la vida de Giovanna no era color de rosa, pero la noche en que todo cambió descubrió que aquella persona que debería haberla protegido, la había condenado.
¿que ocurre cuando el monstruo arrastra consigo a la persona que mas amas en este mundo? ¿puedes perdonar que alguien te arrebate a tu madre por error?
Aleksei creyó que estaba vengando a su hermana, pero descubrió su error y ahora debe pagar las consecuencias.
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la verdad detrás del miedo
Pasaron cuatro días.
Cuatro días en los que el automóvil negro continuó apareciendo frente a la casa.
Cuatro días en los que los hombres desconocidos siguieron observando desde la distancia.
Cuatro días en los que Carlo apenas salió del despacho.
La tensión se había vuelto una presencia permanente.
Invisible.
Silenciosa.
Pero imposible de ignorar.
Incluso las comidas se habían convertido en algo incómodo.
Nadie hablaba demasiado.
Nadie hacía preguntas.
Y todos parecían escuchar cualquier ruido procedente del exterior.
Como si esperaran algo.
O a alguien.
Aquella noche, después de cenar, Giovanna intentó estudiar.
De verdad intentó hacerlo.
Abrió los apuntes.
Preparó café.
Se obligó a sentarse frente al escritorio.
Pero apenas llevaba veinte minutos leyendo cuando escuchó voces provenientes de la planta baja.
Las de sus padres.
Al principio no prestó demasiada atención.
Las discusiones se habían vuelto frecuentes durante los últimos años.
Sin embargo, algo en el tono de aquella conversación la hizo detenerse.
No estaban gritando.
Y eso era precisamente lo extraño.
Parecían cansados.
Derrotados.
Como dos personas que finalmente habían dejado de fingir.
Giovanna dejó el bolígrafo.
Abrió la puerta.
Y caminó lentamente hacia las escaleras.
Las voces provenían del salón.
—Ya no tiene sentido ocultarlo —escuchó decir a su padre.
Su corazón dio un vuelco.
Se acercó un poco más.
Lo suficiente para observar sin ser vista.
Su madre estaba sentada en el sofá.
Carlo permanecía de pie frente a la ventana.
Observando la calle.
Observando el automóvil negro.
—Nos siguen día y noche —continuó él.
—Lo sé.
—Y ya ni siquiera intentan disimularlo.
La mujer guardó silencio.
Porque ambos sabían quiénes eran.
Y por qué estaban allí.
—¿Crees que actuarán pronto? —preguntó ella.
Carlo tardó varios segundos en responder.
—No.
—¿Estás seguro?
—Si quisieran matarme ya lo habrían hecho.
Aquellas palabras hicieron que la sangre abandonara el rostro de Giovanna.
Matarlo.
Estaban hablando de matarlo.
La joven permaneció inmóvil.
Conteniendo la respiración.
—Entonces, ¿qué esperan?
La pregunta de su madre quedó suspendida en el aire.
Carlo cerró los ojos.
Como si estuviera reuniendo fuerzas.
—Respuestas.
—¿Y todavía creen que fuiste tú?
—Sí.
La mujer bajó la mirada.
—Dios mío.
—No los culpo.
Aquella respuesta sorprendió incluso a Giovanna.
—¿Qué quieres decir?
Carlo soltó una risa amarga.
—Si yo estuviera en su lugar probablemente pensaría lo mismo.
Se hizo un largo silencio.
Y cuando volvió a hablar, su voz sonó más cansada que nunca.
—El viejo Volkov y nuestro jefe eran amigos. Socios. Durante años hicieron negocios juntos. Negocios enormes. Drogas, armas y mucho mas.
Su madre levantó la vista.
Escuchando atentamente.
—Confiaban el uno en el otro. Algo muy raro en nuestro mundo.
—Lo recuerdo.
—Nunca hubo problemas. Nunca hubo traiciones. Nunca hubo conflictos. Durante años funcionó. Hasta que el viejo murió.
Giovanna sintió cómo su corazón comenzaba a acelerarse.
Aquello era la primera explicación real que escuchaba.
La primera pieza del rompecabezas.
—Y entonces apareció Alekséi.
—El hijo.
—Sí. El hijo.
Carlo volvió a mirar por la ventana.
Hacia la oscuridad.
Hacia los hombres que vigilaban la casa.
—Todos sabían que heredaría el poder. Era inteligente. Frío. Mucho más frío que su padre. Y mucho más peligroso.
La voz de Carlo sonó sincera.
Sin exageración.
Sin dramatismo.
Como si estuviera describiendo un hecho.
—¿Y qué ocurrió con su hermana?
Aquella pregunta hizo que el ambiente pareciera congelarse.
Incluso Giovanna sintió un escalofrío.
Su padre tardó varios segundos en responder.
—Eso es precisamente lo que nadie entiende.
—¿Cómo que nadie entiende?
—Porque no debería haber estado aquí.
Su madre frunció el ceño.
—¿En Italia?
—Sí.
Carlo se pasó una mano por el rostro.
La herida del pómulo ya comenzaba a desaparecer.
Pero el cansancio seguía allí.
—Alguien la hizo venir.
—¿Quién?
—No lo sé.
—Carlo...
—No lo sé.
Esta vez parecía estar diciendo la verdad.
—Lo único que sabemos es que apareció en Italia hace unos meses. Nadie entendió por qué. Nadie sabía quién la había convencido. Ni siquiera los hombres del jefe.
Giovanna sintió que su respiración se aceleraba.
La joven rusa del periódico.
La muchacha sonriente de la fotografía.
Todo comenzaba a conectarse.
—Y después...
Carlo bajó la mirada.
—Después desapareció.
La voz de su madre se convirtió en un susurro.
—¿Qué le hicieron?
Durante varios segundos nadie habló.
—La encontraron muerta.
Las palabras fueron simples.
Directas.
Brutales.
—Drogada. Golpeada. Abusada.
El silencio que siguió fue devastador.
Giovanna sintió un nudo en la garganta.
Porque de pronto la noticia del periódico dejó de parecer un artículo cualquiera.
Ya no era una desconocida.
Era una persona.
Una joven.
Una hermana.
Una hija.
—Dios mío...
Su madre llevó una mano a su boca.
—Alekséi cree que nosotros tuvimos algo que ver.
Carlo negó lentamente con la cabeza.
—Y sinceramente no puedo culparlo. Todo apunta hacia nosotros. Todo.
La mujer se puso de pie.
—Pero tú no fuiste.
—No.
La respuesta llegó inmediata.
Firme.
Por primera vez en mucho tiempo.
—No tuve nada que ver. Ni yo. Ni siquiera el jefe.
Aquellas palabras hicieron que Giovanna abriera los ojos.
—Entonces alguien los está utilizando.
—Exactamente.
Carlo volvió a mirar por la ventana.
—Alguien necesitaba una guerra. Y encontró la forma perfecta de conseguirla.
Un largo silencio llenó la habitación.
—¿Crees que Alekséi te escucharía si le explicaras esto?
La pregunta arrancó una sonrisa amarga del rostro de Carlo.
—¿Escucharme?
—Sí.
—Si alguien secuestrara a Giovanna. La drogara. La torturara. Y la encontrarán muerta en otro país... ¿Tú escucharías explicaciones?
La mujer no respondió.
Porque ambas sabían la respuesta.
No.
Ninguna madre lo haría.
Ningún hermano lo haría.
Ninguna persona que amara a esa víctima lo haría.
—Yo tampoco las escucharía.
La confesión quedó suspendida en el aire.
Pesada.
Dolorosa.
Verdadera.
—Entonces estamos condenados.
Carlo cerró los ojos.
Y por primera vez desde que Giovanna tenía memoria, pareció un hombre completamente derrotado.
—Tal vez.
La joven permaneció inmóvil en las sombras.
Procesando cada palabra.
Cada revelación.
Cada secreto.
Y mientras regresaba lentamente a su habitación comprendió algo aterrador.
Los hombres que vigilaban la casa no estaban allí porque buscaran dinero.
Ni información.
Ni venganza común.
Estaban allí porque alguien había perdido a una hermana.
Y en algún lugar del mundo existía un hombre llamado Alekséi Volkov que estaba convencido de que Carlo Rossi era el responsable.
Un hombre que todavía no conocía.
Un hombre al que jamás había visto.
Y que, sin saberlo, ya estaba cambiando su vida.