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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: El peso de la marea

«Recuperar lo perdido no es un regalo; es abrir la presa y dejar que la corriente te ahogue.»

— Cánones del Nivel Cero

Mael extendió lentamente su mano de piedra y plata.

El movimiento fue casi solemne, como si cada articulación recordara el peso de siglos enteros. Los grabados que recorrían su brazo comenzaron a encenderse uno tras otro con una luz azul pálida, siguiendo un patrón antiguo que respiraba al mismo ritmo que la propia catedral.

A su alrededor, las miles de esferas suspendidas bajo la inmensa bóveda vibraron al unísono.

Primero fue un murmullo.

Después un zumbido profundo.

Finalmente, una sinfonía cristalina inundó el recinto.

Los recuerdos almacenados durante generaciones respondían al llamado del Primer Custodio.

Rayos de luz descendieron desde cada esfera, reuniéndose sobre la palma de Mael hasta formar una pequeña estrella líquida que parecía contener un océano entero.

El aire se volvió más pesado.

Incluso respirar exigía esfuerzo.

Kael sintió que su corazón latía con una fuerza desconocida.

No era miedo.

Era la sensación de estar frente a algo que ningún ser humano debía contemplar.

La memoria pura.

La esencia de una vida.

—No habrá marcha atrás, Kael —advirtió la voz del Primer Custodio dentro de su mente.

No sonó como una amenaza.

Sonó como un lamento.

—Cuando la grieta se abra, la ilusión que te ha protegido durante veintidós años desaparecerá. Cada mentira, cada vacío y cada sueño incompleto encontrarán su verdadero lugar. Pero también volverá el dolor.

Kael tragó saliva.

Durante toda su vida había perseguido respuestas.

Ahora comprendía que nunca se había preguntado si realmente estaba preparado para recibirlas.

Miró a Lyra.

Ella permanecía inmóvil junto al altar, observándolo con una serenidad que sólo alguien incapaz de olvidar podía poseer.

Sin decir nada, dio un paso hacia él.

Luego otro.

Finalmente tomó su mano libre.

Sus dedos estaban fríos.

Extrañamente fríos.

Pero aquel contacto era firme, inquebrantable.

Como una cuerda tendida sobre un precipicio.

—Estoy aquí —susurró.

Kael levantó la vista.

Los ojos plateados de Lyra reflejaban todas las luces de la catedral.

—Si te pierdes en la marea... yo recordaré por los dos.

Hizo una pequeña pausa antes de sonreír apenas.

—Y encontraré el camino para traerte de vuelta.

Por primera vez desde que había entrado en aquella ciudad enterrada, Kael sonrió también.

Fue una sonrisa cansada.

Breve.

Pero auténtica.

Asintió.

Respiró profundamente.

Después avanzó hasta quedar frente al altar.

Mael apoyó lentamente su mano de plata sobre la frente del joven.

El contacto fue insoportablemente frío.

Como si una aguja de hielo atravesara su piel, su cráneo y cada pensamiento.

El tiempo pareció detenerse.

Un único chasquido seco resonó dentro de su cabeza.

Y entonces...

La presa se rompió.

No hubo transición.

No existió preparación.

Miles de recuerdos irrumpieron de golpe.

No llegaron como imágenes.

Llegaron como una inundación.

Como un océano entero cayendo sobre una sola mente.

Kael cayó de rodillas.

El aire escapó de sus pulmones.

Abrió la boca para gritar.

Pero ningún sonido consiguió salir.

Su conciencia desapareció bajo una corriente imposible de contener.

Tenía cuatro años.

Corría por un jardín cubierto de flores blancas.

El viento agitaba los árboles mientras una mujer reía detrás de él.

—¡Más despacio!

Elena.

Su madre.

Su rostro estaba iluminado por el sol de la tarde.

No llevaba uniforme.

No había laboratorios.

No existía la guerra.

Sólo una madre persiguiendo a su hijo entre los árboles.

Ella lo levantó en brazos.

—¿Sabes cuál es tu misión más importante?

El pequeño Kael negó con la cabeza.

Elena apoyó su frente contra la suya.

—Seguir siendo tú.

El recuerdo desapareció.

Otro ocupó su lugar.

Una mesa de madera.

Pinturas de colores.

Un pequeño muñeco tallado a mano.

Elena sostenía el pincel mientras Kael intentaba imitarla.

La figura tenía alas.

—¿Qué es?

—Un guardián.

—¿Y qué protege?

Ella sonrió.

—Los recuerdos felices.

El laboratorio.

El olor metálico.

El ozono.

La electricidad.

El sonido de enormes máquinas trabajando sin descanso.

Personas vestidas con batas blancas caminaban apresuradas entre pantallas transparentes.

Una puerta marcada con las palabras:

PROYECTO AURORA

Elena discutía con varios científicos.

—Todavía es demasiado pronto.

—No tenemos alternativa.

—¡Son niños!

—Son la única posibilidad.

Las voces se mezclaban.

Los rostros cambiaban.

El miedo impregnaba cada rincón.

Una celda.

Vidrio reforzado.

Fría.

Silenciosa.

Al otro lado había una niña de trenzas oscuras.

Observaba a Kael sin hablar.

Él acercó una pequeña figura de madera al cristal.

Ella sonrió por primera vez.

Era Lyra.

Mucho antes de que ambos conocieran sus nombres.

Mucho antes de olvidar que alguna vez habían sido amigos.

—No llores, K-07.

La voz de Elena.

Cálida.

Temblorosa.

Lo abrazaba mientras varios técnicos preparaban una enorme máquina circular.

—Pronto lo olvidarás todo.

Las lágrimas caían por las mejillas de Kael.

—No quiero...

Ella besó su frente.

—Lo sé.

Pero si recuerdas ahora...

...ellos encontrarán el Primer Recuerdo.

Y entonces nadie podrá detener lo que viene.

Respiró profundamente.

Intentando no romperse.

—El futuro quedará escondido donde nadie pueda alcanzarlo.

Incluso de ti.

Otro recuerdo.

Más oscuro.

Más reciente.

Pasillos.

Alarmas.

Disparos.

Humo.

El Proyecto Aurora estaba siendo atacado.

Soldados con máscaras plateadas avanzaban por los corredores.

Uno de ellos caminaba sin prisa.

Los demás parecían obedecer cada uno de sus movimientos.

Llevaba la máscara del Gran Maestro.

Elena levantó la mirada.

Sus ojos no mostraban miedo.

Sólo tristeza.

—No hagas esto...

El hombre levantó lentamente la mano.

Después se quitó la máscara.

Kael sintió que el mundo entero se detenía.

Aquel rostro...

Lo conocía.

Las mismas facciones.

Los mismos ojos grises que su madre.

El mismo lunar junto al cuello.

No era un enemigo cualquiera.

Era el hermano de Elena.

Su propio tío.

La verdad atravesó la mente de Kael como una hoja de cristal.

Todo cobraba sentido.

La traición.

La caída del proyecto.

La desaparición de su madre.

La obsesión de la Orden.

No buscaban únicamente el Primer Recuerdo.

Buscaban terminar aquello que él había impedido hacía veintidós años.

Las imágenes comenzaron a girar.

Cada vez más deprisa.

Una.

Diez.

Cien.

Mil.

Vidas completas pasaban ante sus ojos.

Voces.

Caras.

Ciudades.

Muertes.

Promesas.

Todo se mezclaba.

Su mente no podía contener semejante cantidad de información.

Sintió que algo dentro de él empezaba a romperse.

Como un cristal sometido a demasiada presión.

Dolía.

Más de lo que creía posible.

Era como si cada recuerdo reclamara un lugar al mismo tiempo.

—¡Kael!

La voz de Lyra atravesó el caos.

Lejana.

Pero firme.

Sintió cómo ella apretaba su mano.

Un calor suave comenzó a extenderse por su brazo.

No era energía.

Era estabilidad.

La memoria perfecta de Lyra actuaba como un ancla.

Mientras los recuerdos de Kael chocaban unos contra otros, la mente de ella permanecía inmóvil, sólida, imposible de alterar.

Compartía aquella estabilidad con él.

Lo mantenía unido.

—Mírame.

Kael abrió los ojos con esfuerzo.

Todo era borroso.

Sólo distinguía el rostro de Lyra.

—Respira.

Él obedeció.

Una inspiración.

Luego otra.

Poco a poco, las imágenes dejaron de golpearse entre sí.

Comenzaron a ordenarse.

Cada recuerdo encontró su lugar.

Cada fragmento encajó con el siguiente.

Como un inmenso mecanismo que llevaba décadas esperando ser reconstruido.

Las lágrimas descendían por las mejillas de Kael.

No eran transparentes.

Brillaban con una intensa luz azul.

Caían al suelo como pequeñas gotas de cristal líquido.

La catedral permanecía completamente en silencio.

Incluso las esferas habían dejado de vibrar.

Mael retiró lentamente su mano de plata.

El anciano observó a Kael durante varios segundos.

Después inclinó la cabeza.

—Ya no eres un recipiente vacío.

Su voz parecía más cansada que nunca.

—Ahora eres el custodio de tu propia historia.

Kael permaneció inmóvil.

Respiró una vez más.

Lentamente levantó las manos frente a su rostro.

Ya no temblaban.

Sentía el peso de los recuerdos ardiendo en su interior.

Pero ya no lo aplastaban.

Lo sostenían.

Por primera vez sabía exactamente quién era.

Recordó cada sonrisa de Elena.

Cada conversación con Lyra.

Cada mentira que había vivido.

Cada verdad que le habían arrebatado.

Todo estaba allí.

Completo.

—Mi tío... —susurró.

Su voz sonaba distinta.

Más grave.

Más segura.

—Él no destruyó el Proyecto Aurora por ambición.

Lo hizo porque creía que la humanidad debía olvidar para sobrevivir.

Mael asintió lentamente.

—Busca el Primer Recuerdo para borrar la guerra antes de que empiece.

El anciano desvió la mirada hacia las esferas.

—Pero el Primer Recuerdo no puede extraerse sin destruir la mente que lo protege.

Kael comprendió inmediatamente lo que aquello significaba.

Durante veintidós años...

Esa mente había sido la suya.

Y ahora...

Sólo quedaba una persona capaz de completar el proceso.

Elena.

Su madre seguía viva.

No como un símbolo.

No como un recuerdo.

Viva.

Prisionera.

Esperando.

Kael cerró lentamente el puño.

Todo el dolor que había sentido unos minutos antes se transformó en una determinación fría.

Precisa.

Inquebrantable.

Se volvió hacia la enorme puerta de la catedral.

Más allá de ella se extendía la ciudad enterrada.

Y, mucho más arriba, el mundo que estaba a punto de repetir los errores del pasado.

—Ya sé dónde tienen a Elena.

Lyra lo miró en silencio.

Él sostuvo su mirada.

—Y también sé por qué han esperado hasta ahora.

Mael levantó una ceja.

—Porque necesitaban que yo recordara.

El joven dio un paso hacia la salida.

Después otro.

Cada uno más firme que el anterior.

—La Orden cree que acaba de ganar.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Pero acaba de devolverme el arma que llevaba buscando toda mi vida.

La inmensa puerta comenzó a abrirse lentamente.

Una corriente de aire

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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