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Rubí

Rubí

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Amor prohibido
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: jerinson Gómez

Cinco años después de haber sido absuelta por la misteriosa muerte de sus dos primeros esposos, la enigmática Rubí Vicentelli regresa al ojo de la tormenta pública al anunciar su tercer matrimonio con Julián, un millonario cuya fortuna promete salvar de la ruina a la aristocrática pero decadente familia Vicentelli. Sin embargo, la noche de bodas se convierte en un matadero cuando Julián aparece colgado del candelabro principal de la mansión.

NovelToon tiene autorización de jerinson Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

Alejandro entra a la oficina principal con paso firme, arrojando un fajo de documentos sellados sobre el escritorio de la detective Samtina. Su rostro refleja el cansancio de una noche sin dormir, pero sus ojos mantienen una fijeza implacable.

—Vengo por Rubí, detective Samtina. Ya pagué la fianza, así que por favor quiero que la suelte ya, en este preciso momento —susurró Alejandro, apoyando las manos sobre la madera.

La detective Samtina se echa hacia atrás en su silla, mirándolo con profundo desprecio mientras recoge los papeles.

—Ok... Usted está protegiendo a una criminal, señor Alejandro —murmura la detective Samtina, con un tono cargado de veneno.

—Haga su trabajo. Nadie pidió que opinaras, ¿o sí? —contestó Alejandro, cortándola en seco.

Samtina suelta una risa amarga y se pone de pie, acomodándose la cartuchera en la cintura.

—Bueno, déjame decirte que también soltaré a Altagracia. No encontramos nada en su contra que la vincule directamente con el traje de anoche —murmura la detective Samtina, haciendo una seña a un oficial para que traiga las llaves de los calabozos.

Alejandro aprieta los puños, estallando de frustración ante la ineficiencia de las autoridades.

—¡Por eso el país está así por ustedes! ¡Que no hacen nada por el país! —grita Alejandro, dándose la vuelta para esperar a su esposa y a la anciana en la salida.

***

El jefe de la comandancia, Roberto Perdomo, camina de un lado a otro en su oficina, golpeando la pared con la palma de la mano. La presión de la prensa y los recientes crímenes en el pueblo lo tienen al borde del colapso.

—Estoy perdiendo la paciencia con ustedes, que no sirven para nada. Quiero que vayan a la mansión y la revisen de arriba a abajo, ¿entendieron? —dijo Roberto Perdomo, con la voz ronca de la ira.

—Jefe, eso sería difícil porque no tenemos una orden de un juez para entrar a esa mansión y ponerla pata arriba —susurra la detective Samtina, cruzándose de brazos con frustración.

El fiscal Diviana, que revisaba unos códigos penales junto a la ventana, levanta la mano con una mirada decidida.

—Yo me encargo de eso, jefe —murmulla el fiscal Diviana, sabiendo el riesgo que implica meterse con los Vicentelli.

***

Beatriz se encuentra acomodando unos arreglos florales cuando los golpes en la puerta principal la interrumpen. Al abrir, se encuentra con una jovencita de mirada dulce pero firme, cargando un bolso desgastado.

—Buen día, busco a Rubí. ¿Por fis me la puede llamar? —dijo Victoria, mirando con asombro los lujos del vestíbulo.

Beatriz la barrió con la mirada de arriba a abajo, arqueando una ceja con desconfianza.

—¿Andan buscando a Rubí? ¿Andas con ella? ¿Y quién es usted? No eres del pueblo, ¿o sí? Porque no te he visto por estos lugares —susurra Beatriz, cruzándose de brazos.

—No, vengo de la capital. Soy la hija menor de Rubí y quiero verla. ¿Puedo entrar? —murmulla Victoria con timidez.

La mandíbula de Beatriz casi cae al suelo. Una sonrisa maliciosa y burlona se dibuja en sus labios al saborear el nuevo escándalo.

—Sí, claro... Wuao, me entero de que Rubí tiene una hija menor. En este mundo no hay nada oculto, de verdad. Sí, pasa, yo la llamo —susurra Beatriz, conteniendo la risa.

Beatriz sube las escaleras casi corriendo y entra sin tocar a la habitación de Rubí, quien acaba de llegar de la comandancia junto a Alejandro.

—¡Rubí! Allá abajo te busca una persona... Dice ser tu hija menor, jajaja —dice Beatriz con tono burlón.

Rubí se levanta de la cama como si hubiera visto un demonio, con el rostro pálido y los ojos abiertos de par en par.

—¡Cállate, imbécil! Yo nunca tuve una hija —murmulla Rubí, empujando a Beatriz para abrirse paso.

Rubí baja las escaleras a toda velocidad. Al llegar al último peldaño, se detiene en seco al ver a la muchacha sentada en el sofá de terciopelo. Su corazón da un vuelco al reconocer facciones que creía enterradas en su memoria.

—¿Quién eres? Dices ser mi hija menor... No entiendo —dijo Rubí, con la voz entrecortada.

Victoria se pone de pie, con los ojos llenos de lágrimas pero manteniendo la compostura.

—Entiendo que te encuentres confundida... Tú me tuviste a los doce años. Nunca tuve la oportunidad de conocerte. Mi abuela me lo contó todo antes de morir; me dijo que mi padre, que también falleció hace dos años, me separó de ti. Ella me confesó dónde te podía encontrar, pero nunca imaginé que vivieras en esta mansión. Según mi abuela, mi padre te hizo algo para que no te dieras cuenta de lo que iba a hacer conmigo... Y sabes, no te culpo, porque no fue tu culpa de veras. Fue de ese señor que me alejó de ti... Y quiero conocerte más —susurra Victoria con el corazón en la mano.

El muro de hielo de Rubí se derrumba por completo. Las lágrimas corren libremente por sus mejillas. No pudo esperar más, corrió hacia ella y la abrazó fuertemente, hundiéndose en su hombro.

—¡Peróname, hija! ¡Peróname por dejarte sola con ese señor! —dice Rubí con profundos sentimientos y un dolor que le desgarraba el alma, ignorando las miradas venenosas de Beatriz desde lo alto de la escalera.

***

Beatriz camina entre las plantas oxidada, buscando un poco de aire tras las tensiones del día. La oscuridad del invernadero es densa, interrumpida solo por el zumbido de los grillos. De pronto, la temperatura cae drásticamente. Detrás de una enorme hiedra, emerge la figura de la Mujer del Velo Negro.

Beatriz intenta gritar, pero el miedo paraliza sus cuerdas vocales. El cómplice de la asesina la sujeta por la espalda con una fuerza brutal, asfixiando sus quejidos. La Mujer del Velo Negro saca de su túnica un puñado de largas y gruesas agujas de acero quirúrgico. Con una crueldad metódica, comienza a clavárselas repetidamente en el cuerpo, los brazos y el rostro, atravesándole las mejillas en una tortura espantosa.

El llanto de desesperación de Beatriz se apaga cuando una última aguja atraviesa su garganta. Su cuerpo cae sin vida sobre la tierra húmeda, cubierto de metal y sangre. La mujer del velo deja caer una nota manuscrita justo al lado de su pie doblado:

¿Eres una perra sucia?

***

El fiscal Diviana sostiene el teléfono contra su oído, mirando el documento oficial que acaba de ser firmado y sellado por el juez de control de Barinas.

—Jefe, te estoy llamando para informarte que tengo la orden de allanamiento de la mansión. Pero por la hora, será mañana —susurra el fiscal Diviana, guardando el papel en su maletín.

Al otro lado de la línea, en la comandancia, Roberto Perdomo asiente con una sonrisa de satisfacción.

—Perfecto, Diviana. Mañana a tempranas horas te me vas para allá con Samtina y el contingente. No quiero fallas —dice Roberto Perdomo, sin saber que el fiscal nunca llegaría a ver el amanecer.

***

Rodolfo se levanta de golpe en la cama, cubierto de sudor frío y respirando agitadamente. Se lleva las manos a la cabeza, mirando hacia las esquinas oscuras de su cuarto, tratando de sacudirse las imágenes de Elena enterrada viva que acaban de atormentar su mente.

—Verga... Qué sueño tan horrible. ¿Será que está viva? —se pregunta, con el corazón latiéndole a mil por hora—. Bueno, señor, por lo menos déjame dormir. Voy a rezar un Padre Nuestro a ver...

Se persigna con manos temblorosas, tratando de calmar la culpa y el miedo que lo carcomen por dentro. Mira el reloj de mesa que marca las dos en punto.

—Ahora qué... Bueno, pues, hablando solo. ¿Qué hora es? No, vale, son la dos de la madrugada. Tú eres loco, Ramón... Me voy a dormir. Mañana será un hermoso día.

Rodolfo se vuelve a acomodar bajo las cobijas, cerrando los ojos a la fuerza, ignorando que el hermoso día del que habla comenzará con el cadáver de Beatriz en el jardín y la policía derribando las puertas.

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Warriorgame
Si está seguro de que es un cadáver, tiene toda la razón.
Warriorgame
Que caso!!!🤔
Cons Espher
Me encanta como vas creando el misterio en esta historia 🥰
Cons Espher
Que trague y mastique
Cons Espher
Muero por descubrir el gran misterio
Cons Espher
Este amor parece algo enfermizo, pero al menos parece inocente
Cons Espher
Ay pero eso si encaja con rubí
Cons Espher
Definitivamente hay un gran misterio ahí
Cons Espher
Ya hasta membresía de cliente frecuente en la policía ha de tener la pobre😅
Cons Espher
Se ve que nadie le tiene mucho aprecio a Rubí
Cons Espher
Gran inicio
Cons Espher
No pierde el tiempo jajaja aquí de nuevo leyendo otra historia de este gran autor
FerWang
"¡La química y las chispas entre ellos en este capítulo fueron oro puro! 💥"
FerWang
"Me fascina la personalidad que le diste al protagonista en este capítulo. No puedo esperar a ver qué decisiones toma ahora, ¡voy volando al que sigue!
FerWang
"Imposible cerrar la pestaña después de ese final de capítulo. ¡Voy volando al siguiente ahora mismo! ➡️"
FerWang
"Qué gran trabajo estás haciendo. Se nota que hay mucha dedicación detrás de cada diálogo y cada descripción en este capítulo. 🙌"
FerWang
"No me esperaba para nada ese detalle a mitad del capítulo. Me encanta cómo siembras pistas y misterios que nos dejan pensando. 🧠"
FerWang
"¡Qué gran cierre! Justo cuando pensaba que las cosas se iban a calmar, lanzas un giro que me deja picadísimo para el siguiente. 💥"
FerWang
"¡Esto se está poniendo buenísimo y apenas vamos empezando! No aguanto las ganas, me voy directo al capítulo tres. 🏃‍♂️"
FerWang
"Si el primer capítulo me gustó, este segundo terminó de atraparme por completo. ¡Qué buen ritmo le estás dando a la narración! 🔥"
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