Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
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Capítulo 14: La Isla de las Sombras
El sol no pegaba aquí.
Llegaron a la isla y todo estaba en penumbra. Como si alguien le hubiera puesto un filtro gris al mundo.
"Capitán", susurró Marco. "No veo mi sombra."
Nicolás miró al piso. Tenía razón. El barco tenía sombra. El agua tenía sombra. Pero ellos 51 no.
"La Isla de las Sombras", dijo la voz del Colmillo Dorado. "Aquí la gente le tiene miedo a lo que ve en el espejo. Entonces lo tiraron."
"1/10 del Volumen 2", dijo Nico. "Bajemos."
La isla era hermosa. Pero vacía. Casas bonitas. Jardines. Pero sin gente en la calle.
De una casa salió un hombre. Corriendo. Tapándose la cara.
"¡No me miren!" gritó. "¡No miren!"
"2/10", escribió Héctor en su cuaderno. "Le tienen miedo a sus reflejos."
Nico se paró en medio de la plaza. "¡Gente de la Isla de las Sombras! ¡Salgan!"
Nadie. Solo puertas cerrándose.
Entonces entendió. Sacó el espejo pequeño que le dio Eco. Se miró.
Y vio algo. Detrás de él. Una sombra. Pero no era la suya. Era más alta. Más flaca. Con una capa negra.
"Rojosangre", dijo Nico. "Estás aquí."
La sombra se rió. Sin sonido. "Claro que estoy, Portador. Les dije que tiraran sus sombras. Y lo hicieron. Porque las sombras recuerdan lo que tú hiciste."
De las casas salieron más sombras. Todas negras. Todas con capa. Todas riéndose.
"3/10", dijo Nico. "No son nuestras sombras. Son las mentiras de Rojosangre."
Una mujer salió de una casa. Llorando. "¡Se llevaron mi sombra! ¡Dijeron que era fea! ¡Que recordaba cuando le grité a mi hijo!"
Nico se acercó. "¿Y es verdad? ¿Le gritaste?"
"Sí", dijo la mujer. "Y al día siguiente le pedí perdón. Y me abrazó. Pero mi sombra solo recuerda el grito."
Nico asintió. "Por eso Rojosangre las robó. Porque solo muestra la peor parte."
Sacó la Pluma-Colmillo. "Capítulo 14: La Isla de las Sombras."
"Había una vez una isla donde todos tenían sombra. Y las sombras no mentían. Mostraban todo. Lo bueno y lo malo. Lo que hiciste bien y lo que hiciste mal..."
Mientras escribía, el cielo se puso más gris.
De la torre del centro bajó él. Rojosangre. Pero no era de carne. Era humo negro con forma de hombre.
"Deja de escribir", dijo. Su voz era como vidrio roto. "Las sombras son verdad. Y la verdad duele."
"4/10", dijo Nico sin parar de escribir. "La verdad completa no duele. Duele la verdad a medias."
Rojosangre chasqueó los dedos. Las sombras atacaron.
Se les tiraron encima a los 51. Pesadas. Frías.
Marco gritó. "¡No puedo moverme! ¡Mi sombra me está aplastando!"
"¡Porque es tu culpa!" gritó una sombra. "¡Cuando robaste ese pan!"
"¡Porque fallaste!" gritó otra. "¡Cuando no salvaste a tu hermana!"
Nico sintió una encima de él. La suya. Pero cambiada. Con cicatrices. Con sangre en las manos.
"Esta es tu sombra real", susurró Rojosangre. "La del chico que no pudo salvar a su familia en Vallegris."
Nico cerró los ojos. Le dolió. Mucho.
Pero luego abrió la boca.
"Es verdad", dijo. "No los salvé. Tenía 12 años. Y tuve miedo. Y corrí. Y ellos murieron."
La sombra encima de él dejó de pesar.
"Pero también es verdad", continuó Nico, "que desde ese día no he parado de salvar gente. Que escribí 100 historias. Que salvé 51 escritores. Que estoy aquí para salvarlos a ustedes también."
La sombra tembló. Y se partió en dos.
Una mitad negra. La culpa.
Otra mitad dorada. Lo que hizo después.
"5/10", dijo el Colmillo. "Así se hace."
Nico se levantó. "¡Todos! ¡Digan su verdad completa! ¡No solo la parte fea!"
Y los 51 gritaron.
"¡Robé! ¡Pero luego devolví el doble!"
"¡Grité! ¡Pero luego abracé!"
"¡Hui! ¡Pero luego volví!"
Cada verdad completa hacía que una sombra se partiera. Y la mitad dorada volvía con su dueño.
La isla se empezó a iluminar.
Rojosangre gritó. "¡No! ¡Las sombras tienen que dar miedo!"
"6/10", dijo Nico. "No. Las sombras tienen que recordarnos quiénes somos. Enteros."
Corrió hacia Rojosangre. Lo atravesó con el Colmillo.
El humo negro gritó y se disipó.
Pero antes de irse dejó algo. Una caja. Negra.
"7/10", dijo Nico abriéndola.
Dentro había cientos de sombras. Encogidas. Llorando.
"Son las sombras que tiraron", dijo Héctor. "Piensan que nadie las quiere."
Nico se arrodilló. "No es verdad. Vengan."
Y una por una las fue abrazando.
"Esta es la sombra de Marta. Que gritó pero también amó."
"Esta es la sombra de Pedro. Que falló pero también se levantó."
"Esta es mi sombra. Que tuvo miedo pero también tuvo valor."
Cada abrazo hacía que la sombra volviera a su persona.
"8/10", "9/10"...
Al atardecer la Isla de las Sombras ya no era gris.
El sol pegaba. Y había 2000 sombras en el piso. Cada una pegada a sus pies.
La mujer se arrodilló. Abrazó su sombra. "Perdón por tirarte."
Su sombra la abrazó de vuelta.
"10/10", dijo el Colmillo. "Isla completada."
Nico estaba agotado. Pero sonreía.
La gente salió a la calle. Ahora sí. Con sus sombras al lado.
Un niño le preguntó a Nico: "¿Y tu sombra no da miedo?"
Nico miró su sombra. Mitad negra, mitad dorada. "Un poco. Pero es mía. Y me recuerda que puedo ser mejor."
Antes de irse, toda la isla los despidió. Con aplausos. Y con sombras aplaudiendo también.
En el barco, Nico se sentó. Miraba su sombra.
"¿Estás bien?" preguntó Héctor.
"Sí", dijo Nico. "Por primera vez en 10 años, mi sombra y yo estamos en paz."
"15/20 del total", dijo el Colmillo. "Quedan 6 islas."
"¿Siguiente?" preguntó Marco.
"La Isla de los Nombres Borrados", dijo Nico. "Donde la gente olvidó quién es."
Guardó la pluma. Miró su sombra dorada.
Ya no corría de ella.
Caminaba con ella.
Porque las sombras no están para asustarte.
Están para recordarte que existes.
Incluso en la oscuridad.