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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:16.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 13

La oscuridad de la habitación se sentía distinta esa noche, más pesada, cargada de una sospecha que se filtraba entre las sábanas de seda como un veneno silencioso. Sentía el cuerpo de Alexander a mi lado, una presencia sólida y cálida que, en cualquier otro momento, habría sido mi único consuelo. Pero ahora, cada vez que su respiración rozaba mi nuca, recordaba las palabras de Marcus en la biblioteca. El eco de "frenos manipulados en este garaje" martilleaba en mi mente con la rítmica crueldad de una gota de agua.

Me mantuve inmóvil, fingiendo un sueño que estaba a leguas de alcanzar. Alexander se movió, y sentí su mano ascender por mi brazo, un roce apenas perceptible, como si temiera romperme o, tal vez, como si estuviera comprobando que su posesión seguía allí, bajo su control. Sus dedos eran largos y callosos en las puntas, una textura que conocía de memoria y que solía hacerme vibrar, pero que ahora me provocaba un escalofrío de duda.

—Sé que no duermes, Elina —su voz, esa barítono profunda que siempre parecía vibrar en mi pecho, rompió el silencio. No era una pregunta, era una observación analítica, propia del hombre que dirigía imperios con un chasquido de dedos.

Me giré lentamente hacia él, dejando que la oscuridad nos envolviera a ambos. Aunque no podía verlo, mi mente dibujaba su mandíbula cuadrada, la línea severa de sus labios y esos ojos que, según decían, podían congelar a un hombre a diez metros de distancia.

—Es difícil dormir cuando el aire de esta casa huele a secretos, Alexander —respondí, mi voz apenas un susurro quebrado.

Sentí que se acercaba. El aroma a sándalo y a ese licor costoso que había estado bebiendo se volvió abrumador. Alexander se incorporó sobre un codo, y su otra mano encontró mi rostro. Su pulgar trazó el contorno de mis labios con una lentitud tortuosa, una caricia que desprendía una sensualidad oscura, casi desesperada.

—Marcus ha estado hablando contigo —dijo, y su tono bajó una octava, volviéndose peligrosamente suave—. Te dije que no escucharas sus mentiras. Él solo quiere lo que yo tengo, y lo que yo tengo, Elina, es a ti.

—Él dice que el accidente ocurrió aquí. Bajo tu techo. En tu garaje —sentí una lágrima traicionera resbalar por mi mejilla, y Alexander la atrapó con su dedo antes de que llegara a la almohada.

—Marcus diría que el sol es negro si eso hiciera que dudaras de mí —se inclinó más, hasta que su frente tocó la mía. Podía sentir el calor que irradiaba su piel, una energía volcánica contenida bajo una capa de hielo—. Estoy moviendo cielo y tierra para encontrar al responsable. Si crees, aunque sea por un segundo, que yo permitiría que te hicieran daño, entonces no me conoces en absoluto.

—Ese es el problema, Alexander. No te conozco. Solo conozco al hombre que me besa en la oscuridad y al hombre que compra silencios por la mañana. ¿Cuál de los dos eres ahora?

Su respuesta no fue verbal. Sus labios buscaron los míos con una urgencia que me dejó sin aliento. No fue un beso de consuelo; fue un beso de dominio, una forma de silenciar mis preguntas con el único lenguaje que ambos entendíamos sin necesidad de luz. Sus manos recorrieron mi cuerpo con una familiaridad posesiva, deshaciendo los nudos de mi desconfianza a través del puro placer sensorial. Cada vez que mi mente intentaba regresar a la biblioteca, a las sospechas y a los informes, él me arrastraba de vuelta a la superficie de la piel, al calor de sus manos y al sonido de su respiración entrecortada contra mi cuello.

—No me dejes, Elina —susurró contra mi piel, y por primera vez detecté algo que se parecía al miedo en su voz—. No dejes que te alejen de mí.

La mañana siguiente trajo consigo una calma artificial. Alexander se había ido temprano, dejando tras de sí un vacío que pesaba más que su presencia. Me levanté y me vestí con un vestido de terciopelo azul profundo; me gustaba el peso de la tela, la forma en que caía sobre mis caderas dándome una sensación de estructura en un mundo que se sentía cada vez más líquido.

Caminé por el pasillo principal, guiándome por el tacto de los marcos de las puertas. Mis oídos estaban alerta a cualquier sonido que no encajara. Escuché el murmullo rítmico de la aspiradora en la planta baja y el lejano trino de los pájaros en el jardín, pero lo que buscaba estaba en el despacho de Alexander.

Sabía que Marcus me había tendido una trampa con sus palabras, pero también sabía que en cada mentira hay un grano de verdad. Si Alexander guardaba un archivo con sello rojo, yo tenía que encontrarlo. No por él, sino por la luz que me habían arrebatado.

Entré en el despacho con el corazón martilleando. El olor a tabaco y papel viejo era más fuerte aquí. Me dirigí hacia la estantería detrás del escritorio de roble. Mis dedos recorrieron los lomos de los libros hasta que encontré el panel que Marcus había mencionado. Mis manos temblaban mientras buscaba el mecanismo. Un clic seco me indicó que la caja fuerte estaba expuesta.

No conocía la combinación, pero recordé algo que Alexander me había dicho una noche, un comentario al azar sobre la fecha en que su abuelo fundó la compañía, la misma fecha en que mis padres firmaron el primer acuerdo de fusión. Probé los números con dedos torpes.

Un pitido electrónico y el sonido de un motor pequeño me indicaron que se había abierto.

Tanteé el interior. Había fajos de billetes, algunos relojes pesados y, al fondo, una carpeta de cartón rígido. Mis dedos recorrieron la superficie hasta encontrar algo que sobresalía: un sello de cera, rugoso y circular. Rojo, según Marcus.

El corazón se me detuvo. Abrí la carpeta y saqué los papeles. Pasé las manos por las hojas, sintiendo la textura de las fotografías grapadas. Eran fotos del coche, podía sentir los bordes quemados y el metal retorcido bajo mis yemas. Pero bajo las fotos, había algo más. Un documento con una firma que reconocería en cualquier parte por el relieve del trazo: la firma de mi padre.

—¿Qué estás haciendo, Elina?

La voz de Alexander me golpeó como un balde de agua helada. Estaba de pie en el umbral, y por el sonido de su respiración, supe que llevaba tiempo observándome. No se movió, pero la habitación pareció encogerse bajo su mirada.

—Dime qué es esto, Alexander —dije, sosteniendo los papeles contra mi pecho como si fueran un escudo—. Dime por qué mi padre firmó un documento de exoneración de responsabilidad tres días después de mi accidente.

Escuché sus pasos acercarse, lentos y deliberados. Cada golpe de sus zapatos contra el suelo de madera era una sentencia. Se detuvo justo frente a mí, y sentí que me arrebataba los papeles con una suavidad que daba más miedo que la violencia.

—Tu padre estaba en la quiebra, Elina. El accidente fue la oportunidad que sus acreedores necesitaban para presionar. Si él aceptaba que el fallo fue mecánico y no humano, el seguro pagaría una fortuna que salvaría a los Colón de la ruina total.

—¿Y tú lo sabías? —mi voz era un hilo de angustia—. ¿Sabías que mi propia familia usó mi ceguera para pagar sus deudas?

—Lo sospechaba. Por eso compré la mayoría de las acciones de tu familia. Por eso te traje aquí. No para usarte, sino para evitar que tu padre terminara de vender lo poco que te quedaba: tu libertad —Alexander me tomó de los hombros, y esta vez su contacto no fue sensual, sino protector, casi desesperado—. Si el mundo supiera que el accidente fue un montaje financiero de tu propio padre, no te quedaría nada. Ni nombre, ni fortuna, ni justicia.

—Entonces me mentiste para "protegerme" —me zafé de su agarre, sintiendo que la oscuridad de la biblioteca me tragaba—. Me hiciste creer que eras el villano para que no viera que el monstruo estaba en mi propia casa.

—Te mentí porque te prefiero odiándome a ti misma menos de lo que odiarías a tu sangre —respondió él, y escuché cómo dejaba los papeles sobre el escritorio—. Marcus sabe esto. Por eso te envió a buscar esa carpeta. Él no quiere que sepas la verdad para liberarte, quiere que la sepas para que me dejes y él pueda tomar el control de todo lo que he construido para nosotros.

Me quedé en silencio, procesando la magnitud de la traición. La ceguera física no era nada comparada con la ceguera emocional en la que había vivido. El hombre que tenía frente a mí, el CEO frío y calculador, había estado cargando con el pecado de mi familia solo para mantenerme intacta en mi pequeño mundo de seda y sombras.

Alexander dio un paso hacia mí. Sentí su mano buscar la mía, entrelazando sus dedos con una fuerza que decía más que mil disculpas. Su aroma a sándalo me envolvió de nuevo, pero ahora no se sentía como una máscara, sino como un refugio.

—No confíes en nadie, Elina. Ni siquiera en lo que crees recordar de aquel día —susurró, y su boca buscó mi frente en un beso casto pero cargado de una promesa solemne—. Solo yo voy a sacarte de esto. Solo yo.

La revelación me dejó exhausta, con el alma en carne viva. Alexander me guio fuera del despacho, pero no hacia nuestra habitación, sino hacia el coche. Me dijo que necesitábamos salir de la mansión, que las paredes tenían oídos y que Marcus no tardaría en mover su siguiente pieza ahora que sabía que yo había encontrado el archivo.

El trayecto fue silencioso. El ronroneo del motor y el olor a cuero nuevo del vehículo me daban una extraña sensación de seguridad. Alexander conducía con una mano en el volante y la otra sujetando firmemente la mía sobre el cambio de marchas. Era un gesto de posesión absoluto, uno que ya no me molestaba, sino que aceptaba como mi único anclaje en la tormenta.

Llegamos a una propiedad que no conocía. El aire olía a mar y a salitre; el sonido de las olas rompiendo contra las rocas era una música salvaje que me llenó los pulmones de una libertad nueva.

—Es mi casa de la costa —dijo Alexander mientras me ayudaba a bajar—. Nadie sabe que estamos aquí. Hudson tiene instrucciones de decir que fuimos a una cena benéfica en la ciudad.

La casa se sentía diferente a la mansión de la ciudad. El suelo era de madera rústica, más cálido al tacto de mis pies descalzos cuando me quité los zapatos. Alexander me llevó hasta una terraza donde el viento soplaba con fuerza, alborotando mi cabello y mi vestido.

—Aquí no hay secretos, Elina —dijo, parándose detrás de mí, rodeando mi cintura con sus brazos, pegando su pecho a mi espalda—. Solo el mar y nosotros.

Me giré en sus brazos, buscando su rostro con mis manos. Recorrí sus cejas, el puente de su nariz, la dureza de sus pómulos. Era la primera vez que lo "veía" de verdad, sin el filtro del miedo o del contrato. Alexander soltó un suspiro largo y hundió el rostro en mi cuello, dejándose llevar por un momento de vulnerabilidad que nunca le había permitido ver a nadie.

—Perdóname por no haber sido el hombre que necesitabas desde el principio —murmuró, su voz rota por una emoción que no podía contener más.

—Fuiste el hombre que me mantuvo a salvo, Alexander. Quizás eso era lo que necesitaba, aunque no lo supiera —respondí, atrayéndolo hacia un beso que esta vez sabía a esperanza y a una entrega total.

En esa terraza, frente a un mar que no podía ver pero que sentía en cada fibra de mi ser.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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