Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...
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Capitulo 3: la atracción
El ruido de la gente hablando y la música empezó a asfixiarla de repente, y Elisa sintió que necesitaba salir a tomar aire fresco, alejarse de esos ojos oscuros que no dejaban de aparecerle en la mente, así que se disculpó con Luis diciendo que iba al baño pero en cuanto salió del salón se fue directo hacia la terraza grande que daba al jardín del hotel.
El aire de la noche era fresco y le acarició la cara pero no le bastaba, ya que sentía el corazón a mil por hora las manos le temblaban un poco y no entendía por qué le había afectado tanto ese hombre, solo unas palabras solo una mirada que se le había clavado en el alma como nada antes lo había hecho.
No había estado ahí ni dos minutos cuando escuchó pasos detrás de ella, se giró de golpe asustada y vio que era Marco.
Él cerró despacio la puerta de cristal para que no les oyeran desde adentro y se quedó ahí quieto mirándola sin acercarse demasiado de golpe como si quisiera darle espacio.
-Pensé que te habías perdido- dijo él con esa voz profunda que le ponía la piel de gallina.
Elisa se mordió los labios y contestó:
-Solo necesitaba salir un poco… todo es muy ruidoso ahí adentro.
Marco asintió y dio un paso lento hacia ella:
-Yo te vi en cuanto entraste señora Elisa, no he podido quitarte la vista de encima.
Desde ese momento ella abrió mucho los ojos, no se lo esperaba en absoluto creyó que era una mujer más entre cientos que él veía cada día.
-¿Por qué?- dijo ella bajito.
-Por qué yo…- él sonrió un poco y se acercó más hasta que pudo sentir su calor y el olor a su colonia fuerte y agradable, diferente a la de Luis - porque tienes algo en la mirada algo que pide algo que nadie te ha dado todavía y yo no he podido dejar de pensar en eso.
Elisa sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas nadie nunca le había dicho algo así nadie había visto más allá de su sonrisa educada nadie había notado el vacío que llevaba dentro.
Antes de que pudiera decir nada más él levantó la mano despacio como si temiera asustarla y le acarició la mejilla con la yema de los dedos, su piel era cálida y dura a la vez muy distinta a la suave mano de Luis, Elisa no se apartó al contrario cerró los ojos y se inclinó un poco hacia ese tacto sin darse cuenta fue entonces cuando Marco se inclinó y la besó.
No fue un beso tierno ni lento ni con cuidado como los de Luis, fue un beso lleno de hambre de deseo de toda la pasión que ella había guardado tanto tiempo que había esperado en vano.
Elisa sintió que le faltaba el aire que todo lo demás desaparecía que por fin sentía que la veían que la querían que la deseaba tal como era ella, le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso con todas sus fuerzas como si quisiera meterse dentro de él para no sentirse sola nunca más.
Cuando se separaron los dos respiraban agitados, Marco le puso una mano en la cintura la pegó suavemente a su cuerpo y ella pudo sentir lo fuerte que era, lo musculoso que estaba que no había nada de duda en él, nada de miedo, nada de esperas, solo ganas de estar con ella.
-No le digas nada- susurró él al oído- no pienses en nada… ahora solo déjate llevar.
Ella no pudo hablar solo asintió porque ya no quería pensar ya no quería poner límites ya no quería esperar más.
Él la llevó por unos pasillos que nadie usaba hacia una sala pequeña y apartada que servía de descanso para los dueños del lugar ahí no había nadie, nadie los vería nadie los juzgaría.
Allí entre las sombras y la luz de una lámpara pasaron la noche juntos y Elisa sintió por primera vez que su cuerpo y su alma descansaban que el deseo que le había quemado por dentro tanto tiempo por fin se apagaba se sentía completa sentía que por fin le pertenecía a alguien.
Cuando terminaron se quedaron abrazados, un rato y Marco le acariciaba el pelo despacio:
-No te voy a dejar ir- le dijo de repente- esto no es un capricho de una noche ni algo que se acaba al salir por esa puerta … yo quiero volverte a ver
Elisa lo miró a los ojos y supo que le decía la verdad, que no estaba mintiendo que ese hombre veía en ella algo que nadie más había visto y aunque sabía que estaba mal que tenía un esposo en casa, y aunque sabía que eso podía romper todo lo que tenía no pudo decir que no solo asintió y se pegó más a su pecho sin saber todavía hasta dónde los llevaría todo eso…