Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°19
Unos días más tarde…
Alfred estacionó el auto frente a la entrada principal de la casa y como todos los días espero pacientemente que Franco descendiera del auto, pero esta vez podía ver por el espejo retrovisor a su jefe que lucía abatido y preocupado e inmersos en sus pensamientos. Él por lo general era muy conversado y no dejaba de interesarse por el bienestar de su empleado, sin embargo hoy actuaba diferente, durante el trayecto no dijo ni una sola palabra y miraba fijamente su celular, expectante esperando algún llamado importante.
—Señor, llegamos—informó el chofer al ver que él no descendía del auto y ni siquiera se percató de que estaba en su hogar.
—¿Qué?—preguntó Franco levantando la vista y mirando a su empleado.
—Llegamos, ya estamos en la casa, debe bajar—indicó y con un movimiento de cabeza señaló la mansión.
—Disculpa Alfred, estaba distraído—comentó y suspirando hondo tomó el maletín que tenía junto a él y luego desanimado abrió la puerta del auto.
El chofer de inmediato descendió del vehículo y se acercó a su jefe.
—Señor, no quiero ser impertinente pero ¿se encuentra bien?—preguntó mirando el semblante abatido del joven.
—Sí, solo tuve un mal día en el trabajo, eso es todo. No se preocupe.
—Sabe que puede contar conmigo para lo que sea, sí tiene algún problema personal o necesita algún consejo de pareja no dude en preguntar. Estoy a su servicio.
—Lo sé y le agradezco su oferta pero lo único maravilloso que tengo en esta vida me espera detrás de esa puerta y por el momento todo es perfecto—respondió para brindarle tranquilidad a su chofer que estaba al tanto de todo—. Ya puedes retirarte y guardar el auto, ya no volveré a salir por lo que resta de la noche.Hasta mañana y que descanses —se despidió y lentamente caminó hasta la entrada principal.
Al ingresar al hall un aroma particular llegó a sus fosas nasales, en el ambiente se percibía el olor a comida casera, su estómago rugió de repente y le recordó que no había probado ni un bocado desde el desayuno. Dejando su saco y el maletín sobre el sofá, caminó de prisa hasta la cocina, era evidente que Telma estaba haciendo su magia entre las cacerolas y deseaba probar un bocado de ese manjar antes de subir al cuarto y saludar a Tamara.
—Telma, dime que eso que huelo no es estofado de cordero, se me hace agua la boca de solo imaginar esa delicia—dijo entrando a la cocina, entonces se detuvo de golpe al ver a Tamara junto a la estufa con un divertido delantal de cocinera y la cuchara de madera en la mano.
—Así es—respondió su asistente al mismo tiempo que dejaba la cuchara de lado, tapaba la olla y giraba su cuerpo con gracia, entonces con sus ojos brillando de felicidad le dedicó una hermosa sonrisa.
—Tamara ¿qué haces levantada?—interrogó el joyero llegando a su lado y con preocupación la examinó de pies a cabeza.
—Estoy preparando la cena—contestó de forma natural—. Algo simple y delicioso para que ambos disfrutemos en familia.
—Deberías estar descansando, esto no está bien—comentó mientras acunaba el rostro de la joven con ambas manos y la miraba a los ojos.
—Nada de eso. Hoy tuve la cita con el doctor y luego de examinarme me dijo que mi embarazo está evolucionando perfectamente y que poco a poco puedo volver a mi vida normal y eso haré.
Franco cerró los ojos y suspiro resignado ahora se sentía culpable había olvidado por completo que Tamara tenía cita con el obstetra y se lamentaba no haber estado presente como tanto le había prometido.
—Perdón, lo olvidé por completo—dijo apoyando su frente sobre la de ella—. No quise fallarte en nuestra cita médica, sin embargo tuve un día muy complicado en el atelier y todavía no encuentro explicación para este problema.
—¿Qué sucedió?—interrogó al ver que realmente estaba afligido.
—Hoy me informaron que se extravió el envío de varias piezas de la colección que hice para Roma. Fue de una forma muy extraña y perdí todo el día intentando rastrear la mercadería con un investigador privado pero no hay ni una pista que nos diga quién está involucrado en este robo, lo que es muy peculiar ya que solo muy pocas personas sabían de ese pedido.
—Cariño lo siento, sé lo que significan tus creaciones para ti y cuánto amor y dedicación pones en cada una de ellas.
—Muñeca, eso no importa en este momento, lo que verdaderamente importa es que no cumpli con mi palabra y te deje sola—dijo mientras apoyaba su frente sobre la de ella y acariciaba su rostro con suavidad—. Lo siento mucho te juro que quería acompañarte, que deseaba estar contigo y ver como evoluciona nuestro bebé… es que con el caos que había en la oficina simplemente se me olvido por completo y me siento un verdadero idiota por no recordar algo tan importante—confesó.
—Descuida lo entiendo, además no debes preocuparte, no estuve sola Telma me acompañó y fue muy amable conmigo y la buena noticia es que ambos estamos bien y me dieron el alta—respondió y levantando unos centímetros su rostro lo besó.
Franco respondió a ese beso con verdadera pasión haciendo que sus lenguas danzaran con frenesí al unísono y recorrieran cada rincón del interior de sus bocas. Desde la mañana que anhelaba besar nuevamente los labios de su novia, se había vuelto adicto a su sabor, a su frescura y no podía dejar de pensar en cuánto tiempo faltaba para por fin entregarse de cuerpo y alma.
Él con sumo cuidado la tomó de la cintura y sin separar sus bocas la sentó sobre la mesada de granito y la obligó a que abriera sus piernas. Franco la besaba con vehemencia mientras que sus manos recorrían su espalda, a través de la suave tela de su blusa, haciendo que Tamara se aferrara más a su cuerpo. Ella suspiraba sutilmente sobre los labios de él, haciendo que su necesidad y deseo aumentara con cada sonido, podía sentir como su miembro crecía más y más dentro de su pantalón a tal punto que parecía que estaba por explotar. Lentamente sus bocas se separaron por falta de aire, sin embargo Franco no se apartó del todo y sobre sus labios murmuró.
—Te deseo. Tenerte tan cerca y solo poder besarte es una dulce y cruel tortura—confesó.
—¿Y quién dijo que ahora solo debemos conformarnos con besos?—interrogó ella levantando una ceja, mientras su mano se posaba sobre la hombría de él y lo frotaba lentamente haciendo que gruña de placer—. Estoy perfectamente bien y ya podemos estar juntos, solo debemos ser cuidadosos—susurró sobre su oído intentando seducirlo.
—Seré suave, cuidadoso y te haré sentir la mujer más deseada del mundo—contestó antes de unir sus labios nuevamente en un besó descontrolado.