Después de sobrevivir a la etapa más difícil de su vida, Nicolás descubre que sanar era solo el comienzo. Ahora deberá aprender a construir un futuro, recuperar sueños olvidados y abrir nuevamente su corazón al amor. Junto a Valeria enfrentará nuevos desafíos, decisiones importantes y oportunidades que pondrán a prueba todo lo que ha aprendido. Porque algunas historias no terminan cuando alguien se levanta de una caída... comienzan cuando decide volver a vivir. 🌅❤️✨📚
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Las Huellas Que Vamos Dejando”
📖 LIBRO II: CUANDO LA VIDA VUELVE A EMPEZAR
CAPÍTULO 13
“Las Huellas Que Vamos Dejando”
La mañana comenzó con una ligera brisa entrando por las ventanas.
El cielo estaba despejado.
Y la ciudad parecía moverse con la tranquilidad de un día cualquiera.
Nicolás llevaba varios minutos sentado en el balcón con una taza de café entre las manos.
Se había acostumbrado a esos momentos.
A despertar un poco antes.
A observar el amanecer.
A regalarse unos minutos de calma antes de comenzar el día.
Antes no entendía el valor de esas pequeñas pausas.
Ahora las necesitaba.
Porque en medio del silencio podía escuchar sus propios pensamientos con claridad.
Y eso era algo que había aprendido a apreciar.
Aquella mañana pensaba en algo diferente.
No en el futuro.
No en el proyecto.
No en las metas que aún quería alcanzar.
Pensaba en las personas.
En todas las personas que habían pasado por su vida.
Algunas permanecieron.
Otras no.
Algunas llegaron para quedarse.
Otras solo estuvieron el tiempo necesario para dejar una enseñanza.
Y de repente comprendió algo.
Todos dejamos huellas en alguien.
Incluso cuando no nos damos cuenta.
Una palabra.
Un consejo.
Un gesto amable.
Una conversación en el momento correcto.
Pequeñas cosas que pueden permanecer durante años en el corazón de otra persona.
Valeria apareció poco después.
Llevaba una manta sobre los hombros y el cabello ligeramente despeinado.
Al verla, Nicolás sonrió.
Ya se había convertido en una imagen familiar.
Una de esas imágenes que hacen sentir que todo está bien.
—Buenos días.
—Buenos días.
Ella se sentó a su lado.
Durante unos segundos ambos observaron el amanecer.
Hasta que Valeria habló.
—¿Qué está pensando hoy?
Nicolás soltó una pequeña risa.
—¿Tan evidente soy?
—Muchísimo.
Ambos sonrieron.
Entonces él respondió.
—Estaba pensando en las personas que dejan huellas.
Valeria lo observó con curiosidad.
—¿Y llegó a alguna conclusión?
Nicolás asintió lentamente.
—Sí.
Pausa.
—Que a veces no recordamos exactamente lo que alguien hizo por nosotros.
Pero nunca olvidamos cómo nos hizo sentir.
Valeria sonrió.
Porque sabía que había mucha verdad en aquellas palabras.
Más tarde salieron a hacer algunas diligencias.
Nada importante.
Nada urgente.
Solo cosas cotidianas.
Y mientras caminaban por las calles, Nicolás comenzó a notar algo que antes le habría pasado desapercibido.
La cantidad de personas que se ayudaban entre sí.
Una señora sosteniendo una puerta para alguien.
Un joven ayudando a cargar unas bolsas.
Un vecino saludando con amabilidad.
Pequeños actos.
Pequeños gestos.
Pequeñas acciones que hacían más agradable el día de otra persona.
Y entonces entendió algo.
El mundo no cambia únicamente con grandes acciones.
También cambia con pequeñas bondades repetidas todos los días.
Aquella tarde, al regresar a casa, encontró una vieja caja que no había abierto en mucho tiempo.
Dentro había fotografías.
Cartas.
Recuerdos.
Y entre todas aquellas cosas apareció una nota escrita años atrás por alguien que formó parte de su vida.
Era un mensaje sencillo.
Nada extraordinario.
Pero al leerlo sonrió.
Porque le recordó una época distinta.
Una versión distinta de sí mismo.
Y lejos de sentir tristeza...
Sintió gratitud.
Porque cada persona que pasó por su camino había dejado algo.
Una enseñanza.
Un recuerdo.
Una experiencia.
Algo que contribuyó a convertirlo en quien era ahora.
Esa noche salió nuevamente al balcón.
La ciudad brillaba bajo las luces nocturnas.
El viento era suave.
Y el silencio se sentía cómodo.
Como la compañía de un viejo amigo.
Pensó en todo lo vivido durante los últimos meses.
En cuánto había cambiado.
En cuánto había aprendido.
Y en todas las personas que habían formado parte de ese proceso.
Entonces abrió su libreta.
Buscó una página vacía.
Y escribió:
"Las personas pasan por nuestra vida por diferentes razones, pero todas dejan una huella. Algunas pequeña. Otras eterna."
Leyó la frase lentamente.
Y sonrió.
Porque entendió algo profundamente importante.
No podía controlar cuánto tiempo permanecerían algunas personas en su camino.
Pero sí podía elegir el tipo de huella que dejaría en quienes compartieran parte de él.
Y quizás...
Al final de todo...
Eso también era una forma hermosa de construir una vida.
Continuará... 📖✨🌅❤️📚