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De Lastre A Reina

De Lastre A Reina

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsi

Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"

NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La guerra ya tiene nombre

—¿Enviaste gente a la casa de Isabella?

La voz de Facundo no fue alta, pero cayó en el salón azul con una dureza que hizo inútil cualquier intento de fingir normalidad. Sobre la mesa baja seguían extendidas las tarjetas de invitados, las muestras de mantelería y una lista escrita con la caligrafía impecable de Beatriz Varela. Todo aquello —la seda, la porcelana, el orden minucioso de una vida donde hasta los escándalos debían llevar guantes— pareció volverse ridículo frente a la simple brutalidad de la pregunta.

Beatriz fue la primera en reaccionar. Dejó la pluma sobre la carpeta y alzó el mentón con esa dignidad suya que convertía cualquier gesto en una declaración de jerarquía.

—No entres a esta casa con ese tono, Facundo —dijo—. Si Elena intentó ayudar a esa muchacha, fue porque alguien tiene que poner orden donde evidentemente no lo hay.

Algo en el rostro de Facundo se endureció todavía más. No era ira descontrolada; era peor. Era esa clase de furia fría que se afila en silencio y deja de necesitar volumen para resultar peligrosa.

—No vuelvas a hablar de Isabella ni de su hijo como si fueran un desorden que ustedes pudieran administrar —dijo, mirando primero a Beatriz y luego a Elena—. Nadie les dio derecho a usar mi nombre para entrar en su casa. Nadie.

Elena se puso de pie despacio. Llevaba un vestido color humo, sobrio, perfecto, y sin embargo había algo menos pulido en su mirada que la última vez. La herida seguía allí, aunque la disciplina la mantuviera erguida.

—No envié a nadie para humillarla —dijo—. Envié ayuda. Sí, quizá no la pidió. Sí, quizá no la quería. Pero tú estabas allí, Facundo. Tú viste el estado en que está. Agotada, sola, intentando sostener una empresa y un recién nacido al mismo tiempo. ¿De verdad esperabas que yo observara todo eso sin hacer nada?

—Hacer algo no te daba permiso para invadir —replicó él—. Lo que hiciste no fue ayuda. Fue una advertencia. Fue marcar territorio usando a un niño que no tiene nada que ver con esta historia.

Elena lo sostuvo con la mirada, y por primera vez en muchos años algo parecido al cansancio le venció el orgullo por un instante.

—¿Quieres la verdad? —preguntó, y su voz descendió hasta volverse casi íntima—. Me empujó verte cambiar cuando se trata de ella. Me empujó descubrir que llegas con otra expresión en la cara cuando vienes de esa casa. Me empujó la manera en que nombras a ese niño sin que te des cuenta de que ya lo haces como si te importara demasiado. No fue caridad, Facundo. Fue miedo.

Beatriz soltó un suspiro crispado, incómoda ante una sinceridad que no podía manejar con protocolo.

—Entonces di las cosas como son —cortó—. Esa mujer representa un problema. No pertenece a nuestro mundo, no entiende cómo funcionan ciertas estructuras y, peor aún, tiene el tipo de historia que arrastra a los hombres a decisiones impulsivas. Una madre reciente, abandonada, orgullosa… eso despierta instintos peligrosos en un hombre como tú.

Facundo dio un paso hacia la mesa y apoyó ambas manos sobre la superficie de madera lustrosa. Las tarjetas de la gala temblaron apenas bajo la presión.

—Escúchenme bien las dos —dijo—. No voy a tolerar que conviertan a Isabella en tema de salón ni a Ángel en una pieza dentro de sus cálculos familiares. Si vuelven a acercarse a ellos sin permiso, si vuelven a usar mi apellido, mi oficina o cualquiera de mis recursos para intervenir en su vida privada, no habrá cena, gala ni alianza de años que me haga mirar hacia otro lado. Esto se termina aquí.

Elena no palideció. No lloró. Solo lo miró como si acabara de escuchar, por fin, la frase que llevaba demasiado tiempo temiendo. En sus facciones hubo algo sereno y devastado a la vez, la expresión exacta de una mujer que comprende que todavía no ha perdido, pero que ya no puede fingir que sigue ocupando el mismo lugar.

—No —dijo ella al cabo de un instante—. Esto no termina aquí. Lo que termina aquí es la comodidad con la que todos fingíamos no ver lo que está pasando.

Facundo sostuvo su mirada solo un segundo más. Después se incorporó, apartó una de las invitaciones de la gala que había quedado bajo su mano y la dejó a un lado con un gesto seco, casi simbólico. No se despidió. Cuando salió del salón azul, el eco de sus pasos por el pasillo resonó como una clausura. Detrás de él quedó el perfume impecable de la casa Varela, el orden intacto de los muebles y una verdad imposible de volver a guardar en un cajón elegante.

En la casa luminosa del barrio residencial, la tarde tenía otra clase de silencio.

Después de cerrar la puerta y echar el pestillo, Isabella permaneció largos segundos con la espalda apoyada contra la madera, Ángel aferrado a su pecho y la respiración todavía demasiado alta. El bebé, sensible a la tensión que le recorría el cuerpo, se removió inquieto antes de volver a acomodarse bajo su mentón. Isabella cerró los ojos. La imagen de aquellas mujeres en el umbral seguía allí, nítida, insoportable: la sonrisa profesional, la carpeta de cuero, la palabra reorganización dicha como si su maternidad fuera un error administrativo.

Martha llegó veinte minutos más tarde. No tocó el timbre más de una vez. Entró con esa eficacia de siempre, dejó las llaves sobre la consola del recibidor y le bastó una sola mirada para entender que la casa estaba en calma solo en apariencia.

—¿Quién se murió? —preguntó Martha, más como medición del daño que como exageración.

Isabella soltó una risa breve y sin humor.

—Nadie —dijo—. Pero por un segundo sentí que podían entrar y empezar a mover la cuna, los cajones, mis horarios... como si yo fuera una incompetente con un bebé en brazos y una vida demasiado caótica para merecer respeto. Y lo peor es que no me dio miedo. Me dio furia.

Martha observó a Ángel, luego a Isabella, y asintió como quien confirma un diagnóstico que ya sospechaba.

—Bien —dijo—. La furia sirve si la usas para levantar murallas y no para incendiar tu propia casa. A partir de hoy cambian varias cosas. Nadie entra aquí sin que lo autorices tú o yo. El personal del edificio va a recibir nombres, fotos y una orden clara. Y si alguna dama perfumada vuelve a mandar emisarios, se los devuelve por donde llegaron.

Isabella bajó la vista hacia su hijo. Ángel dormía otra vez, ajeno a las guerras silenciosas que los adultos ya estaban librando alrededor de su cuna. Rozó con los nudillos la mejilla tibia del bebé y sintió que algo terminaba de asentarse dentro de ella. No podía controlar lo que Elena hiciera. Tampoco lo que Facundo eligiera enfrentar o callar al otro lado de la ciudad. Pero sí podía decidir una cosa: nadie volvería a convertir su cansancio en permiso.

—Quiero cámaras nuevas en la entrada, en el jardín y en el pasillo exterior —dijo al fin—. Quiero cambiar los accesos del edificio y que toda visita pase primero por mí. Y quiero una regla más, Martha: Facundo no vuelve a entrar en esta casa como si esto fuera una extensión de su mundo. Si quiere verme, será porque yo lo decida. No porque él aparezca después de apagar incendios que empezaron en su propio entorno.

Martha entrecerró los ojos, evaluándola con una severidad que en ella equivalía a respeto.

—Ahora sí estás pensando como una mujer que quiere sobrevivir sin arrodillarse —murmuró.

Cuando Martha fue hacia la cocina para hacer dos llamadas y reorganizar medio edificio con la misma naturalidad con la que otras mujeres acomodan flores, Isabella se quedó sola junto a la ventana del salón. Afuera, la tarde descendía sobre el barrio con una calma engañosa. Adentro, ella sostuvo a Ángel un poco más cerca y observó su reflejo en el vidrio: el cabello mal recogido, el cansancio aún prendido a los ojos, la boca firme de alguien que acaba de entender que la ternura no basta para defender un territorio. Ya no era solo una madre aprendiendo a respirar entre tomas y desvelos. Era una mujer a la que acababan de declarar la guerra en el único lugar sagrado que tenía. Y esta vez, cuando el mundo viniera a medir fuerzas contra ella, no la encontraría temblando. La encontraría lista.

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Emperatriz Reales
No entiendo nada, son unos huevos sin sal, ella no cree en nadie, el no se separa de una novia de 15 años de compromiso, viejos los dos y todavia no les llega la edad para casarse, no entiendo nada
Lilia Guerra
Facundo das penita ajena Autora he leído todas tus historias y son mis favoritas pero a esta no le encuentro ni 👣 ni cabeza 🗣️ es totalmente diferente a las anteriores 🤔🤔 gracias autora activa 👍🎁
Emperatriz Reales: No es clara lo q se trasmite, una mujer engañada, abandonada, sale adelante, hasta ahí estuvo bien, pero todo complicado, la vida sigue, 🤣 un tipo no se decide, no entiendo, arrepentido, una locura
total 1 replies
mariela
Ahora Julian después de que abandonaste a Isabella embarazada vienes a irrumpir en la vida porque no sabes que hacer con el hecho que tienes ese hijo que abandonaste junto a su madre no lo merece siendo ella no dejo ni que lo vea no tiene derecho.
mariela
Elena y Facundo esta como la canción es verdad que la costumbre es mas fuerte que el amor y todavía esta inseguro de lo que siente por Isabella y ahora que anda Julian rondando esta celoso aparte que Angel al no tener hijos se convirtió en algo importante en su vida total que por costumbre o lástima no deja a Elena.
Sandra Maritza Mesa
yo tampoco entiendo esa relación trato de verla por todos ángulos y no encuentro respuesta llevan 15 años párese unos buenos conocidos
Sandra Maritza Mesa
es enserio es idiota o se hace 🤣🤣 necesita escuchar que le digan que si desgraciado
Sandra Maritza Mesa
que señora tan atrevida pare suegra tóxica 🤣las mujeres pelean cuando siente que lo que tiene no le pertenece.
Sandra Maritza Mesa
hay ahora sí llore de tanta felicidad y esperanza 👏👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay casi lloro de la preocupación hay Facundo te vas a meter poquito a poquito 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
esa es 👏👏se que lo van a lograr
Sandra Maritza Mesa
ella era su base, quiero ver la cara de idiota,y perder una gran mujer y a su hijo 🤣👏👏
Sandra Maritza Mesa
me encanta las novelas que destruyen por dentro a alguien pero el karma es mi esperanza, que empodera y transforma, desgraciado lo veré arrastrado simplemente no la amaba porque cual era el problema de salir adelante juntos ahora le tocaba a él ayudar la a ella es un imbécil pero quiero verlo arrastrado 🤣 está buena 👏👏
Claudia Patricia Cruz Saa
Entonces sí eran pareja o no
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
Sandra Maritza Mesa: si loca 🤣 no solté la novela hasta que llegue aquí, quiero máaaaaaaaaaas está buena 👏👏
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Isela Aguirre
excelente inicio felicidades autora saludos
Lilia Guerra
listo Facundo y Elena son pareja
ósea marido y mujer
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena no sé sin novio marido y mujer, compañero de trabajo, amigos 🤔🤔
necesito claridad en esa relación
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena 🤔🤔
gracias autora activa 🎁👍
mariela
Desde su embarazo y el negocio que hicieron hay química el problema es Elena que no deja a Facundo sabiendo que el agradecimiento no es amor.
mariela
Que comodidad Julian el no sabia claro que sabias que cuando te fuiste ella te dijo que estaba embarazada pero como ella era un lastre en tu vida te hiciste la vista gorda no me importa y ahora que ves a Ángel interactuando con Facundo con familiaridad te da escozor de lo que te haz perdido nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Lilia Guerra
He leído todos los capítulos
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔
Emperatriz Reales: No hay ninguna relacion, dos tontos enamorados el con un compromiso de antaño, 15 años comprometidos y no tienen edad para casarse, angel los va alcanzar en edad, y isabela, no se sabe q sienye
total 1 replies
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