Cuando Gael Andrade se muda a Buenos Aires para empezar de nuevo en un prestigioso colegio artístico, cree que su vida será tranquila por fin. Pero todo cambia cuando conoce a Noah Beltrán, el chico más talentoso y problemático del instituto.
Noah tiene fama de meterse en peleas, faltar a clases y mantener a todos lejos… excepto a Gael.
Lo que empieza como una relación llena de discusiones y tensión termina convirtiéndose en algo mucho más profundo cuando ambos descubren un secreto relacionado con un antiguo teatro abandonado detrás del colegio.
Entre ensayos de música, noches lluviosas, cartas escondidas y sentimientos que ninguno sabe cómo explicar, Gael y Noah tendrán que decidir si enfrentarse al pasado… o seguir huyendo de lo que sienten.
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Capítulo 11 El heredero
La oscuridad cayó sobre la sala como una manta pesada.
Gael apenas podía ver su propia mano frente a su rostro.
El sonido de pasos resonaba desde el fondo de la habitación.
Lentos.
Pesados.
Constantes.
Como si algo estuviera acercándose sin ninguna prisa.
Porque sabía que no podían escapar.
Gael sintió que el miedo le apretaba el pecho.
—Noah... —susurró.
A su lado, Noah permanecía inmóvil.
Los pasos seguían acercándose.
Uno.
Dos.
Tres.
Y entonces...
Una luz azulada apareció en el centro de la habitación.
Muy débil al principio.
Pero suficiente para iluminar una figura.
Gael abrió los ojos.
No podía creer lo que estaba viendo.
Era un hombre.
O al menos parecía un hombre.
Vestía un antiguo traje negro, desgastado por el tiempo. Su cabello era completamente blanco y su piel tenía un tono pálido, casi fantasmal.
Pero lo más aterrador eran sus ojos.
No tenían pupilas.
Solo una luz azul brillante que parecía atravesarlo todo.
—Después de tanto tiempo... —dijo la figura.
Su voz resonó en toda la sala.
—La sangre de los Beltrán ha regresado.
Noah dio un paso al frente.
—¿Quién eres?
La figura sonrió.
Una sonrisa fría.
Vacía.
—Mi nombre ya no importa.
Gael sintió un escalofrío.
—¿Qué le hiciste a Luca?
La sonrisa desapareció.
—No le hice nada.
—¡Mentira! —gritó Noah.
El eco de su voz golpeó las paredes.
—¡Desapareció por tu culpa!
Durante unos segundos el hombre permaneció en silencio.
Luego bajó lentamente la mirada.
—Luca intentó romper el pacto.
El corazón de Gael se aceleró.
—¿Qué pacto?
La figura levantó una mano.
Y de repente las paredes comenzaron a brillar.
Extraños símbolos aparecieron sobre los ladrillos antiguos.
Cientos de ellos.
Como notas musicales mezcladas con marcas desconocidas.
—Hace más de cien años —explicó el hombre— este teatro fue construido sobre un lugar especial.
Su voz parecía venir de todas partes.
—Un lugar donde los recuerdos nunca desaparecen.
Las fotografías caídas comenzaron a flotar lentamente alrededor de la habitación.
Gael observó las imágenes de los estudiantes desaparecidos.
Todos parecían mirarlos.
—Cada cierta cantidad de años aparece alguien capaz de escuchar las voces de este lugar.
Noah frunció el ceño.
—¿Escuchar voces?
—Escuchar a quienes ya no están.
El hombre señaló las fotografías.
—Los elegidos.
El silencio llenó la habitación.
Y entonces Gael comprendió algo.
—¿Luca podía hacerlo?
—Sí.
—Y tú querías usarlo.
El hombre volvió a sonreír.
—Era necesario.
Noah apretó los puños.
—¿Dónde está?
Por primera vez, la expresión de la figura cambió.
Una sombra de tristeza apareció en sus ojos brillantes.
—Entre dos mundos.
Gael sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
—Significa que todavía puede regresar.
El corazón de Noah se detuvo.
—¿Qué?
La figura observó directamente a Noah.
—Pero para traerlo de vuelta alguien debe ocupar su lugar.
El silencio fue absoluto.
Gael sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
No.
No le gustaba hacia dónde iba aquello.
Noah tampoco parecía haber entendido al principio.
Pero cuando lo hizo...
Su rostro palideció.
—No.
La figura asintió lentamente.
—El heredero siempre reemplaza al anterior.
—No.
—Así ha sido durante generaciones.
—¡NO!
La voz de Noah retumbó en toda la sala.
Gael sintió un nudo en la garganta.
Porque entendió exactamente lo que estaba ocurriendo.
Si Noah aceptaba...
Luca regresaría.
Pero Noah desaparecería.
Igual que todos los demás.
El hombre extendió una mano hacia él.
—Tu hermano puede volver esta noche.
Las fotografías comenzaron a girar alrededor de la habitación.
Cada vez más rápido.
—Solo debes aceptar tu lugar.
Noah bajó la mirada.
Su cuerpo temblaba.
Gael sintió pánico.
Porque podía ver el conflicto en sus ojos.
Podía ver cuánto amaba a Luca.
Cuánto había sufrido por perderlo.
Y cuánto deseaba recuperarlo.
Incluso si eso significaba sacrificarlo todo.
—Noah... —susurró.
Noah cerró los ojos.
La sala quedó completamente en silencio.
Y entonces...
Gael tomó su mano.
Con fuerza.
Como si no estuviera dispuesto a dejarlo ir.
Noah abrió los ojos sorprendido.
Y por un instante ambos se quedaron mirando.
Sin palabras.
Sin fantasmas.
Sin misterios.
Solo ellos dos.
—No lo hagas —dijo Gael.
La voz le tembló.
—Vamos a encontrar otra forma.
Los ojos de Noah se suavizaron.
Y por primera vez, el miedo desapareció un poco de su rostro.
Pero en ese mismo instante, una voz conocida resonó en toda la sala.
—¡Gael! ¡Noah!
Ambos se giraron.
Y sus corazones se detuvieron.
Porque al otro lado de la habitación...
Entre la luz azul y las sombras...
Estaba Luca.
Y esta vez parecía completamente real.