En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 17: La chica que temía con vestirse en leyenda
Las catacumbas comenzaron a derrumbarse.
El techo tembló violentamente sobre ellos mientras enormes bloques de piedra caían alrededor del mural destruido. La escarcha negra seguía extendiéndose por las paredes como venas oscuras y el aire se volvía cada vez más frío.
Pero Magma seguía inmóvil.
Porque las palabras de la criatura todavía resonaban dentro de su cabeza.
“Morirá igual que la hija del viento.”
“Todas las herederas terminan solas.”
Alina.
Siempre Alina.
La leyenda.
La chica libre.
La princesa convertida en viento.
Y por primera vez desde niña…
Magma no sintió admiración al pensar en ella.
Sintió miedo.
Kaien sujetó su brazo inmediatamente cuando otra parte del túnel colapsó detrás de ellos.
—¡Magma, tenemos que irnos!
Ella reaccionó apenas.
Las llamas alrededor de sus manos seguían inestables, creciendo y disminuyendo junto al caos de sus pensamientos.
La criatura del hielo continuaba observándola desde el fondo de la cámara.
Sonriendo.
Como si ya supiera exactamente cómo terminaría su historia.
Rowan apareció nuevamente entre humo y polvo.
—¡AHORA!
El suelo se agrietó brutalmente bajo ellos.
Eso finalmente rompió el trance.
Kaien tiró suavemente de Magma y comenzaron a correr por el túnel principal mientras soldados aterrorizados escapaban hacia los niveles superiores del castillo.
El sonido detrás de ellos era horrible.
Hielo quebrándose.
Piedras cayendo.
Y algo arrastrándose lentamente entre las sombras.
Magma podía sentirlo.
La criatura seguía viva.
Y peor aún…
sentía que el hielo había reaccionado específicamente a ella.
Como si la hubiera reconocido.
Corrieron entre corredores oscuros iluminados apenas por fuego tembloroso. Rowan iba delante abriendo camino junto a los guardias mientras Kaien permanecía cerca de Magma en todo momento.
Demasiado cerca.
Y ella odiaba que eso la calmara.
Porque incluso ahora, con el castillo derrumbándose y criaturas antiguas despertando bajo Ignis…
el simple hecho de sentirlo cerca mantenía el fuego dentro de ella más estable.
Eso era peligrosísimo.
Llegaron finalmente a una de las salidas superiores justo cuando una explosión sacudió nuevamente las catacumbas.
La entrada colapsó detrás de ellos.
Silencio.
Respiraciones agitadas llenaron el corredor.
Los soldados parecían completamente pálidos.
Rowan apoyó ambas manos sobre las rodillas intentando recuperar el aire.
—¿Qué demonios era esa cosa?
Kaien permaneció mirando las piedras derrumbadas.
Su expresión era demasiado seria.
—Un fragmento.
Magma frunció el ceño inmediatamente.
—¿Fragmento de qué?
Kaien tardó unos segundos en responder.
Y eso solo empeoró todo.
—De Eira.
El frío recorrió el pasillo nuevamente.
Magma sintió el fuego reaccionar incómodo.
—Pensé que Eira había muerto.
Kaien levantó lentamente la mirada hacia ella.
—Murió.
El silencio pesó demasiado.
—Pero algunos poderes elementales no desaparecen completamente después de la muerte.
Las palabras golpearon directo dentro del pecho de Magma.
Porque inmediatamente pensó en Alina.
En el reflejo del salón.
En las presencias extrañas.
En la sensación constante de que las herederas seguían observando.
Rowan habló antes de que ella pudiera hacerlo.
—Entonces nos estás diciendo que hay restos de una heredera del hielo enterrados bajo el castillo.
—No solo bajo este castillo.
Kaien observó lentamente las paredes del corredor.
—Debajo de todos los antiguos reinos.
El miedo recorrió el grupo completo.
Magma tragó saliva.
—¿Por qué nadie sabe esto?
Kaien soltó una pequeña risa amarga.
—Porque los reyes enterraron todo junto con la verdad.
Eso hizo que Magma recordara algo.
La corona de su padre.
La guerra escondida.
Las mentiras.
Todo el Reino Ígneo construido sobre secretos.
El fuego comenzó a crecer lentamente alrededor de sus dedos otra vez.
Rabia.
Kaien lo notó inmediatamente.
Siempre lo notaba.
Y eso comenzaba a poner nerviosa a Magma muchísimo más de lo que quería admitir.
—Necesitas descansar.
Ella levantó rápidamente la mirada hacia él.
—No necesito—
—Magma.
La forma en que dijo su nombre le cortó la frase.
Porque no sonó como una orden.
Sonó preocupado.
Realmente preocupado.
Y eso hizo algo peligroso dentro de ella.
Rowan lo notó enseguida.
La tensión entre ambos hombres volvió a llenar el corredor.
Rowan se enderezó lentamente.
—Ella no necesita que la cuides.
Kaien sostuvo su mirada apenas un segundo.
—No estaba hablándote a ti.
El ambiente se volvió insoportablemente incómodo.
Los soldados comenzaron discretamente a alejarse.
Magma cerró los ojos apenas un momento.
Perfecto.
Ahora además del fin del mundo tenía que lidiar con ellos actuando como idiotas.
—Basta los dos.
El fuego chisporroteó alrededor de las paredes.
Ambos guardaron silencio inmediatamente.
Y eso casi fue peor.
Porque los dos la escuchaban.
Siempre.
Magma suspiró cansada.
—Necesito estar sola.
Rowan dio un paso adelante inmediatamente.
—Magma—
—Sola.
La firmeza de su voz terminó la discusión.
Kaien la observó unos segundos más.
Como si quisiera decir algo.
Pero finalmente asintió apenas.
Y eso le dolió muchísimo más de lo que debería.
⸻
Horas después, Ignis seguía despierta.
La tormenta continuaba cubriendo el reino mientras soldados patrullaban las calles destruidas y las personas permanecían encerradas en sus hogares aterrorizadas por los rumores sobre criaturas de hielo bajo la ciudad.
Magma estaba sentada sola sobre uno de los balcones más altos del castillo.
La lluvia caía suavemente alrededor.
Y por primera vez desde que despertó su fuego…
se sentía cansada de verdad.
No físicamente.
Emocionalmente.
El peso de todo comenzaba a aplastarla:
* sus padres,
* el reino,
* las mentiras,
* el hielo,
* las herederas,
* la muerte inevitable.
Y Kaien.
Especialmente Kaien.
Magma apoyó la cabeza contra la piedra fría cerrando lentamente los ojos.
Entonces escuchó pasos detrás de ella.
No necesitó girarse.
El fuego lo reconoció antes que ella.
Kaien.
Él se detuvo a cierta distancia.
Respetando el silencio.
La lluvia mojaba parcialmente su cabello oscuro mientras el océano parecía respirar suavemente alrededor de él.
Magma siguió mirando el horizonte.
—¿Vienes a decirme otra verdad horrible?
Kaien soltó apenas una pequeña exhalación que casi parecía una risa.
—Todavía tengo varias.
Eso consiguió que Magma sonriera apenas por primera vez en días.
Y ambos parecieron sorprenderse un poco por ello.
El silencio volvió.
Más suave esta vez.
Kaien caminó lentamente hasta apoyarse junto a ella en la baranda del balcón.
Ignis ardía a lo lejos bajo lluvia y cenizas.
—¿Le tenías miedo antes? —preguntó él de repente.
Magma frunció apenas el ceño.
—¿A qué?
Kaien la miró directamente.
—Al fuego.
La pregunta atravesó algo profundo dentro de ella.
Porque nadie se lo había preguntado nunca.
Todos asumían que debía amar su elemento.
Pero la verdad…
la verdad era muchísimo más fea.
Magma bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
Pequeñas brasas danzaban entre sus dedos.
—Toda mi vida esperé que despertara.
Su voz salió más baja de lo normal.
—Y ahora que finalmente lo hizo… siento que algún día va a destruirme.
El silencio entre ambos se volvió dolorosamente íntimo.
Kaien la observó sin apartar la mirada.
Y entonces dijo algo tan suave que casi se perdió bajo la lluvia:
—No dejaré que eso pase.
El corazón de Magma golpeó demasiado fuerte.
Ella levantó lentamente la mirada hacia él.
Demasiado cerca otra vez.
Demasiado consciente de sus ojos.
Del agua moviéndose lentamente alrededor de sus manos.
De cómo el frío de Kaien calmaba el incendio constante dentro de ella.
Y eso era un problema enorme.
Porque por un instante…
Magma quiso creerle.