Segundo libro de la Dinastía Lobo.
⚠️ CONTENIDO (+18)⚠️
Phillips Lobo es el Sottocapo de la mafia italiana, él lleva el dolor de haber perdido a su gran amor después de que diera a luz a su primer hijo, se siente herido y jura no volverse a enamorar jamás.
Fátima Martini, es una chica a la cual le mataron al novio y fue vendida por su propio hermano a un proxeneta, es rescatada por el mafioso líder de la mafia italiana quién es el marido de su mejor amiga y el primo de Phillips,y en su afán de querer olvidar todo el daño que le han causado decide convertiste en la niñera del hijo del sottocapo, ella se siente herida, quiere olvidar su pasado y todo el dolor que lleva en el alma.
¿Podrá Fátima olvidar y sanar todo su dolor?
¿En verdad Phillips no volverá a enamorarse más?
¡Ven y acompáñame en esta nueva aventura y averigüemos juntos que pasará entre el Sottocapo y la Niñera!
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Separar lo laboral de lo personal (+18)
Fátima.
...
Mientras Raúl intentaba profundizar el beso, yo me encontraba como en el limbo. Era algo que no quería y que no deseaba en absoluto, por eso mismo lo aparté con rapidez.
—¿Qué te pasa, Raúl? —pregunto limpiando mi boca. Las cosas así no funcionan conmigo desde que me pasó lo que me pasó.— No vuelvas a hacer esto y mucho menos sin mi consentimiento —espeto con rabia.
—¡Lo siento, Fátima! Es que tú me gustas y, bueno, pensé que por esta noche... por cómo bailamos y... —Lo interrumpo antes de que continúe.
—El que haya bailado, charlado y reído contigo no te da ningún derecho a besarme.
—Lo siento, no volverá a pasar. Solo que pensé que yo también te gustaba —se justificó el hombre, pasándose las manos por el cabello. Feo no es, es un buen tipo, pero no me gusta, solo lo veo como un amigo.
—Soy amable contigo porque tú lo eres conmigo. Me dijiste que querías ser mi amigo y yo también, pero nada más. Tú eres un buen chico, eres lindo, pero no me gustas y en estos momentos de mi vida no estoy buscando una relación con nadie. Muchas gracias por traerme. —Doy la vuelta y me marcho al interior de la casa con ganas de acostarme a dormir, pero el que sienta el olor del perfume de mi jefe por el pasillo me hace sentir muy extraña.
Miro a mi alrededor para ver si está cerca o algo, pero no lo veo por ningún lado. Mi mente evoca el recuerdo de su mi3mbro tras mi espalda y siento cómo mi parte íntima se humedece poco a poco. ¿Por qué me tengo que sentir así? Creo que usaré el vibrador que compré; de seguro, si me autosatisfago, se me quitan estas ganas locas que me persiguen últimamente, y con ese pensamiento entro a mi habitación.
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Phillips Lobo
...
El corazón me late acelerado mientras veo cómo ella humedece su intimidad con sus dedos y desenfunda el vibrador que intenta llevar a su feminidad, y entonces la tentación me gana; las ganas que le tengo pueden más...
Se hace la tanga a un lado con una mano y con la otra pasea el objeto por sus pliegues y... joder... en vez de eso, mejor que me coma a mí...
—¿Te ayudo? —le pregunto, saliendo de detrás de las cortinas, y ella se paraliza por unos instantes, pero luego, con movimiento rápido, suelta el vibrador, que cae a un costado de ella, y se cubre con una almohada.
Los malditos celos vuelven a estallar en mí cuando enciendo las luces y veo que la lencería que tiene puesta le queda perfecta. ¿Se la puso para Raúl?
—¡Eres una mentirosa! —la acuso con ganas de comérmela entera.
—Señor... ¿qué hace usted en mi habitación? —me pregunta con voz temblorosa.
Le arrebato la almohada porque deseo seguir contemplando su cuerpo.
—Dos veces... dos veces te pregunté si tenías algo con él y me dijiste que no.
—No tengo nada con nadie...
—¿Y entonces qué diablos hacías besándote con Raúl hace unos momentos? —Hasta yo me sorprendo de mi manera de reclamar cosas que no me competen...
—¡¿Me está espiando?! —Su pregunta suena más a reclamo que a pregunta.
—Sí —le confirmo—. Yo estaba aquí como un... —Mejor no digo nada...
—Pues, si es un buen espía, debió de ver que fue él quien me besó, y también que lo aparté y le dije que no volviera a hacerlo.
—Yo no vi nada más...
—Es un mal espía, entonces, y... yo creo que esta es una conversación absurda. Yo no tengo por qué darle explicaciones de mi vida privada. —Me responde con braveza—. Y le voy a pedir el favor que salga de mi habitación... —Toma la otra almohada y se cubre.
—Si no tienes nada con él, ¿por qué te ibas a tocar con eso? —Señalo el vibrador—. Después de haber estado con él hace unos minutos. —Sigo con los malditos reclamos y la p0ll@ me está doliendo—. ¿Te dejó con ganas?
—¡No, él no me dejó con ganas! —Me grita—. ¡El que me tiene con ganas es usted! Desde el día en que me rozó su duro mi3mbro en la espalda. —Su confesión acelera mis sentidos y no tengo que ver con nada más. Me acerco a ella, vuelvo a quitar la otra almohada, la tomo entre mis brazos y devoro sus labios con ganas. Es un beso caliente que termina en un mordisco por parte de ambos.
—¿Q... qué hace?
—Quitarte las ganas que tienes —La vuelvo a besar y esta vez introduzco mi lengua en su boca y saboreo cada recoveco.
—Esto está mal —Dice, cortando el beso.
—¿Mal? —Pregunto contra su oído y me permito inhalar su fragancia. Huele a fresas, grosellas negras y frambuesas. «Un olor extremadamente delicioso»—. Mal estoy yo con estas ganas que te tengo desde hace días. He tratado de evitarlo, pero ya me es imposible. Dime algo: ¿te gusto? ¿Me deseas?
Me mira a los ojos y los suyos me dan la respuesta que no da su boca.
—Usted es el jefe, yo soy la niñera de su hijo. Esto se puede complicar y no quiero perder el empleo, mucho menos dejar de cuidar a Efraín —Dice con nerviosismo y su mirada pasa de mis ojos a mi boca.
—¿No sabes separar lo laboral de lo personal? Tú me tienes ganas y yo a ti también. Estoy seguro de que con solo una vez que lo hagamos nos saciaremos y luego podemos seguir como antes. ¿No crees? ¿Aceptas o no aceptas?
—Acepto... —Esta vez es ella quien me besa con desespero y enreda sus brazos en mi cuello, mientras yo le acaricio las costillas y le refriego mi duro mi3mbro contra su c0ñ0.
Nos acomodamos bien en la cama y ella intenta quitarse las botas, pero no se lo permito.
—Quiero que envuelvas mi cintura con esas botas mientras te embisto.