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La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Magia / Superpoder
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Mariam fue, en su época, la hechicera más poderosa, temida y adorada de todo el continente. Con un ego tan grande como su magia y una belleza que hizo caer a reyes y dioses por igual, vivió mil años disfrutando de su poder, su riqueza y su libertad. Cuando finalmente su cuerpo antiguo decidió rendirse, ella esperaba ascender a un plano superior o, al menos, descansar en un palacio de nubes digno de su grandeza. Pero el destino, que siempre ha tenido un sentido del humor cuestionable, le tenía preparada una sorpresa: despertó siglos después, en un mundo donde la magia parece haber desaparecido, donde hay cajas que hablan, carruajes que corren sin caballos y ropa que se lava sola. Para su sorpresa, no renació en una choza ni en un reino olvidado. Mariam volvió a la vida como la única hija de una de las familias más ricas e influyentes del siglo XXI: los De la Vega. Con padres que la adoran, le dan todo lo que pide y la miran como si fuera la luz del sol.

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Capítulo 13: Secretos al descubierto

Cuando regresamos al lugar donde estaban nuestros padres, ya era tarde. El sol se estaba escondiendo detrás de las montañas, pintando el cielo de tonos rojizos y violetas, y el aire se había vuelto más fresco. Los adultos, ajenos a todo lo que habíamos visto y aprendido en el bosque, nos recibieron con sonrisas y comentarios sobre lo bonito que era caminar y disfrutar de la naturaleza.

—¡Qué bien que han vuelto! —dijo mi madre, acomodando unas mantas alrededor de la hoguera que habían encendido para la noche—. Estábamos a punto de ir a buscarlos, pero sabíamos que Mariam se las ingenia para encontrar el camino a cualquier parte. Siempre encuentra lo mejor, ¿verdad, hija?

Sonreí, pero no con esa sonrisa brillante y segura de siempre. Esta vez fue una sonrisa suave, distraída. Todavía tenía en la piel la sensación de aquella magia antigua que Alexandro me había mostrado, y en la cabeza daban vueltas sus palabras: "Hay muchas formas de magia... hay muchas cosas que aún no sabemos el uno del otro".

Después de cenar, cuando todos se fueron a acomodar en las carpas o se quedaron charlando bajito cerca del fuego, yo no pude dormir. La luna estaba enorme, blanca y redonda, colgando en lo alto del cielo como un ojo vigilante, y la luz que emitía era tan clara que casi se podía leer con ella. Me levanté con cuidado, me envolví en una manta y caminé en silencio hasta un lugar un poco apartado, sentándome en un tronco caído desde donde se veía todo el valle.

No me sorprendió cuando, a los pocos minutos, sentí que alguien se sentaba a mi lado. No tuve que mirar para saber quién era. Su presencia era inconfundible: tranquila, sólida, y extrañamente familiar, como si hubiera estado ahí a mi lado durante siglos.

—Sabía que no dormirías —dijo Alexandro en voz baja, mirando también hacia el horizonte oscuro—. Demasiadas cosas nuevas en tu cabeza, ¿verdad? Demasiadas cosas que no encajan con lo que siempre has creído.

Suspiré y me abracé más fuerte a mí misma, no por frío, sino por una mezcla de emociones que me revolvían el estómago. —Tienes razón —admití, sin rodeos, sin orgullo, por primera vez—. Siempre he creído que yo era la única. La única que recordaba, la única que sabía, la única que llevaba siglos viviendo, aprendiendo, acumulando poder y recuerdos. Para mí, el resto del mundo… bueno, el resto del mundo eran personas que nacían, vivían un poco y se iban. Mortales. Y yo era diferente. Única.

Hice una pausa, mirando las llamas de la hoguera que brillaban a lo lejos, pequeñas y lejanas. —Yo fui grande, Alexandro —empecé a contar, con voz baja pero cargada de intensidad, dejando caer por fin todo lo que siempre había guardado en lo más profundo—. Hace mucho tiempo, en otra tierra, con otro nombre… yo era la hechicera más poderosa que jamás había existido. La gente venía de todos lados para verme, para pedirme consejo, para que yo usara mi magia para curar, para proteger, para cambiar el destino. Tenía poder sobre los elementos, sobre la mente, sobre la vida y la muerte misma. Podía hablar con los dioses, y ellos me escuchaban. Podía crear belleza de la nada, podía hacer que el mundo se doblegara a mi voluntad.

Una sonrisa melancólica se dibujó en mis labios. —Era reina sin corona, era dueña de todo lo que miraba. Viví en palacios de mármol y oro, rodeada de lujos, de adoración, de todo lo que se puede desear. Pero también viví guerras, traiciones, envidias… porque cuando alguien brilla tanto, hay muchos que quieren apagar esa luz. Y aprendí a ser fuerte, aprendí a ser orgullosa, aprendí que yo podía con todo, sola, porque mi poder era infinito. Y cuando mi tiempo allí terminó, cuando mi cuerpo viejo se apagó… mi esencia, mi recuerdo, mi magia… todo siguió. Renací, una y otra vez, en épocas distintas, en lugares distintos, siempre sabiendo quién era, siempre recordando todo, siempre siendo más, siempre siendo la mejor.

Me giré hacia él, y mis ojos brillaron con la luz de la luna y con la memoria de mil vidas. —Eso soy yo, Alexandro. No soy solo una chica rica, bonita y caprichosa del siglo XXI. Soy todo eso. Soy la historia, soy la magia, soy el fuego que nunca se apaga. Y hasta hoy… hasta hoy, creí que era la única criatura en este mundo que tenía esta carga, este regalo y esta maldición. Creí que tú eras… bueno, creí que eras un chico normal, muy inteligente, muy hábil, pero mortal.

Lo miré fijamente, buscando en su rostro cualquier rastro de sorpresa, de miedo o de incredulidad. Pero no vi nada de eso. Alexandro me miraba con una calma infinita, con una ternura profunda y con esa comprensión absoluta que me había desconcertado tantas veces. No se había sorprendido. No se había echado para atrás. No me había mirado como si estuviera loca.

—¿No te asusta? —le pregunté, bajando la voz, confundida—. ¿No te parece imposible o loco lo que te acabo de decir? Soy más antigua que cualquier edificio, que cualquier tradición, que cualquier cosa que conoces. He vivido tanto que he olvidado más cosas de las que tú podrías aprender en toda tu vida. Y tú… tú solo me miras así. Como si ya lo supieras.

Alexandro desvió la mirada hacia el bosque oscuro, hacia las sombras que se movían suavemente con el viento, y soltó un suspiro largo, cargado de peso y de historia. —Mariam —dijo él suavemente—, tú no eres la única que recuerda. Tú no eres la única que ha visto reinos caer, que ha caminado por bosques que ya no existen, que ha hablado lenguas que nadie más entiende hoy en día.

Se giró hacia mí, y en sus ojos oscuros vi destellos de cosas que no podía explicar: noches eternas, paisajes antiguos, batallas silenciosas y una sabiduría que no se aprende en libros ni en pocos años. —Tú me preguntaste hace un rato cómo sabía sentir la naturaleza, cómo conocía esa magia antigua —continuó él, bajando la voz hasta que fue solo un susurro entre nosotros, como si el aire mismo debiera guardar el secreto—. Tú crees que yo soy de aquí, de ahora, de esta vida. Y tienes razón y no la tienes. He vivido mucho, Mariam. Mucho más de lo que aparentan mis dieciocho años. He tenido otros nombres, otras vidas, otras misiones. He visto nacer civilizaciones y he visto cómo se convertían en polvo. He viajado por lugares que ahora son solo leyendas o mitos. Y al igual que tú… cada vez que regreso, cada vez que vuelvo a despertar en un cuerpo nuevo, recuerdo todo. Recuerdo lo que fui, lo que vi, lo que aprendí.

Me quedé paralizada, con la boca ligeramente abierta, sintiendo cómo todo lo que creía saber se movía y cambiaba bajo mis pies, igual que la tierra bajo las raíces de los árboles. —¿Tú también? —susurré, incrédula, pero con una emoción extraña creciendo en mi pecho—. ¿Tú también eres… de antes? ¿Tú también has estado aquí siempre?

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😍Jacky😘💓✨
es prepotente, engreída e inmadura, tenía que nacer en una familia pobre para que valorará todo y ser más humilde.. tiene que aprender😏
Nadezhda
Inmadura
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