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Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio / Casada con el millonario / Pretendiendo ser otra persona / Tú no me amas / Amante arrepentido
Popularitas:98.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Lola Quintana llegó vestida de novia al salón donde todos esperaban verla casarse con Bruno Gatti.

Pero el novio no apareció.

Estaba en Rosario, cuidando a Martina, su primer amor.

Humillada delante de dos familias, traicionada por el hombre al que cuidó durante años y acorralada por una familia que solo quería usarla, Lola tomó una decisión impulsiva: llamó a Thiago Sáenz, un pibe lindo, pobre y descarado al que apenas conocía, y le pidió que fuera su novio por una noche.

El trato era simple.

Él la ayudaba a salvar la cara.

Ella le pagaba.

Después, cada uno seguía con su vida.

Pero Thiago no era tan pobre como parecía.

Y ese casamiento improvisado, que Lola creyó una salida desesperada, terminó metiéndola en una guerra de familias, secretos, herencias robadas y un marido demasiado peligroso para ser solo un capricho.

Lola no buscaba amor.

Thiago tampoco pensaba dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

—¿Cómo voy a hacer algo así?

Graciela Sosa abrió los ojos con una indignación tan perfecta que, si Rubén no la conociera de años, quizá hasta le habría creído.

—Rubén, ¿quién te llenó la cabeza?

Rubén la miraba con sospecha.

—Lola fue a mi empresa esta tarde.

La cara de Graciela cambió apenas.

—¿Fue a tu empresa?

—Entró en plena reunión.

Rubén no quería recordar ese momento.

Había estado recibiendo a un cliente importante en la sala vidriada. Todo venía bien, café servido, carpetas abiertas, sonrisas medidas.

Hasta que Lola apareció llorando.

No llorando un poco.

Llorando como si le hubieran roto la vida en la puerta.

Atravesó la oficina con la cara mojada, atrayendo miradas de todos los escritorios, y entró a la sala sin pedir permiso.

—Papá —sollozó—, yo sé que desde chica querés más a Micaela porque es hija de Graciela. Yo no tengo mamá, entonces para vos siempre fui una molestia. Pero también soy tu hija. ¿Cómo podés mirar para otro lado mientras la mujer que amás me lastima una y otra vez?

Rubén se quedó clavado.

Del otro lado del vidrio, sus empleados fingían mirar pantallas. En realidad, tenían las orejas puestas.

El cliente, sentado frente a él, no intentó disimular demasiado el interés.

—Señor Quintana —dijo, tosiendo—, su hija se ve muy angustiada. Si necesita resolver algo familiar, puedo esperar. Hagan de cuenta que no estoy.

La frase era correcta.

Los ojos, no.

Ese hombre quería el chisme completo.

Rubén tragó la bronca.

—Lola, dejá de llorar. Decime qué pasó.

Lola se secó las lágrimas, pero siguió hipando.

—Si te lo digo, ¿vas a hacer justicia por mí?

La vena de Rubén saltó.

—Primero explicá.

Lola bajó la cabeza, pobrecita de manual.

—El lunes a la noche casi me pasa algo horrible. Salí de cenar con Sol y unos tipos me agarraron en la calle. Querían subirme a una camioneta. Si un chico no se metía a ayudarme, me sacaban del país para prostituirme.

Rubén no sabía nada.

Tampoco le importaba tanto.

Todavía le dolía el millón que Lola le había arrancado. Y conocía a su hija: si había ido a su empresa a llorar, no era porque de pronto quisiera cariño paterno.

Pero con el cliente mirando y los empleados escuchando, no podía quedar como un monstruo.

—¿Por qué no me avisaste? —preguntó, fingiendo preocupación—. ¿Te lastimaron? ¿Se sabe quién mandó a esos tipos?

Lola asintió.

—Vengo de la comisaría. Papá, ¿sabés quién estuvo detrás?

Rubén sintió un mal presentimiento.

—¿Quién?

—Nora Sosa. La hermana de Graciela.

El nombre cayó en la sala como un vaso roto.

Lola volvió a llorar.

—Yo ni siquiera la trato. ¿Por qué una mujer que casi no me conoce querría hacerme eso? ¿Sabés por qué, papá?

Rubén apretó los dedos sobre la mesa.

—¿Cómo voy a saberlo?

—El día que me llevé las cosas de mamá, Graciela estaba furiosa. ¿Será que quería quedarse con esas joyas? Pero eran de mi mamá. ¿No era normal que yo las recuperara? Ella ya le quitó el marido a mi mamá cuando estaba viva. ¿También tiene que quedarse con lo único que me dejó?

Rubén se puso rígido.

Si Lola seguía, iba a sacar a la luz media vida de mugre delante del cliente.

—No sé nada de esto —la interrumpió—. Pero voy a preguntar. Si de verdad Graciela tuvo algo que ver, no la voy a encubrir. Te voy a dar una explicación.

Lola levantó la cara.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Entonces que este señor tan justo y tan fachero sea testigo.

El cliente se enderezó de inmediato.

Lola lo miró con ojos brillantes.

—Si mi papá protege a Graciela por encima de mí, que la cooperación de ustedes se termine acá.

Rubén casi se ahoga.

El cliente, después de escuchar "fachero", se tocó la cara y sonrió con orgullo.

—Por supuesto. Yo voy a ser testigo. Si el señor Quintana no maneja este asunto con justicia, reconsidero nuestra relación comercial.

—Gracias —dijo Lola, dulce—. Usted sí tiene sentido de la justicia.

El cliente infló el pecho.

En su cabeza, Lola ya era una chica pobre, débil, sin madre, maltratada por una madrastra codiciosa que había mandado a su propia hermana a hacerle daño por unas joyas.

Rubén quiso romper la mesa.

Cuando terminó de contarle todo a Graciela, su cara seguía negra.

Graciela lo escuchaba con los labios tensos.

—O sea —dijo despacio—, delante de tu cliente y de todos tus empleados, Lola dijo que yo empujé a mi hermana a hacerle daño, que le quité el marido a su madre y que ahora quiero robarle sus cosas.

—Lo escuchaste.

El celular de Graciela salió volando contra la pared.

—¡Esa desgraciada está loca! ¡Tendríamos que haberla encerrado hace años!

Toda la imagen que había cuidado durante años, la esposa comprensiva, la mujer elegante, la señora amable de la empresa, había quedado hecha polvo por el numerito de Lola.

Ahora todos los empleados debían estar riéndose de ella a sus espaldas.

Graciela temblaba de rabia.

Por primera vez, ni se molestó en parecer buena.

Rubén frunció el ceño.

—Entonces, ¿tuviste algo que ver?

Graciela giró hacia él.

—Sí. Yo le dije a Nora. ¿Y qué? ¿Vas a castigarme por esa chica?

Rubén no respondió.

—No te hagas el santo —siguió ella—. Vos también querías esas joyas.

Eso lo dejó mudo.

El cofre de la primera esposa de Rubén valía una fortuna. Más que lo que su empresa podía ganar en un año bueno.

Graciela vio la grieta y bajó la voz.

—Está bien, me resigno. Si no se puede, no se puede. Después de todo, no eran mías.

Hizo una pausa.

—Pero eran de tu primera esposa. Estuvieron dentro de tu matrimonio. Si no hubiera dejado ese testamento, también te habría correspondido una parte. Lola se las llevó todas y encima te sacó un millón. Yo no estaba enojada por mí. Me parecía injusto por vos.

Rubén apretó los puños.

Sí.

Eso era.

No era solo codicia.

Era injusticia.

Si Lola hubiera sido una hija obediente, tal vez él lo habría aceptado. Pero esa hija solo sabía desafiarlo, exponerlo, sacarle dinero y pisarle los límites.

Graciela vio cómo la sombra le cruzaba la cara.

Por dentro, sonrió.

Lola le había destruido años de imagen.

Entonces tampoco iba a tener días tranquilos.

El teléfono sonó.

Graciela miró la pantalla: era Ernesto, el marido de Nora.

Le lanzó una mirada a Rubén y salió al balcón.

—¿Qué pasa?

La voz del hombre sonaba agotada.

—Graciela, necesito que le preguntes a Rubén si puede mover algo para sacar a Nora.

—Si vos no podés sacarla, menos va a poder Rubén.

—Antes no habría sido problema. Pero esta vez Nora chocó contra algo más fuerte. Me dijeron que la chica tiene gente atrás. En la comisaría nadie quiere tocar el expediente. Van a seguir todo por la vía formal.

Graciela se quedó helada.

—¿Quién?

—No me lo dicen. La orden vino de arriba y todos se hacen los mudos. Nora está adentro, llorando, gritando que la saque.

Graciela dejó de escuchar lo demás.

Lola tenía alguien atrás.

¿Quién?

La única posibilidad que se le ocurrió fue la familia Gatti.

Quizá Bruno todavía no la había soltado.

Si los Gatti seguían protegiéndola, Nora había pisado una bomba. Y ella, Graciela, también.

Tomó el celular y buscó a Bruno.

Lo había agregado cuando él acompañó a Lola a la casa Quintana, en esos días en que aún todos fingían armonía.

Llamó con voz suave.

—Bruno, disculpá que te moleste. ¿Estás ocupado?

—No demasiado. ¿Qué pasa?

—Es por Lola y mi hermana. Supongo que ya te enteraste. Mi hermana siempre fue impulsiva. Cuando me contaron lo que hizo, me enojé muchísimo. Fui a verla y la reté. Lola no es mi hija de sangre, pero para mí es como si lo fuera. Lo que le hicieron a ella también me duele a mí.

Del otro lado hubo un silencio corto.

—¿Qué hizo tu hermana?

Graciela se quedó seca.

—¿No sabías?

—¿Qué le pasó a Lola?

La voz de Bruno se enfrió.

—¿Tu hermana le hizo daño?

Graciela entendió tarde.

No era Bruno.

No había sido él quien la protegió.

Antes de que pudiera arreglar la historia, Bruno cortó.

Llamó a Lola.

No entró.

Intentó escribirle por WhatsApp.

El chat no existía.

Lo había bloqueado. Borrado.

Bruno golpeó la mesa con el puño.

Martina entró justo en ese momento.

—Bruno, ¿qué pasó?

Le tomó la mano y se la acarició con una ternura estudiada.

—Pase lo que pase, no te lastimes. Yo sé lo que duele.

Otra noche, esa frase habría logrado que él la abrazara.

Esa noche, Bruno solo pensaba en Lola.

—Martina, parece que Lola tuvo un problema. Su madrastra me llamó. Dijo que su hermana la lastimó, que hizo algo grave. No puedo comunicarme con Lola.

La expresión de Martina se endureció apenas.

Pero enseguida se llenó de preocupación.

—¿En serio? ¿Qué pasó?

—No sé. Me bloqueó. Tengo que ir a verla.

Bruno salió antes de que ella pudiera frenarlo.

Cuando la puerta se cerró, Martina barrió de un manotazo todo lo que había sobre la mesa.

Vasos, papeles, un adorno pequeño.

Todo cayó al piso.

—Lola, Lola, Lola.

Su respiración se volvió áspera.

¿Por qué esa mujer no se moría de una vez?

1
Mary Ney
Thiago no puedo contigo 😂😂😂😂😂
Mary Ney
🤣🤣🤣🤣Thiago eres único 🤣🤣🤣😂😂
Cliente anónimo
No se tarden en terminarla para seguirle el hilo y no olvidarse donde quedo y de que se trata
Darquiz Bonilla
y no fue en la pierna q le dispararon
Flor R
hay no pobre mi Tiago 🍷🍷🍷
Flor R
ya ven leo si sabe eso es bueno es un buen muchacho 🙈🙈🙈🙈
Cliente anónimo
Me encanta pero por favor no tarde en escribir antes que uno se olvide del trama
Flor R
o no espero que se salve el anulo se merecen salvarse
Mercedes Pereira
no están cumpliendo con los capítulos hoy es 28 -7-26
Maria del pilar Quinto
ese es el final???? que paso con Thiago y Lola???? y el negocio???
Maria del pilar Quinto
me gusta que las cosas vayan fluyendo sin tanto drama, no que luego están por saber la verdad, e inventan otro drama
Cliente anónimo
No por favor no hagan eso cuando uno esta más metido en el drama
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
se puso muy mala la novela demasiada fantasía que no se sabe si es una fantasía moderna o urbana de época antigua ya no se que pensar ya estamos en el capitulo 60 pura fantasía y nada que demuestre que es un ceo o un duque vampiro lobo o que??????
Andreina Fernandez
creo k a la escritora se le fue la fecha es k el país k ella es no ah pasado el mes 6 todavía
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
😂😂😂😂😂🤭🇨🇴❤️❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Que busquen a Ynua. 😉🤭🇨🇴❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Ay no, que ironía....la "mejor amiga", gatogordo . 😂😂😂😂😂🇨🇴🇨🇴❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Se me chorriaron las babas, de solo imaginar. 😉🤤🤤😋😋😋❤️❤️🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Cómo así? Qué sabe Lola, de la verdadera identidad de Thiago ? 🤔🤔🇨🇴🇨🇴❤️
Karen Solange Quintana Monardes
muy bueno te deja intrigado
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