En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Animales
El establo se había convertido en el único lugar donde Lyra podía respirar tranquila.
Tal vez porque los animales no hacían preguntas.
No murmuraban cuando ella pasaba.
No la miraban como si estuviera rota.
Solo… la aceptaban.
El castigo continuaba, así que aquella tarde volvió apenas terminaron las clases.
El cielo estaba nublado y el aire olía a lluvia próxima mientras Lyra llenaba varios baldes de agua.
Uno de los caballos relinchó suavemente al verla entrar.
—Sí, sí, ya voy —murmuró ella.
Por primera vez en días, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Comenzó cepillando el pelaje de una yegua marrón mientras el animal apoyaba la cabeza tranquilamente contra su hombro.
Era calmante.
El sonido del cepillo.
El calor de los animales.
La paz simple del establo.
Nada parecía exigirle ser alguien diferente ahí.
Lyra tomó otro balde y empezó a bañar cuidadosamente al enorme caballo negro que siempre se acercaba a ella.
El agua resbalaba sobre el pelaje oscuro mientras él permanecía completamente quieto.
—Eres demasiado consentido —susurró ella.
El caballo soltó un resoplido suave.
Lyra rió apenas.
Y esa risa se sintió rara en su pecho.
Ligera.
Como si por unos minutos pudiera olvidar todo lo demás.
Mientras pasaba las manos mojadas por el cuello del animal, notó algo extraño otra vez.
El caballo inclinó inmediatamente la cabeza hacia ella.
No solo él.
Todos los animales parecían atentos a cada movimiento suyo.
Como si reconocieran algo.
Lyra frunció levemente el ceño.
—¿Qué les pasa últimamente…?
El caballo negro apoyó lentamente el hocico sobre su pecho.
Y entonces ese calor extraño volvió.
Muy suave esta vez.
No doloroso.
Cálido.
Lyra cerró los ojos apenas un instante.
Y por alguna razón…
escuchó el corazón del animal.
Lento.
Tranquilo.
Como si pudiera sentir exactamente lo que él sentía.
Sus ojos se abrieron sorprendidos.
El caballo soltó un sonido suave y empujó apenas su mano pidiendo más caricias.
Lyra terminó sonriendo de verdad.
—Creo que tú sí me entiendes.
—Eso es porque no puede hablar.
La voz masculina la hizo sobresaltarse.
Lyra giró rápidamente.
Kael estaba apoyado contra la entrada del establo con los brazos cruzados.
Perfecto.
La tranquilidad desapareció de inmediato.
Lyra apartó la mirada volviendo al caballo.
—¿Qué quieres ahora?
Kael observó en silencio cómo todos los animales parecían extrañamente calmados alrededor de ella.
Normalmente ese caballo intentaba morder a cualquiera que se acercara demasiado.
Con Lyra parecía un cachorro enorme.
—Vine a revisar el castigo.
Ella soltó una pequeña risa sarcástica.
—Qué emocionante debe ser tu vida.
Kael ignoró el comentario.
Sus ojos se detuvieron un momento en sus manos mojadas.
Luego en su rostro.
Y finalmente en sus ojos.
Todavía quedaban pequeños destellos rojizos bajo cierta luz.
Muy débiles.
Pero seguían ahí.
Lyra notó que la estaba observando demasiado y el enojo regresó enseguida.
—¿Terminaste?
Kael tardó unos segundos en responder.
Porque algo en esa escena le parecía… incorrectamente hermosa.
Lyra rodeada de animales tranquilos bajo la luz gris de la tarde.
Como si perteneciera más al bosque que a la aldea.
—Solo asegúrate de no desaparecer otra vez —dijo finalmente.
Ella se tensó inmediatamente.
—No eres mi guardián.
Kael sostuvo su mirada.
—No. Pero algo está pasando contigo.
El silencio cayó entre ambos.
Lyra sintió un pequeño escalofrío.
Porque por un segundo…
parecía que él realmente podía verlo.