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Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

primeras sonrisas

Valentina pasó gran parte de la noche observando la fotografía de Alejandro.

No porque fuera la mejor imagen que había tomado.

Ni porque tuviera una composición extraordinaria.

La razón era mucho más simple.

La fotografía mostraba a un hombre feliz.

Y ella sabía que había sido parte de ese momento.

Aquella idea provocó una sonrisa involuntaria.

Sin embargo, también despertó una pregunta que llevaba días evitando.

¿Qué estaba ocurriendo realmente entre ellos?

Cada encuentro parecía acercarlos más.

Cada conversación revelaba una nueva conexión.

Y cada despedida se hacía más difícil.

Valentina apagó la computadora y se dejó caer sobre el sofá.

Por primera vez en mucho tiempo, el futuro no le parecía un lugar vacío.

Y eso era tan maravilloso como aterrador.

A la mañana siguiente, la ciudad despertó bajo un cielo despejado.

Valentina llegó temprano a la revista con la intención de concentrarse completamente en el trabajo.

Tenía una larga lista de tareas pendientes.

Fotografías por editar.

Entrevistas por organizar.

Ideas para la exposición.

Y estaba decidida a no pensar en Alejandro durante al menos unas horas.

Su plan duró exactamente veinte minutos.

El teléfono vibró.

Y cuando vio su nombre en la pantalla, sonrió automáticamente.

—Buenos días.

—Buenos días.

La voz de Alejandro sonó cálida.

Familiar.

—Espero no interrumpir.

—Empiezo a sospechar que esa es tu frase favorita.

Él rió.

—Quizás.

—¿Cómo estás?

—Mejor ahora.

Valentina sintió que las mejillas se calentaban.

—Eso fue muy directo.

—Lo sé.

—¿Y funciona?

—Por la forma en que guardaste silencio, diría que sí.

Ella soltó una carcajada.

—Eres imposible.

—Eso me han dicho.

Durante unos minutos hablaron de cosas simples.

Pero era precisamente esa sencillez lo que hacía especial cada conversación.

No necesitaban grandes temas.

Ni excusas para llamarse.

Simplemente disfrutaban escucharse.

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Camila observaba un informe sobre su escritorio.

La información que había solicitado finalmente había llegado.

Lo abrió lentamente.

Fotografías.

Datos básicos.

Información profesional.

Todo relacionado con Valentina Rojas.

Camila revisó cada página.

Y cuanto más leía, más comprendía el interés de Alejandro.

Valentina no pertenecía al mundo de apariencias en el que ella siempre había vivido.

No parecía interesada en la fama.

Ni en el dinero.

Ni en el prestigio.

Y precisamente por eso representaba una amenaza.

Porque ofrecía algo que Camila jamás había sabido darle a Alejandro.

Autenticidad.

Aquella conclusión no le gustó en absoluto.

Cerró el expediente.

Y comenzó a pensar.

Todavía no estaba dispuesta a rendirse.

Esa misma tarde, Laura reunió al equipo de la revista para una reunión importante.

—Tengo buenas noticias.

Varias personas levantaron la mirada.

—La exposición fotográfica ya tiene fecha oficial.

Valentina sonrió.

Aquello era exactamente lo que estaba esperando.

—Además, la alcaldía confirmó que será uno de los eventos culturales más importantes del año.

El entusiasmo se extendió rápidamente por la sala.

Laura continuó hablando.

Pero Valentina apenas escuchaba.

Su mente ya estaba imaginando las fotografías expuestas.

Las personas observándolas.

Las historias que deseaba contar.

Era un sueño cada vez más cercano.

Al finalizar la reunión, recibió otro mensaje de Alejandro.

"¿Tienes planes esta noche?"

Valentina sonrió.

"Depende."

La respuesta llegó inmediatamente.

"Deberías dejar de responder eso."

Ella rió.

"¿Y tú deberías dejar de preguntar sin explicar nada?"

"Porque me gusta sorprenderte."

"Eso sigue preocupándome."

"Prometo que esta vez es una sorpresa pequeña."

Valentina pensó unos segundos.

"Está bien."

"Perfecto. Paso por ti a las siete."

A las siete en punto, Alejandro estaba frente a su edificio.

Cuando Valentina subió al automóvil, descubrió algo curioso.

Parecía nervioso.

—¿Todo bien?

—Sí.

—Mientes.

—¿Tan evidente soy?

—Muchísimo.

Alejandro soltó una pequeña risa.

—Tal vez estoy un poco nervioso.

—¿Por qué?

—Porque quiero mostrarte algo importante.

Aquella respuesta despertó inmediatamente su curiosidad.

—Ahora sí me preocupas.

—Confía en mí.

—Sigues usando esa frase.

—Porque funciona.

Y, para su sorpresa, tenía razón.

Funcionaba.

Treinta minutos después llegaron a un edificio antiguo situado en una zona tranquila de la ciudad.

Valentina observó la fachada.

—¿Dónde estamos?

—Ven.

Alejandro la condujo al interior.

Subieron varios pisos.

Y finalmente llegaron a una enorme terraza.

Valentina abrió los ojos.

Desde allí la ciudad parecía un océano de luces.

El paisaje era impresionante.

Pero no era eso lo que llamó inmediatamente su atención.

Varias fotografías estaban distribuidas sobre paneles improvisados.

Fotografías tomadas por ella.

Sus trabajos más recientes.

Algunas pertenecían al proyecto de la exposición.

Otras eran imágenes personales.

Momentos capturados durante años.

—Alejandro...

Él la observó con cierta inseguridad.

—Sé que aún falta mucho para la exposición oficial.

—¿Cómo hiciste esto?

—Pedí ayuda.

Valentina recorrió lentamente cada fotografía.

Emocionada.

Conmovida.

Sin palabras.

—Quería verlas todas juntas.

—¿Por qué?

Alejandro tardó unos segundos en responder.

—Porque creo que eres extraordinaria.

Aquellas palabras golpearon directamente su corazón.

Porque no sonaban como un cumplido vacío.

Sonaban como una verdad.

Como algo que realmente pensaba.

Y eso las hacía aún más especiales.

Valentina sintió que los ojos se le humedecían.

—Nadie había hecho algo así por mí.

—Entonces ya era hora.

Ella sonrió.

Y Alejandro sintió que aquella sonrisa valía cada minuto invertido en preparar la sorpresa.

Permanecieron varios minutos recorriendo las imágenes.

Comentando historias.

Recordando momentos.

Y poco a poco la distancia entre ellos pareció desaparecer.

Finalmente llegaron a una fotografía tomada años atrás.

Una imagen de una niña observando el mar.

—Esta es mi favorita.

Alejandro la observó.

—¿Por qué?

—Porque representa esperanza.

Él permaneció en silencio.

—Creo que también es mi favorita.

Valentina levantó la mirada.

Y nuevamente ocurrió.

Aquella conexión silenciosa.

Aquella sensación de que ambos entendían cosas que no necesitaban explicarse.

—Gracias por esto.

Alejandro sonrió.

—Gracias por permitirme verlo.

Durante unos segundos permanecieron inmóviles.

Muy cerca.

Lo suficiente para escuchar la respiración del otro.

Lo suficiente para notar cada pequeño detalle.

Y por primera vez desde que se conocieron, ninguno apartó la mirada.

Porque ambos estaban comenzando a aceptar una verdad imposible de ignorar.

Lo que sentían ya no era simple amistad.

Ya no era curiosidad.

Ni coincidencia.

Era algo mucho más profundo.

Algo que crecía cada día.

Algo que comenzaba a reflejarse en sus sonrisas.

Y aunque todavía no estaban preparados para pronunciar la palabra amor, sus corazones ya comenzaban a comprenderla.

Sin embargo, mientras compartían aquel momento perfecto, una sombra del pasado seguía acercándose.

Y muy pronto, la tranquilidad que habían encontrado estaría a punto de ponerse a prueba.

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