
Uno de los guardias se acercó a Lord Varek y le susurró algo al oído. El noble asintió con tranquilidad antes de volver su atención hacia Adrien.
—Es hora del castigo que te ganaste esta mañana.
La expresión de Elena cambió inmediatamente.
—¿Qué castigo?
—Veinte latigazos.
—¿Qué?
—Intentó escapar por tercera vez. ¿Esperabas que le ofreciera un pastel como recompensa?
Dos hombres se acercaron con un grueso poste de madera colocado en el centro del patio. Era evidente que aquel lugar había sido utilizado para castigar esclavos y criminales en innumerables ocasiones.
Elena sintió un nudo en el estómago.
—¡No puede hacer eso!
—Puedo hacer exactamente lo que quiera con mi propiedad.
Aquellas palabras la hicieron guardar silencio durante unos segundos.
Propiedad.
Así era como todos veían a Adrien.
Como algo que podía comprarse, venderse o destruirse según la voluntad de su dueño.
—¿No tienes miedo? —preguntó Elena al notar que el joven permanecía completamente tranquilo.
—¿Del dolor?
—Sí.
—Hace mucho tiempo que dejé de temerle.
Los guardias comenzaron a quitarle la desgastada camisa que cubría parte de su espalda.
Y entonces Elena la vio.
Una enorme cicatriz atravesaba parte de su hombro izquierdo, pero no fue eso lo que captó toda su atención.
Justo debajo de la clavícula, extendiéndose hacia la espalda, había una extraña marca grabada sobre su piel.
No era una cicatriz común.
Parecía un antiguo símbolo formado por líneas elegantes que se entrelazaban alrededor de una estrella de ocho puntas.
Era demasiado complejo para tratarse de un simple tatuaje de esclavo.
—¿Qué es eso? —preguntó Elena en voz baja.
Por primera vez desde que lo conocía, Adrien pareció realmente sorprendido.
—¿Qué cosa?
—La marca en tu espalda.
Su expresión cambió ligeramente antes de responder.
—Nada importante.
—No parece nada importante.
—Lo es para mí.
Lord Varek observó el símbolo con evidente interés.
—También me preguntaba qué significa. Ninguno de mis hombres ha podido identificarlo.
—Entonces deberían seguir sin hacerlo.
Aquella respuesta solo aumentó la curiosidad del noble.
—¿Es el símbolo de alguna familia noble? ¿De algún ejército? ¿De una organización secreta?
—No.
—Entonces, ¿qué es?
Adrien permaneció en silencio.
No tenía intención de responder.
Elena observó nuevamente la misteriosa marca. Había algo elegante y antiguo en su diseño. No se parecía a ninguno de los símbolos comerciales o militares que había visto en su vida.
Era imposible que un simple esclavo llevara algo semejante.
Además estaban las cicatrices.
Su forma de hablar.
Sus modales.
Su educación.
Nada en él encajaba con la vida de un criminal común.
—¿Quién eres realmente? —preguntó ella finalmente.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del joven.
—Esa es una pregunta peligrosa.
—¿Por qué?
—Porque cuanto más sepas sobre mí, más problemas encontrarás.
—Creo que eso ya empezó desde el momento en que regresé a este lugar.
Los presentes soltaron pequeñas risas al escuchar aquella respuesta.
—Tienes talento para meterte en problemas —comentó Lord Varek.
—Eso estoy empezando a descubrir.
Mientras tanto, uno de los guardias preparó el látigo que sería utilizado para el castigo.
—Todo está listo, mi lord.
Elena dio un paso al frente.
—¡Espere!
—¿Qué sucede ahora?
—¿No existe otra forma de castigarlo?
—¿Acaso quieres recibir los latigazos en su lugar?
El patio quedó completamente en silencio.
La pregunta había sido formulada como una burla.
Pero Elena no respondió inmediatamente.
Se tomó unos segundos para pensarlo.
—Si eso fuera suficiente para detenerlos... sí.
Incluso Adrien abrió ligeramente los ojos sorprendido.
Lord Varek comenzó a reír nuevamente.
—¡Definitivamente estás loca!
—Eso me lo han dicho varias veces desde ayer.
—¿Entiendes que apenas lo conoces?
—Sí.
—¿Y aun así estás dispuesta a sufrir por él?
Elena observó al joven encadenado frente a ella.
—No estoy sufriendo por él. Estoy haciendo lo que considero correcto.
Por primera vez en muchos años, Adrien no supo qué responder.
Había aprendido a desconfiar de todos. Había sobrevivido precisamente porque jamás permitía que nadie se acercara demasiado.
Pero aquella muchacha estaba comenzando a derribar sus certezas una por una.
Porque existía algo mucho más difícil de enfrentar que un ejército enemigo.
La bondad sincera de una persona.
Mientras Elena seguía observando la misteriosa marca grabada en su espalda, una extraña sensación comenzó a crecer dentro de ella.
Aquella marca no pertenecía a un esclavo.
Pertenecía a alguien cuya historia todavía permanecía oculta.
Y estaba dispuesta a descubrirla.
Aunque eso significara cambiar el destino de ambos para siempre.