En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.
Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.
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capitulo 15
Tres días después de la batalla, el valle había cambiado.
Los lobos negros acamparon en las afueras del poblado, levantando tiendas de pieles oscuras que contrastaban con las blancas casas de piedra de los lobos lunares. Al principio hubo tensión, miradas de recelo, roces inevitables. Pero poco a poco, algo comenzó a cambiar.
Los cachorros fueron los primeros. No entendían de diferencias ni de rencores. Solo veían a otros cachorros con quienes jugar. Pronto, los juegos mezclaron pelajes blancos y negros en una misma manada.
Luna observaba la escena desde la ventana de su casa, con una taza de leche caliente entre las manos.
—Parece un sueño
murmuró.
—Lo es
respondió Night a su lado, apoyado en el marco de la ventana. Sus heridas habían sanado por completo gracias a la sangre de Luna, aunque aún cojeaba ligeramente
—Un sueño que nunca creí posible.
—¿Tú tampoco?
preguntó ella, volviéndose hacia él.
—Mi padre pasó toda su vida buscando esta manada. Envió exploradores, consultó ancianos, siguió pistas falsas durante décadas. Llegó a creer que era una leyenda, un cuento para cachorros. Y ahora... aquí estamos.
Luna dejó la taza y se acercó a él.
—¿Y tú... Tú qué creías?
Night la miró a los ojos, y por un instante el mundo desapareció.
—Yo creía que mi destino era gobernar una manada solitaria
dijo en voz baja.
—Que nunca encontraría a mi destinada. Que moriría solo, como mi abuelo, como mi bisabuelo, como tantos otros antes que yo. Y entonces te olí.
—¿Desde tan lejos?
—Desde el otro lado de las montañas. Fue como si alguien encendiera una hoguera en mi pecho. Supe que tenía que encontrarte. Supe que mi vida dependía de ello.
Luna apoyó la cabeza en su hombro.
—Y casi mueres en el intento.
—Pero no morí. Tú me salvaste.
—Tú me salvaste a mí primero
susurró ella.
—Antes de conocerte, yo era una prisionera. Una loba condenada a una vida que no quería. Tú me diste esperanza.
Se quedaron en silencio, mirando a los cachorros jugar, a los lobos mezclarse, a las hadas brillar entre los árboles.
—Mi padre quiere hablar contigo
dijo Night al cabo de un rato
—Hoy. En su tienda.
Luna sintió un escalofrío.
—¿Para qué?
—No lo sé. Pero tiene que ver con el futuro. Con nosotros.
—¿Nosotros?
Night la tomó de las manos.
—Pase lo que pase, Luna, recuerda esto: yo te elegí a ti. Te elegí antes de conocerte, te elegí cuando te olí, te elegí cuando me salvaste, te elijo ahora y te elegiré siempre. No importa lo que diga mi padre. No importa lo que diga nadie.
Luna sonrió, con los ojos brillantes.
—Yo también te elijo. Siempre.
Se besaron. Fue un beso suave, tierno, lleno de promesas. El primer beso verdadero desde que se conocieron.
Y entonces, un carraspeo los interrumpió.
Era el padre de Luna, apoyado en la puerta con una expresión incómoda.
—Perdonen la interrupción
dijo.
—Pero el Alfa Negro, el papá de Night ha enviado a buscarlos. Dice que es urgente.
***********
La tienda del Alfa Negro era mucho más grande de lo que parecía desde fuera. En su interior, pieles de animales cubrían el suelo, antorchas iluminaban las paredes, y en el centro, una hoguera crepitaba suavemente.
Alrededor del fuego estaban sentados el Alfa Negro, Eborio, y varios ancianos de ambas manadas. Todos guardaron silencio cuando Luna y Night entraron.
—Sientense —dijo el Alfa Negro, señalando dos cojines frente a él.
Obedecieron.
—Llevamos tres días discutiendo
comenzó el Alfa.
—Tres días hablando del futuro. De cómo unir nuestras manadas. De cómo honrar a la Diosa Luna. De cómo evitar que la historia se repita.
Miró fijamente a Luna.
—Y hay algo en lo que todos estamos de acuerdo: tú eres la clave.
—¿Yo?
Luna parpadeó, sorprendida
—Pero si solo soy una loba de quince años...
—Una loba de quince años que derrotó a un tirano
la interrumpió Eborio
—Que despertó a toda una manada. Que salvó la vida de un príncipe con su propia sangre. Que tiene a las hadas de su lado. Que huele a destino.
—No entiendo.
El Alfa Negro se inclinó hacia adelante.
—En nuestra manada tenemos una tradición. Cuando un lobo encuentra a su destinada, se celebra un ritual. Un pacto de sangre. Los dos lobos intercambian una gota de su sangre y juran lealtad eterna ante la Diosa Luna. Ese ritual... Los convertirá en algo más que compañeros. Los convertirá en una sola alma en dos cuerpos.
—Suena hermoso
dijo Luna.
—¿Cuál es el problema?
El problema
intervino un anciano de los lobos negros
—es que tú no eres de nuestra manada. Y tú
miró a Night.
— eres el heredero. Si se unen así, tu sangre blanca se mezclará con la nuestra. Tu linaje gobernará nuestra manada.
—¿Y eso es malo?
preguntó Night.
—No
respondió el Alfa Negro.
—Es diferente. Nunca antes había pasado. Los ancianos tienen miedo.
—Los ancianos siempre tienen miedo
gruñó Eborio.
—.Pero la Diosa Luna no tiene miedo. Y yo tampoco.
Miró a los presentes con sus viejos ojos brillantes.
—Llevo cien años viendo cómo nuestra manada se pudría por dentro. Cien años viendo cómo las mentiras nos consumían. Cien años esperando un cambio. Y ahora, ese cambio está aquí, en forma de dos lobos jóvenes que se aman. ¿Van a dejar pasar esta oportunidad por miedo? ¿Por tradiciones que ya no sirven?
Silencio.
El Alfa Negro observó a su hijo. Observó a Luna. Y luego, lentamente, asintió.
—Eborio tiene razón. La Diosa Luna nos ha dado una oportunidad única. No voy a desperdiciarla por miedos de ancianos.
Se levantó y extendió las manos hacia ellos.
—Luna, hija de la Luna blanca. Night, mi hijo. Los convoco a celebrar el pacto de sangre. Esta noche. Bajo la luna llena. Delante de ambas manadas.
Luna sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Esta noche?
susurró.
—Esta noche
confirmó el Alfa.
—Cuanto antes se selle su unión, antes podremos empezar a construir el futuro.
Night apretó la mano de Luna.
—¿Estás lista?
preguntó en voz baja.
Luna lo miró. Miró sus ojos dorados, llenos de amor y esperanza. Miró a los ancianos, algunos recelosos, otros esperanzados. Miró a Eborio, que sonreía con lágrimas en los ojos. Miró al Alfa Negro, que esperaba su respuesta con respeto.
Y entonces sonrió.
—Nunca he estado más lista en mi vida.
*******
Esa noche, la luna llena brillaba como nunca.
Toda la manada, blanca y negra, se reunió en el claro donde Luna había encontrado a Night por primera vez. Las hadas flotaban en el aire, creando un círculo de luz alrededor del altar improvisado.
Luna vestía un sencillo vestido blanco que su madre le había cosido. Night, una túnica negra que resaltaba sus ojos dorados.
Caminaron juntos hacia el altar, donde los esperaban el Alfa Negro y Eborio.
—Lobos de la Luna
comenzó Eborio, alzando la voz.
—Nos hemos reunido aquí para presenciar algo que no ocurría desde hace mil años: la unión de un lobo negro y una loba blanca. La unión de dos manadas. La unión de dos almas destinadas.
El Alfa Negro tomó una daga de plata y la levantó hacia la luna.
—¿Luna, hija de la Luna blanca, aceptas a Night, mi hijo, como tu compañero destinado? ¿Aceptas compartir tu sangre, tu alma y tu vida con él para siempre?
Luna miró a Night. Él la miró a ella.
—Acepto
dijo con voz clara.
—¿Night, mi hijo, aceptas a Luna como tu compañera destinada? ¿Aceptas compartir tu sangre, tu alma y tu vida con ella para siempre?
Night sonrió.
—Acepto.
El Alfa Negro se acercó y, con la daga, hizo un pequeño corte en la mano de cada uno. Luego juntó sus manos, mezclando la sangre blanca y la sangre negra.
—Ante la Diosa Luna, ante las hadas, ante nuestras manadas, quedan unidos. Una sola alma en dos cuerpos. Un solo destino. Un solo amor.
Las hadas brillaron con una luz cegadora. Los lobos aullaron en éxtasis. Y Luna y Night se besaron bajo la luna llena, con la sangre mezclada en sus manos, con el futuro brillando ante ellos.
Habían ganado.
Pero lo mejor estaba por llegar.
Continuará...